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12 abril 2017

A VECES REGRESAN


HORA MARCADA es un clásico de la televisión mexicana de finales de los ochenta (1988-1990) que marcó un hito en cuanto a producciones y que fue semillero de talentos ahora mundialmente famosos como Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón.

Hora Marcada fue exitosa en parte debido a sus imaginativos argumentos. A veces adaptaciones de clásicos de la literatura, de leyendas urbanas, y hasta de cintas norteamericanas, y otras tantas eran sólo historias originales que iban de la fantasía, al drama, la ciencia ficción, lo terrorífico y hasta lo cómico, pero siempre manteniendo una misma línea narrativa en la que la famosa Mujer de Negro, metáfora de la muerte, era imprescindible.
La Hora Marcada fue un parteaguas televisivo para ese tiempo a pesar de lo rústicas que fueron algunas de sus producciones y marcó, valga la redundancia, al público sin distinción.
Uno de los capítulos que me parecen de los mejor logrados, con esa mezcla de humor negro y terror, fue "A veces regresan" (1989), con libreto y dirección de Alfonso Cuarón y fotografía de Alejandro Marcovich. Este episodio, basado en la novela de Stephen King Sometimes they come back, fue protagonizado por Eduardo Palomo, como Eddie, un desquiciado infanticida que usa spikes de charol; Diego Jáuregui como el Veopuntos y Alejandro Reyes como el Virus, los dos locos cómplices de Eddie, con quienes conforma un trío verdaderamente perturbador.


Aparecen también un joven Miguel Ángel Ferriz, ya fallecido igual que Palomo, y un José María Torre de 12 años y Frances Ondiviela como la Mujer de Negro.
Aquí les dejo los enlaces de youtube para que lo vean y lo disfruten y, por qué no, sientan un poco de escalofrío...


Primera Parte:
Segunda parte:

16 noviembre 2015

UN RELATO SOBRE LIBROS




Los libros, todo un mundo por descubrir en cada una de sus páginas. Son esos acompañantes incondicionales, interesantes, que siempre están aguardando con sus secretos para nosotros.

Sin embargo, parece que hay algo oculto y desconocido en ellos. ¿Te atreverías a descubrir qué es?

No te pierdas este escalofriante relato sobre libros, original de Miguel Salas.

Presentado originalmente el 24 de octubre de 2015 en el programa La escóbula de la brújula.

Escúchalo en el siguiente enlace:

http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2015-11-16T16_05_56-08_00

21 febrero 2013

LA BALADA DE LOS TRES ALPINOS




Tendría unos 5 o 6 años cuando escuché por primera vez esta cancioncilla, que nos enseñaron en la escuela. Hace poco me acordaba de la tonada y recordé que había algo en ella que me daba tristeza.

Me puse a indagar la canción y me vine a encontrar varias versiones de la misma, con pequeñas variantes, pero que todas coinciden en narrar una tragedia.

La letra que les comparto a continuación la elegí por contener, además de la tragedia, un elemento por demás macabro.

Aquí la tienen.

Eran tres alpinos que venían de la guerra (bis),
ría, ría, rataplán,
que venían de la guerra.

El más pequeño traía un ramo de flores (bis),
ría, ría, rataplán,
traía un ramo de flores.

Y la princesa estaba en la ventana (bis),
ría, ría, rataplán,
estaba en la ventana.

Pequeño alpino regálame esas flores (bis),
ría, ría, rataplán,
regálame esas flores.



Te las daré si te casas conmigo, (bis),
ría, ría, rataplán,
si te casas conmigo.

Para casarme has de hablar con mi padre (bis),
ría, ría, rataplán,
has de hablar con mi padre.

Señor rey, quiero casarme con su hija (bis),
ría, ría, rataplán,
quiero casarme con su hija.

Largo de aquí o te mando fusilar (bis),
ría, ría, rataplán,
o te mando fusilar.

Yo no me voy si no es con la princesa (bis),
ría, ría, rataplán,
si no es con la princesa.

Al día siguiente moría fusilado (bis),
ría, ría, rataplán,
moría fusilado.

