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10 mayo 2020

LA MALDICIÓN DE TUT ANKH AMÓN



“La muerte golpeará con su tridente a aquel que turbe el reposo del faraón” rezaba la leyenda que encontró Howard Carter en la antecámara de la tumba de Tut Ankh Amón.



El 20 de marzo de 1923, Carter y George Edward Stanhope, V Conde de Carnarvon, abrieron la cámara interior y descubrieron el sarcófago del Faraón Tut Ankh Amón en el Valle de los Reyes, en Luxor, hoy denominada KV62.

Tut Ankh Amón, faraón de la dinastía XVIII y muerto a los 18 años, reinó en Egipto de 1336 a 1327 a.C. Su tumba se había librado de los saqueadores que habían vaciado el resto de las del Valle de los Reyes y el ajuar estaba compuesto por numerosas joyas, amuletos y muebles.


La maldición de Tut Ankh Amón nació pocas semanas después de que se abriera su tumba. Lord Carnarvon, que había costeado las excavaciones, murió en el hotel Continental Savoy, de El Cairo, el 5 de abril de 1923, mes y medio después de entrar en la tumba, a consecuencia de una infección provocada, al parecer, por la picadura de un mosquito. Se dice que hubo un apagón en la ciudad y que el perro del noble murió el mismo día en su casa en Inglaterra.



Los rumores sobre la maldición crecieron cuando otros trabajadores que habían participado de la excavación murieron sorpresivamente. Tales son los casos de Audrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara real y que murió en Londres, en septiembre de 1923. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, murió en El Cairo poco después. También Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tut Ankh Amón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después.

Siguieron ocho muertes más, algunas en circunstancias extrañas, accidentes e incluso suicidios. Para 1935 ya sumaban 21 y varios recopiladores de sucesos las elevaban hasta 30.

Algunos autores, entre ellos Arthur Conan Doyle, apuntaron la posibilidad de que los fallecimientos se debieran a la presencia en la tumba de un hongo mortal que afectó a los primeros en entrar en ella, pero expertos han descartado esta hipótesis alegando que la muerte se produjo meses después de haber estado expuesto a cualquier materia potencialmente dañina.


Casi cien años después del descubrimiento de la morada final de Tut Ankh Amón los ecos de su maldición siguen haciéndose oír.

Con información de:

https://latam.historyplay.tv/noticias/la-maldicion-de-tutankamon
https://www.muyhistoria.es/h-antigua/articulo/la-maldicion-de-tutankamon-121461573531
https://www.pacozea.com/howard-carter-tutankamon-y-la-muerte-del-equipo-descubridor

08 mayo 2020

EL SACERDOTE AL QUE LOS MUERTOS DETUVIERON EN EL CEMENTERIO


EXEMPLA[1]

XXXVII.  DE SACERDOTE, QUEM MORTUI IN COEMETERIO DETINUERUNT
Legitur etiam in annulo cap. CXXII. Quidam sacerdos frequenter transibat per coemiterium et nichil pro mortuis orabat. Cum autem quadam die transiret, quidam mortuus extendit manum de tumulo et rapuit eum per pedem. At ille valde timens clamavit et surrexerunt vicini et non potuerunt eum liberare.
Facto die venit episcopus cum clero et rogaverunt Dominum, ut manifestaret, quare sacerdos detineretur. Et adiurat episcopus mortuum, quare sic sacerdotem detineret.
Qui dixit voluntate divina esse gestum. Et ulterius ait: «Sacerdos iste frequenter transit super nos et nichil orat pro nobis et tota die comedit elemosynas pro nobis oblatas.»

Tunc sacerdos mandato episcopi promisit, quod de cetero non transiret per coemiterium, nisi oraret pro mortuis. Quod cum fecisset, statim liberatus.



versión al español
EJEMPLOS
Los  "exempla" o ejemplos, son relatos de corte moralizante que apelan a acontecimientos sobrenaturales, prodigiosos, y que muchas veces emplean  el recurso al horror y a provocar miedo en el oyente o en el lector para hacerle reflexionar y cambiar su conducta.



