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23 abril 2014

UN RELATO ESTREMECEDOR


Este relato está transcrito y adaptado del audio de la entrevista original realizada por el autor

También iba a General Cepeda la otra sobrina, pero ella iba con el esposo y los dos niños atrás en el carro. Parece que iban a una fiesta o algo así.

Iban para General dice, platicando aquel y yo y nos encontramos a una viejita en la carretera del lado donde maneja el esposo.

De este lado (del conductor) estaba una viejita parada.
Y dice: "Mira, una viejita".

Pero al momento que íbamos llegando con la viejita, así nos aventó una muñeca. Y la muñeca quedó en el limpiabrisas.

"¿Qué pasó?"

"No, nada", dice. 

"Y le seguimos".




Y yo volteo y le digo a mi esposo: "¿Ya viste la señora, la viejita?"

Y me dice: "La vengo viendo por el espejo".

Porque la viejita venía volando así por la carretera detrás del carro.

Entonces mi sobrina dice: "no me dio miedo tío, no me dio miedo, lo que hice yo con mis hijos los agarré dice con el asiento, así los agarré". / no me dio miedo la viejita ni nada de eso. A mí me preocupaban mis hijos y yo los agarré así. Los niños tenían unos dos años, como cuatro o tres años. Yo los agarré así con la mano".

Y aquel (mi esposo) dijo: "¿Qué hacemos?" Y empezó el limpiabrisas a moverlo.


Y no se soltaba la muñeca porque taba agarradilla. "Za, za, za, za, zaz...",  hasta que soltó la muñeca. Se soltó la muñeca y ya la viejita se paró.

17 diciembre 2010

ATROPELLADA...

Se transcribe el relato tal cual se encuentra en la grabación en formato digital de MP3 con 2' 47'' de duración, grabado el 5 de junio de 2010 por la señora Refugio Covarrubias de la Cruz, en entrevista con el autor. (R: Refugio; C: Chayito; A: Autor).

R. Haz de cuenta que fue qué un un 14, 16 de de de mayo, nom nom no me acuerdo bien qué fue. Pero estos iban a deja a una amiga de mi prima. Que allá por la Narro. Iba en la camione, el carro mi primo, que mi primo le dicen el Chino, él lleva el carro, ps ya ves cómo es. “Pero estos pa’ qué se andan yendo. No, pos vamos a ir a dejar sabe qué”.

Entons, cuando ellos iban, que venía una señora, una muchacha de esas que hacen las paradas en las... y que ve este, porque maneja bien loco, y que iba bien recio. Y luego que dice mi primo: “Y, nombre te lo...” dijo: “La vida de ellos o la de nosotros ¿Me la llevé? Me la llevé, pero yo si enfreno me volteo.” Y que le da.

Dónde voltean estos a pa’ ver a la señora cuál y era la Muerte. Dice la Güera y mi familia, era hace, te estoy hablando de hace ahorita nueve años, qué pasó eso. Porque fue los Quinceaños en el cor... no, ¿cómo?

C. En el cortijo.

R. En el cortijo fueron, ¿o qué? ¿qué otro hay allá?

C. Sí, es el cortijo. inaudible... que está más pa’llá.

R. Sí. Por esa carretera pasó. Pero ellas la vieron. Y cuando voltearon, se llevaron a la señora de frente, pero era la Muerte. Cuando vu, mi prima vio, dice Güera: “Ay, nombre, yo hasta me había arrepentido, voltié y, dijo, ah le vimos la calavera. Pero clarito vimos de que era la muerte”. Y la vio, porque iban en el carro una señora que se llama Juan, muchacha Juanita, otra se llama Zenaida, mi prima, el esposa, el esposo de mi prima y todos vieron, ps si todos iban hechos, y que “son ellos o yo”. Y cuál, pos ni ellas ni yo porque era la Muerte.

Y que desde entonces les dio mucho miedo. Y ya de allá para acá ps ya venían calmaditos pero, pues ya les había pasado. Y di, y luego les da mucha risa, porque yo “si este nos ha contado, ves que nos cuenta muchas de vaqueros, no hubiéramos creído”, el primo de nosotros. Pero era la Muerte la que vieron ellos. Se sube, sale, que sale de aquí de, verdad, del de los semáforos que están aquí en Yeverino, ‘on ‘taba antes la ferretera. Que sube y baja, la Muerte.

A. ¿Y la otra esta que me dijo del...?

R. A la otra aquí del kinder, del “Tomás Sánchez”.

A. Ahá.

R. Que venían y que se atravesó la señora por la calle, una viejita, se vio una viejita. Y que mi cuñado vio y que iba a enfrenar y que dio y que: “¡Ay!” Y que voltiaron, y que una señora que traía un ramo de flores. Y le pasó el camión y ella siguió caminando con su ramo de flores. Y dicen que vino y le dejó una flor aquí a una prima de nosotros y otras que anduvo dejando en el Landín.