Y la princesa también murió de pena (bis),
ría, ría, rataplán,
también murió de pena.

Y el señor rey se fue a morir a China (bis),
ría, ría, rataplán,
se fue a morir a China.

Después de algún tiempo resucitaron todos (bis),
ría, ría, rataplán,
resucitaron todos.

La hija del rey se casó con el alpino (bis),
ría, ría, rataplán,
se casó con el alpino.

Esta es la historia de tres alpinos (bis),
ría ría rataplán,
que venían de la guerra.



Pueden escuchar la letra y su tonadita aquí:

15 junio 2012

ESQUELETO DE VAMPIRO EN BULGARIA




La verdad sobre los vampiros está lejos de su leyenda romántica. Así ha quedado patente en Bulgaria, dónde el hallazgo de la tumba de un supuesto "bebedor de sangre" ha revelado su vinculación con algunas costumbres paganas precristianas de los Balcanes.

El descubrimiento, realizado el domingo 10 de junio de 2012, cerca de un monasterio medieval en la pequeña ciudad de Sozopol, a orillas del Mar Negro, muestra a un hombre que había sido enterrado con un hierro clavado en el corazón, explicó el director del Museo Nacional de Historia, Bozhidar Dimitrov.

El supuesto vampiro, o mejor dicho, un esqueleto de hombre que en vida medía unos 175 centímetros, pero cuya identidad y edad todavía se desconocen, fue enterrado en una casa con un trozo de hierro de un arado clavado en el corazón y se halla a partir de hoy en el Museo Nacional de Historia en Sofía.

El personaje, que data del siglo XIV, es una muestra de la costumbre pagana consistente en atravesar el corazón de fallecidos con una hoja metálica para que no resucitaran de entre los muertos.

Así lo explicó a la prensa el director del museo, Bozhidar Dimitrov, al presentar el hallazgo, tras datar el origen de la creencia en los vampiros en la Edad Media o incluso más temprano, en la época precristiana o primeros siglos de los conversos cristianos en el reino búlgaro.

"Los vampiros son parte de la mitología búlgara y la creencia en ellos data de la época precristiana, pero el cristianismo los rechazó", explicó Dimitrov, un conocido historiador búlgaro.

Según el científico, la creencia popular en aquella época consistía en que al morir una persona su alma iba al reino celestial, donde recibía el reposo eterno, aunque esta prerrogativa solo valía para las almas de los justos y sin pecados, y que habían respetado las entonces normas morales.

Por el contrario, las almas de los malvados se quedaban en sus cuerpos y muchas veces salían de la tierra para beber sangre, primero de animales y posteriormente de seres humanos, según la leyenda.

Por ello, para prevenir que el difunto se convirtiera en un vampiro, en la noche inmediatamente después del entierro, y siempre antes de medianoche, un grupo de valientes exhumaba el cadáver y le clavaba un hierro o un palo de madera en el pecho.

"Los más ricos usaban hierro y los pobres clavaban madera", aseguró Dimitrov, tras añadir que así se creía que el peso del material presionaría al muerto y no le permitiría levantarse.

Apuntó también que el esqueleto en cuestión ha sido encontrado detrás de una iglesia medieval, un lugar reservado especialmente para enterrar a personas importantes y de alto rango social, como alcaldes, recaudadores de impuestos, consejeros municipal o sacerdotes.
"Pero podría ser también un pirata marítimo que actuaba en esta región en aquella época. Era conocido como Krivich, o el Curvo en búlgaro", supuso Dimitrov.

Y recordó que poco después del primer hallazgo, se encontró una segunda tumba un cadáver también atravesado por un hierro, del que se sospecha que, por la constitución de los huesos y la cercanía a la primera tumba (tan solo 50 centímetros), podría ser su esposa. "Lamentablemente, los huesos de la supuesta esposa están en muy mal estado y no se pueden trasladar. ", señaló Dimitrov.

"Uno de los empleados no paraba de santiguarse al lavar los huesos", anotó.

El arqueólogo al origen del descubrimiento, Dimitar Nedev, estimó que este esqueleto y otro más endeble, al lado, "serían intelectuales del siglo XIV adelantados respecto a las ideas de su época". "Eran temidos y por lo tanto enterrados más allá del recinto" de la ciudad.