XXXVII. SOBRE EL SACERDOTE, AL QUE LOS MUERTOS DETUVIERON EN EL CEMENTERIO
También se lee en el anuario, capítulo CXXII que cierto sacerdote frecuentemente atravesaba por entre el cementerio y nunca oraba por los difuntos. Pero un día, cuando atravesaba, un muerto extendió la mano desde su tumba y lo atrapó por un pie. Mas aquel, con mucho temor gritó y los vecinos se levantaron y no pudieron liberarlo.
Al hacerse de día llegó el obispo con el clero y rogaron al Señor, para que manifestara, por qué razón el sacerdote había sido detenido. Y conjura el obispo al muerto, cuál era la razón para que detuviese al sacerdote.
Aquel dijo actuar por voluntad divina. Y después declaró: «Este sacerdote frecuentemente nos pasa por encima, y nunca ora por nosotros, y durante todo el día dilapida las limosnas ofrecidas en favor nuestro

Entonces el sacerdote, prometió, por orden del obispo, que en adelante no atravesaría por entre el cementerio, a no ser que orase por los muertos. Habiéndolo hecho, al punto fue liberado. 




[1] KLAPPER, Joseph (1911): Exempla aus Handschriften des Mittelalters, Heidelberg: Carl Winter's Universitätsbuchhandlung, p. 32.


13 junio 2017

LA RECONCILIACIÓN. Lafcadio Hearn y Yakumo Koizumi


Cierto samurai joven de Kioto, reducido a la miseria por la caída de su señor, se vio obligado a abandonar su casa y entrar al servicio del gobernador de una provincia distante. Antes de marcharse de la capital, se divorció de su esposa, una mujer buena y hermosa, convencido de que podría mejorar su situación con otra alianza. Entonces se casó con la hija de una familia distinguida, que le acompañó a su nuevo destino.


Pero en la inconsciencia de la juventud y la grave necesidad, el samurai no pudo comprender el valor del afecto que descartó tan a la ligera. Su segundo matrimonio no fue feliz; el carácter de su nueva esposa era cruel y egoísta, y pronto encontró toda clase de motivos para pensar con nostalgia en su pasada vida en Kioto. Entonces se dio cuenta de que todavía amaba a su primera mujer, mucho más de lo que nunca podría querer a la segunda, y comenzó a reconocer lo injusto y desagradecido que había sido.

Poco a poco este sentimiento se transformó en un arrepentimiento que le robó la paz de espíritu. Le perseguían sin cesar los recuerdos de la esposa traicionada, su dulce forma de hablar, sus sonrisas, su delicadeza, su firme paciencia. A veces la veía en sueños ante el telar, como cuando tejía día y noche para ayudarle en sus años de pobreza, otras más sola, sentada en el suelo de la pequeña y humilde habitación donde la dejó escondiendo sus lágrimas con la manga de su raído kimono. Incluso pensaba en ella durante el trabajo; entonces se preguntaba cómo vivía, qué hacía. Algo en el corazón le decía que ella no aceptaría otro esposo y que nunca le perdonaría. Y decidió en secreto irla a buscar tan pronto como pudiera regresar a Kioto, pedirle disculpas, volver a vivir con ella y hacer todo lo que estuviese en su mano en para compensarla por lo acontecido. Y así pasaron varios años. Por fin acabó el mando del gobernador y el samurai quedó libre.