A. Órale...

R. Eso cuentan. Pero ps que sí lo vivió mi cuñado, venían de una fiesta, estaban chiquillos los muchachos. Y todos lo vieron, menos mi hija, Dice: “Yo no vi nada”, dice: “bueno, yo no vi nada”. Todos la vieron, mi cuñado, ah, y tía ah que se tapó los ojos mi hermana, los otros, pero mi hija no lo vio, pero ellas sí la vieron. Todos la vieron. Ella fue la única que no lo vio.

Puedes escuchar la grabación original en el podcast sobrenatoral aquí:

http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2010-12-19T15_18_15-08_00





03 diciembre 2010

LA VIAJERA DEL MÁS ALLÁ


Se transcribe el relato tal cual se encuentra en la grabación en formato digital de MP3 con 1' 56'' de duración, grabado el 25 de abril de 2010 por Francisco David Palos Pizarro y Aarón Valdés Rodríguez, en entrevista con el autor. (F: Francisco; Aa: Aarón; A: Autor).

F. Bueno, mi mamá es, era amiga, ya falleció el señor, era amiga del chofer del uno de los “Autobuses Coahuilenses” que era el “Transporte Monclova-Lamadrid”. Resulta que, al dejar a algunos pasajeros ahí en Sacramento, él nota que ya queda poca gente en el camión.

Cuando pasa el panteón de Sacramento, que es donde se dice que ahí es donde se sube la muchacha, él nota que en el asiento que está atrás del chofer va una, una mujer, siempre con la cabeza agachada. Y él se extraña de, de de por qué va una mujer ahí, si, preguntó que en qué momento se había subido y no se había, y no se había acordado.

Cuando llegan a su destino final, que era Lamadrid Coahuila, ahí bajan todos y la muchacha no se mueve. Cuando él se levanta para avisarle que ya terminó el recorrido, la muchacha se levanta, sola ella, y al bajar del autobús voltea y en lugar de tener los ojos, solamente tiene, las cavidades, o sea, eh, los pozos en lugar de... Y este este señor sí quedó bastante traumado, de hecho decían que estaba loco después. Renunció y ya nunca trabajó. Pero ya falleció el señor.

A. Lo que decías que ya no pasan, entonces...

Aa. Ah, desde entonces, el autobús, “Autobuses Coahuilenses”, han cerrado las rutas o las salidas de Lamadrid a a Monclova porque los mismos choferes han experimentado esta aparición de esta mujer. Que, ya sea si uno va para rumbo a Cuatrociénegas, ella se sube en Sacramento, a orillas del panteón, y baja en Lamadrid. Igual, cuando es el retorno, en Lamadrid sube y el destino es Sacramento. Solamente es en ese trayecto donde la gente narra.

Pero, el temor de los choferes obligó a que la empresa cerrara esta ruta, de, ya después de, de tal, después de las ocho de la noche.



El audio original puedes escucharlo aquí:
http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2010-12-23T11_17_37-08_00












03 noviembre 2009

LOS MUERTOS Y LAS CARRETERAS

En cualquier fecha vemos por algunos lugares del país ciertos monumentos a los que prestamos poca o ninguna atención porque ya forman parte integral del paisaje. Sin importar tamaño, color o estilo, son muy numerosos y en cierto modo están dedicados a la muerte como recordatorios de que siempre se halla presente y en ocasiones ronda algunos tramos de la carretera.

Cuántas veces advertimos puntos específicos donde estos altares o “tumbas” se distancian pocos metros entre sí a un lado de la cinta asfáltica para indicar que allí han perecido conductores descuidados, y en otros porque el trazo mismo del camino se torna peligroso.

Esas “tumbas”, muchas sin inscripción y todas vacías, sin duda tienen un mayor impacto que los monumentos al conductor irresponsable que la Policía Federal de Caminos acostumbra colocar estratégicamente en temporada vacacional para concientizar a los turistas.

Vale la pena notar el respeto a dichos altares, en particular cuando se expande alguna carretera para agregarle carriles, pues salvo casos muy excepcionales, rara vez son removidos de su sitio; aun en las autopistas de cuota se permite levantar tales monumentos después de un funesto accidente.

¿Alguien se ha preguntado qué sucede con esas “tumbas” durante los Días de Muertos? ¿Son visitadas por familiares y amigos para decorarlas con algu-na ofrenda? La respuesta parece sencilla, pero casi todas continúan tan solitarias como los otros 363 días del año en la categoría de “la tumba olvidada”.

Manejar por nuestras carreteras los primeros días de noviembre puede despejarnos algunas dudas. Nos percataremos que a la mayoría de esos altares les falta el alegre color dorado de los cempasúchiles o el púrpura de las patas de león. Puede ser que los familiares del “difunto” vivan a muchos kilómetros y no tengan los recursos ni el tiempo para trasladarse a ese sitio, además de que prefieren llevarle su ofrenda a la tumba del cementerio.

Sin embargo, a veces uno encuentra las agujas en el pajar y algunas de esas “tumbas sin difunto” muestran decoraciones, lo cual indica que el trágico suceso fue reciente o que los deudos viven en las cercanías y se toman el tiempo de ir al lugar de los hechos para arreglar el altar, dejarle una ofrenda y mantener el recuerdo del ser querido.

Así, confirmamos una vez más que las expresiones rituales en México son muy variadas y que la fiesta de muertos se siente por doquier, aunque en la mayoría de los casos los monumentos carreteros dedicados a la muerte parezcan olvidados.
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Mi mamá me contó que en una ocasión, durante un viaje nocturno, se veía a lo lejos una veladora encendida en una de estas cruces en la carretera, viniendo de Parras a Saltillo. Al pasar junto al cruz, no había veladora alguna...

02 noviembre 2009

EL FANTASMA DE LA CARRETERA

Ya había publicado esta historia en el metroflog:
http://www.metroflog.com/imistico/20090424/teniente_robinson_collao

Hace ya un tiempo que la carretera al pueblo de La Tirana, y particularmente la zona de Humberstone y Pozo Almonte, viene siendo escenario de extraños hechos.

Según una cantidad numerosa de personas, se puede ver con regularidad a un funcionario de Gendarmería haciendo dedo, para desaparecer apenas el vehículo en cuestión se detiene. También se ha confirmado que en varias oportunidades algunos conductores han llevado a un subteniente de la institución, que luego desaparece súbitamente del asiento.

Pero el hecho que vino a despejar las dudas de los incrédulos, y que hoy atemoriza a todos aquellas personas de la ciudad que habitualmente efectúan el trayecto mencionado, es la historia que confirma uno de los compañeros de trabajo del fallecido, el teniente de Gendarmería, Luis Ibáñez.

El funcionario cuenta que hace cuatro meses una mujer de unos veinticinco años llegó a las dependencias de Gendarmería a buscar al subteniente Robinson Collao Tapia, a quien sólo unos días atrás había subido al auto en la carretera, y con el cual habían fijado una cita para almorzar, pero la mujer exigió ver una fotografía del funcionario. Cuando comprobó que la cara de la imagen era la misma de quien había subido a su auto en el camino, la mujer entró en pánico y se quebró en el mismo lugar.

El subteniente de Gendarmería Robinson Collao Tapia, muerto el 20 de julio año 2003. En esa época contaba con sólo 23 años de edad, viajaba por la carretera A-16, a 40 kilómetros al oriente de Iquique, a eso de las nueve de la mañana rumbo a Pozo Almonte para ver a sus padres porque estaba de franco. Sin embargo, una temeraria maniobra le hizo impactar frontalmente con un bus de la empresa San Luis.

“Pensé que era una broma, pero ella creía que lo estábamos negando. Le dije el sub teniente está muerto y ella me dijo sé que llegué tarde para almorzar, pero no es para que se enoje” , cuenta.

Como la joven seguía incrédula, el teniente le contó que Collao había fallecido en un choque frontal con un bus en el camino a Pozo Almonte, a 40 kilómetros de Iquique, el 20 de julio del 2003. Hasta le mostró el diario donde salía el accidente.

“Ahí ella se quebró, lloró como 20 minutos y me dijo que el día anterior lo había llevado en el auto hasta Iquique, porque le había hecho dedo. Dijo que le había contado sobre una reciente desilusión amorosa, que él la ayudó a que no se quedara dormida y que incluso le tomó la mano. Además quedaron para almorzar ese día, pero ella se atrasó y que por eso lo vino a buscar”, agrega.

Ibáñez, incrédulo a su vez, sólo creyó la historia cuando la mujer reconoció a Collao en una fotografía grupal y le contó detalles desconocidos. “Sabía que le gustaba la música tropical y que había estado de cumpleaños poco antes”, añade aún sorprendido.

El teniente reconoce que ha escuchado historias de conductores que dicen que Collao los ha ayudado en la carretera, pero cree que el caso de la mujer es el más “sólido”.

A Baltazar, padre de Robinson, no le gusta hablar mucho del tema, pero dice que “al parecer él se aparece para ayudar a las personas que se vienen durmiendo y cosas así. Es gratificante que mi hijo, sin estar en la Tierra, siga haciendo cosas buenas”.

http://www.estrellaarica.cl/prontus4_nots/site/artic/
20090322/pags/20090322013006.html

http://3w.lun.com/modulos/catalogo/paginas/2009/03/2
3/LUCSTDI09LU2303.htm