- Ahora volveré con mi amada- se prometió- ¡Ah, qué crueldad, qué absurdo haberme divorciado de ella!
Y así devolvió su segunda esposa, que no le había dado hijos, a su familia y se apresuró hacia Kioto para buscar a su antigua compañera, a cuya casa se encaminó sin siquera cambiar su indumentaria de viaje.
Cuando llegó a la calle donde ella vivía, ya era tarde por la noche, la décima noche del noveno mes, y la ciudad estaba tan silenciosa como un cementerio. Pero la luna clara iluminaba suficiente, de modo que encontró la casa sin dificultad. Tenía un aspecto del mayor abandono y las hierbas crecían en el tejado. Llamó a una puerta corrediza y nadie respondió. Como no estaba cerrada por dentro, abrió y entró. La primera habitación estaba vacía y ni siquiera tenía esteras de paja, y las otras tenían el mismo aspecto lastimoso. Daba la impresión de que la casa estaba desocupada.
Sin embargo, el samurai decidió echar una mirada a la pequeña habitación del fondo, la favorita de su esposa, que gustaba de descansar allí.
Acercándose a las puertas corredizas cerradas, se sorprendió mucho de ver un resplandor. Deslizó la puerta y lanzó un grito de júbilo al verla cosiendo a la luz de una linterna de papel. Sus ojos se encontraron y ella le saludó con una sonrisa.
- ¿Cuándo regresaste a Kioto? ¿Cómo me encontraste entre tantas habitaciones oscuras?
Los años no la habían cambiado. Al samurai le pareció tan joven y linda como en sus recuerdos más queridos, aunque se le hizo mucho más entrañable aún su dulce voz, temblorosa por la feliz sorpresa.
Se sentó a su lado muy contento y le dijo muchas cosas: cómo se arrepintió de su egoísmo, cuánto la echó de menos, la constante pena que sentía por ella y sus prolongadas esperanzas de resarcirla por todo, mientras la acariciaba y le pedía perdón una y otra vez. Ella le repuso con gran ternura, que le salía del alma, que cesara de reprocharse. No era justo que hubiera sufrido tanto por ella, ya que siempre se consideró indigna de ser su esposa. Por supuesto, sabía que la pobreza le había obligado a la separación, ya que mientras vivieron juntos él siempre fue muy bondadoso. Nunca había dejado de rezar por su felicidad. Pero, si hubiese algún motivo de enmienda, ya habría desaparecido de más con su honorable visita. ¿Qué mayor dicha había que verle, aunque fuera sólo un instante?
- ¿Sólo un instante?- preguntó con una risa alegre- Mejor di para las próximas siete existencias. Amada mía, excepto si tú te opones, estoy dispuesto a regresar para vivir contigo para siempre. Nada nos podrá separar de nuevo. Ahora tengo medios y amigos, no precisamos temer a la pobreza. Mañana traeré mis pertenencias y mis criados te servirán. ¡Verás qué preciosa arreglaremos la casa! Esta noche- explicó en tono de disculpa- llegué tan tarde, incluso sin cambiarme de ropa, porque no podía esperar a verte y decirte todo esto.
Ella pareció muy feliz con estas palabras y a su vez le contó todo lo acontecido en Kioto desde que él se marchara; excepto sus propias penurias, sobre las que se negó a hablar con delicadeza. Conversaron hasta muy tarde. Después la mujer le condujo a una habitación más caliente, orientada al sur, en la que habían pasado su noche de bodas.
- ¿No tienes a nadie que te ayude en casa?- preguntó el samurai cuando ella empezó a preparar el lecho.
- No, no me podía permitir tener una sirvienta, de modo que he vivido sola- repuso, riéndose alegremente.
- Desde mañana tendrás muchos sirvientes- dijo- Buenos sirvientes y todo lo que desees.
Se acostaron para descansar, pero no durmieron porque tenían demasiadas cosas que contarse; y hablaron del pasado, el presente y el futuro, hasta que comenzó a amanecer. Entonces al samurai se le cerraron los ojos y quedó profundamente dormido.
Cuando despertó la luz entraba por las grietas de los postigos y, ante su tremenda sorpresa, se encontró acostado sobre las tablas desnudas de un suelo mohoso...¿Había sido todo sólo un sueño? No, ella estaba allí, durmiendo...Se inclinó para mirarla y soltó un grito: la mujer no tenía rostro. Junto a él, envuelto en una mortaja, yacía su cadáver, tan deteriorado que no quedaba más que los huesos y el largo cabello enmarañado.

Presa de horribles estremecimientos y malestar se levantó bajo los rayos del sol, y poco a poco, el horror gélido dio lugar a una desesperación tan intolerable, un dolor tan atroz, que se aferró a la sombra irónica de la duda. Simulando no estar al corriente de nada, se aventuró por el vecindario para averiguar el camino a la casa donde vivió su esposa.

- No hay nadie en aquella casa- le repuso alguien- Pertenecía a la esposa de un samurai que dejó la ciudad varios años atrás. Antes de marcharse se divorció de ella para casarse con otra mujer, y sufrió tanto y cayó enferma. No tenía parientes en Kioto ni nadie que la cuidara, y murió en otoño de ese mismo año. El décimo día del noveno mes...




FUENTEs:
KOIZUMI, Yakumo y HEARN, Lafcadio (1996): Historias Misteriosas, [trad. Montse Watkins]. Kanagawa: Luna Books.
















Imágenes tomadas de la película: Kwaidan (1965). Dirección:  Masaki Kobayashi.





25 octubre 2015

SAMHAIN



Samhain es la festividad celta en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre se celebraba el final de la temporada de cosechas y era considerada como el Año Nuevo, que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición del otoño al invierno (el paso de un año a otro) como de apertura al otro mundo.

En esta noche, las ánimas de los fallecidos tendrían autorización para caminar entre los vivos; volvían a visitar sus familias y sus viejas casas para calentarse a un lado del fuego y comer de los alimentos que con cariño les tienen preparados los parientes para mantenerlos. Y para alejar a los malos espíritus de los hogares, dejaban comida fuera.





El Papa Bonifacio IV, en 615, transformó el pantheón  de Agripa en el templo cristiano de  Todos los Santos para celebrar el 13 de mayo a  la Virgen María y todos los mártires, que los habían precedido en la fe.






Gregorio III en 741 traslada la fiesta de mayo al al 1 de noviembre, intentando cristianizar la tradición del samhain celta. Y  Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.
Como fiesta mayor, ésta también tuvo su celebración vespertina en la vigilia para preparar la fiesta.

Esta vigilia vespertina del día anterior a la fiesta de Todos los Santos, dentro de la cultura inglesa se tradujo al inglés como “All Hallow's Eve” Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando hasta llegar a la de Halloween.

El cristianismo acabó adoptando esta fiesta celtas, designando el primero de noviembre como día de Todos los Santos, y en el siglo XII, al día siguiente como día de Difuntos.


Los celtas ponían velas rudimentarias en el interior de las calaveras de los enemigos muertos, colocándolas en los cruces de caminos, a las afueras y en las murallas de sus castros, con el objeto de horrorizar los enemigos, para asombro y veneración de sus gentes y para conjurar los peligros de la celebración.
La noche de Samhain se practicaban ritos adivinatorios que hacían referencia a la previsión del tiempo, a los matrimonios y a la fortuna del año que entraba.


Por ejemplo al pelar una manzana se podía hacer una adivinación sobre la duración de la vida: cuanto más largo era el trozo de piel que se conseguía cortar sin romper más larga seria la vida de quien la pelaba. Las abuelas cuentan que cuando eran jóvenes, las muchachas del pueblo grababan en las avellanas el nombre de los hombres que todavía eran solteros y luego las tiraban al fuego; la avellana que saltaba fuera de las llamas indicaba a cada muchacha cual iba a ser su futuro esposo.


En Escocia, durante la noche de Samhain, las personas enterraban algunas piedras en la tierra, luego las cubrían con las cenizas de la chimenea y a la mañana siguiente iban a examinarlas: si una piedra se había movido, significaba que la persona que la había enterrado moriría antes de que acabara el año.

Durante un tiempo, también en Escocia, se solía colgar, en señal de bienvenida, quinqués fuera de la casa para indicar el camino a los espíritus, y se dejaban las mesas preparadas para que pudieran comer algo.





En Irlanda, es típico que todas las familias prepararan el denominado "colcannon", plato tradicional de la fiesta, el nombre deriva del irlandés y significa "col manchada": es una receta hecha con puré de papa, col triturada y cebolla, servido caliente y con mucha mantequilla. Solía esconderse en su interior una moneda, y el afortunado que la encontraba tenía el privilegio de podérsela quedar.



Como todas las fiestas céltas, también el Samhain dependía del calendario agrícola. Para los meses de noviembre, el ganado que había permanecido todo el año en el pasto, tenía que ser reconducido a los establos, entonces se escogían las cabezas más fuertes y mejores, que iban a poder soportar el invierno, y las demás se mataban, puesto que si el año había sido bueno y habían nacido muchas reses, el forraje almacenado no sería suficiente para alimentar todo el ganado.

Parte de la carne era desecada y conservada, mientras que las partes que se deterioraban con mayor velocidad eran cocinadas al momento. Los clanes reunían a sus miembros y organizaban grandes banquetes a los que todo el mundo estaba invitado, incluso los pobres, que en épocas de festividades podían comer hasta saciarse. También las recolecciones se hacían antes de Samhain, sobre todo las avellanas y la miel.




Una de las principales características de Samhain era el encendido de la hoguera. La noche anterior se apagaban todos los fuegos de las casas y la población de los pueblos se reunían en torno a una pira que después era encendida por los druidas al alba. Entonces, todo el mundo encendía una antorcha con el fuego de la hoguera sagrada y volvía a casa para volver a encender el propio hogar.




03 febrero 2013

LOS MALVADOS FANTASMAS DE M. R. JAMES




Montague Rhodes James es para mí, el mejor escritor de cuentos de fantasmas que haya leído. Esta entrada va como homenaje a este genial escritor inglés, que me ha permitido disfrutar el género de terror como ninguno.

Buscando información al respecto me encontré con un buen artículo sobre él, que se reproduce a continuación. Al final, está la referencia completa.

M. R. James está considerado como "El Gran Maestro del Cuento de Fantasmas", honor ganado a pulso con cada uno de sus magníficos relatos, ideados para amenizar más de una Navidad, en compañía de sus allegados.

Es uno de los grandes de la literatura de terror. Sus fantasmas no son los clásicos espectros victorianos; arrastrándose por pasillos sórdidos y húmedos al ritmo del tintineo incesante de las cadenas. Sus fantasmas son seres que no provocan compasión; en su mayoría engendros sin forma definida, abominables y sádicos.

James vio la luz en el año 1862, en la rectoría de Goodnestone, Kent. Ya a una temprana edad, en la que otros niños se contentaban con dedicar sus horas a cualquier simple juego, el joven James desarrolló ya su nunca olvidada pasión por los libros antiguos.

M. R. James como persona se puede decir que está a años luz de las torturadas figuras de antecesores suyos en el arte de asustar como Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant o Joseph Sheridan LeFanu.


El trasfondo de sus obras poco tiene que ver con los oníricos mundos que poblaban las mentes de estos autores. Su personalidad destacaba por su lucidez y equilibrio, amén de su escepticismo, tiznado con un agudo sentido del humor, en lo tocante al mundo de los espíritus y los fenómenos paranormales tan en boga durante finales del siglo XIX y principios del XX.

Podríamos decir que su vida transcurrió en una continua investigación del pasado, entre viejos manuscritos, clases y reuniones docentes, visitas a antiguas ruinas, bibliotecas polvorientas, iglesias dejadas de la mano de Dios. Ésa fue su vida, ya que nunca contrajo matrimonio, ni tuvo hijos. La universidad, Eton, y los libros constituyeron el entramado de su existencia.

Fue un medievalista de prestigio contrastado, lingüista y un estudioso bíblico. Entre sus intereses y aficiones cabe mencionar desde la arqueología, hasta la paleografía; de la filología al arte eclesiástico; de las antigüedades a los estudios históricos y bibliográficos, revisando a menudo ejemplares para las sociedades bibliográficas e históricas especializadas. Sin olvidarnos de la traducción, el ensayo, o la disertación académica. M.R. James murió en Eton en 1936.

No deja de ser una ironía que James logre la celebridad con sus cuentos, quedando el resto de su obra condenada al ostracismo, pues sus historias de fantasmas no fueron para él más que un pasatiempo. Escribía estos cuentos por puro entretenimiento, para distraerse de sus tareas docentes y de sus largas y pesadas investigaciones en los muchos campos que trataba.

Era un admirador reconocido del escritor irlandés Joseph Sheridan LeFanu, siendo ésta quizás la influencia más representativa en sus obras. Precisamente a James se debe la resurrección literaria de LeFanu cuando éste comenzaba a ser olvidado por el público. En 1923 publicó una antología con los mejores cuentos del autor irlandés titulada Madam Crowl's Ghost. Si para muchos James es el mejor escritor de cuentos de fantasmas, él reconocía con tal calificativo a LeFanu.

Sin romper por completo con las formas que habían distinguido al relato de fantasmas hasta entonces, uno de los grandes méritos de M.R. James se basa en la creación de un fantasma desconocido en la época en que vivió. En este detalle radica la diferencia primordial con todo lo escrito durante el romanticismo, dominante hasta entonces. James se distancia del fantasma victoriano, característicamente lívido, estático y digno de compasión por su desdichada fortuna. Todo lo contrario, las apariciones espectrales de James son manifestaciones abominables, criaturas cuya procedencia no puede ser sino el infierno. Tales apariciones son extravagantes, e incluso ridículas sin llegar a caer en la comicidad. Sus seres inefables son cuasi monstruos que llegan a helarnos el alma. En palabras de Lovecraft: "El espectro habitual de M.R. James es delgado, enano y peludo: una abominación perezosa e informal de la noche, a medio camino entre la bestia y el hombre... este espectro tiene una constitución de lo más excéntrica: es un rollo de franela con ojos de araña, o una entidad invisible modelada con las ropas de una cama cuyo rostro lo forma una sábana arrugada".

De igual modo, encontramos también en todos sus relatos, rebosantes de un sano humor socarrón, un atisbo de aclaración racional para los misterios que se nos muestran, detalle también desconocido en la literatura del género hasta la fecha. Aunque, en sus propias palabras "este resquicio debe ser tan estrecho que apenas sea practicable", para que así el relato no pierda fuerza ni quede reducido a una mera sugestión enfermiza de sus protagonistas en un momento dado de la trama.

Ilustración de Manuel Mota.
La escritura de cuentos de fantasmas puede considerarse un arte, y el propio James llegó a citar las características de semejante oficio: "Dos ingredientes de la máxima importancia para guisar un buen cuento de fantasmas son, a mi juicio, la atmósfera y un crescendo hábilmente logrado", a lo que no debemos olvidar añadir "cierto grado de realismo".

Si bien en lo primero no llega al refinamiento de ilustres antecesores como Arthur Machen, con su peculiar estilo de atmósfera envolvente y opresiva, o contemporáneos como Lovecraft, respecto al adecuado desarrollo de la historia se muestra como un maestro consagrado. Ese crescendo que nos conduce al desenlace final entre el engendro y el atribulado protagonista logra mantenernos en una atenta tensión hasta el clímax final.

Siguiendo con sus palabras, analicemos el sentido del indispensable realismo, "Seánnos, pues, presentados los personajes con suma placidez; contemplémoslos mientras se dedican a sus quehaceres cotidianos, ajenos a todo mal presentimiento y en plena armonía con el mundo que les rodea".

Ahí radica otra de sus características innovadoras, conduce al lector por un mundo que ya conoce, que vive día a día en su propio "marco familiar". Sus personajes hablan, viven, se mueven, como sus potenciales lectores de principios del siglo XX. Recordemos que hasta la irrupción de James en la literatura, los fantasmas habían sido seres amarrados a sus herrumbrosas cadenas, arrastrándose amargados por castillos medievales, algo muy alejado de la sociedad burguesa de la época.

Ilustración de Manuel Mota
Uno de los recursos de James para introducirnos en esta familiaridad cotidiana es su relajado humor, frecuentemente mostrado de forma coloquial entre sus personajes. Un típico humor británico, que nos hace sentirnos aún más sosegados y confiados en ese ambiente seguro y reconocible. Un humor que casi sin enterarnos da paso al espanto, haciendo añicos la invulnerable realidad en la que nos creíamos sumergidos.

"En esta atmósfera tranquilizadora, hagamos que el elemento siniestro asome una oreja, al principio de modo discreto, luego con mayor insistencia, hasta que por fin se haga dueño de la escena". Esta técnica de no revelar nunca por completo al fantasma, dejando a la imaginación del lector la recreación de lo vagamente sugerido, se ve ya claramente en LeFanu, aunque James la forja impecablemente superando a su maestro en el firme propósito de inquietar.

Podríamos añadir que buena parte del terror en los cuentos de James reside en lo que se menciona como de pasada, en detalles aparentemente carentes de importancia y que cobran todo su significado en el desenlace final.

Otros rasgos inequívocos de la obra de James los menciona Howard Phillips Lovecraft en su excelente ensayo Supernatural Horror in Literature, atribuyéndolos a palabras del propio James: "Sus fenómenos espectrales deben ser malévolos más que beneficiosos, ya que la emoción que hay que suscitar ante todo es el miedo"; adiós, pues, a fantasmas dignos de compasión: "... debe evitarse escrupulosamente la jerga técnica del ocultismo o pseudociencia, con objeto de que la verosimilitud casual no se vea ahogada por una pedantería nada convincente".

Mencionemos también otra característica que ni el propio James hubiera podido evitar de haberlo querido, el antecedente histórico que provoca las espectrales apariciones. Este precursor del horror, obligatorio en todas sus historias, le permite hacer gala de sus excelsos conocimientos en las diversas materias que marcaron su vida. Incluso podríamos decir que sus protagonistas no dejan de ser sino clones del propio James: hombres apacibles, comedidos, íntegros, sin sospechosos antecedentes relacionados con sucesos paranormales.

Sus relatos, sin profundizar demasiado en la caracterización psicológica de los personajes, nos seducen con una minuciosa recreación documental de los ambientes en que se desarrollan. Para recrear este ambiente erudito James echó mano de un truco muy utilizado después por otros autores inventándose libros, manuscritos o citas en latín que dieran mayor calado a los sucesos que se narraban en sus cuentos.

El encanto de los temblores que provocan sus cuentos de fantasmas sigue vigente hoy en día pese a los numerosos giros y mutaciones que ha sufrido el género de terror. Más de uno quizás piense que en la era de la informática, relatos escritos a principios del pasado ya siglo XX han perdido toda capacidad de asustar...

Los cuentos de fantasmas de M.R. James son 31 publicados en diferentes libros:


Historias de fantasmas de un anticuario. Esta obra fue publicada en 1904.


Más historias de fantasmas de un anticuario. Este segundo libro apareció en 1911.


Un fantasma inconsistente y otros. La publicación de este volumen data de 1919.


Cuentos de fantasmas es el cuarto libro publicado en 1925.


Cuentos de fantasmas de M. R. James, publicado en 1931 es su último libro. Se trata de una recopilación de todos sus relatos antes citados con la inclusión de cinco más, aparecidos en diversas publicaciones.



En 1922 se publicó una novela corta de fantasía sobrenatural para niños titulada Los cinco frascos.


Puedes leer muchas de sus obras aquí:

http://elespejogotico.blogspot.mx/2009/02/mr-james-relatos.html



Texto tomado de: M. R. James, hacedor de fantasmas, en: pasadizo.com.
(http://www.pasadizo.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1439).