Los rituales para impedir que las personas se conviertan en vampiros después de su muerte existen en todas partes en Bulgaria, todavía hoy en día, explica el profesor de etnología Ratchko Popov.

El vampiro es imaginado como un ser feo --tuerto, con joroba o cojo-- o demasiado viejo, que se alimenta con sangre de ganado, pero que también puede atacar a los seres humanos. Como el vampiro en principio teme el agua, pueblos enteros de la región de Strandja se mudaron al otro lado de un río para huir, recuerda.

"Tras la muerte de mi marido, en 2008, hemos efectuado un rito: con un huso de madera, hemos agujereado la tierra de su tumba para que se quede", indica Zara Dimitrova, una institutriz jubilada del pueblo Novo Selo.

"Mi tía ató los pies de mi tío fallecido con los cordones de sus zapatos para impedir que vuelva como vampiro", declara Valia Ivanova, una intérprete de Sofia.

El tratamiento contra el vampirismo engloba diversas prácticas. En el caso del esqueleto de Sozopol se le atravesó el corazón con una reja de arado.

En la ciudad antigua de Deultum, cerca de Sozopol, se descubrieron en 2004 en una tumba tracia seis esqueletos de los siglos IV o V con los brazos y las piernas enclavados y enterrados profundamente. Estos esqueletos, rodeados por piedras talladas, otra medida contra la resurrección en vampiro, son los más antiguos que testifican de esta práctica en el territorio búlgaro, según el arqueólogo Petar Balabanov.

El 12 de junio, el arqueólogo Nikolai Ovtcharov anunció el descubrimiento en un monasterio en Valiko Tarnovo de un esqueleto, que todavía no ha sido fechado, atado al suelo con grapas de hierro, tres en las piernas y una del lado izquierdo del tórax. También estaba cubierto con carbón quemado.



Tomado de:
Agencia EFE y AFP.

17 diciembre 2010

ATROPELLADA...

Se transcribe el relato tal cual se encuentra en la grabación en formato digital de MP3 con 2' 47'' de duración, grabado el 5 de junio de 2010 por la señora Refugio Covarrubias de la Cruz, en entrevista con el autor. (R: Refugio; C: Chayito; A: Autor).

R. Haz de cuenta que fue qué un un 14, 16 de de de mayo, nom nom no me acuerdo bien qué fue. Pero estos iban a deja a una amiga de mi prima. Que allá por la Narro. Iba en la camione, el carro mi primo, que mi primo le dicen el Chino, él lleva el carro, ps ya ves cómo es. “Pero estos pa’ qué se andan yendo. No, pos vamos a ir a dejar sabe qué”.

Entons, cuando ellos iban, que venía una señora, una muchacha de esas que hacen las paradas en las... y que ve este, porque maneja bien loco, y que iba bien recio. Y luego que dice mi primo: “Y, nombre te lo...” dijo: “La vida de ellos o la de nosotros ¿Me la llevé? Me la llevé, pero yo si enfreno me volteo.” Y que le da.

Dónde voltean estos a pa’ ver a la señora cuál y era la Muerte. Dice la Güera y mi familia, era hace, te estoy hablando de hace ahorita nueve años, qué pasó eso. Porque fue los Quinceaños en el cor... no, ¿cómo?

C. En el cortijo.

R. En el cortijo fueron, ¿o qué? ¿qué otro hay allá?

C. Sí, es el cortijo. inaudible... que está más pa’llá.

R. Sí. Por esa carretera pasó. Pero ellas la vieron. Y cuando voltearon, se llevaron a la señora de frente, pero era la Muerte. Cuando vu, mi prima vio, dice Güera: “Ay, nombre, yo hasta me había arrepentido, voltié y, dijo, ah le vimos la calavera. Pero clarito vimos de que era la muerte”. Y la vio, porque iban en el carro una señora que se llama Juan, muchacha Juanita, otra se llama Zenaida, mi prima, el esposa, el esposo de mi prima y todos vieron, ps si todos iban hechos, y que “son ellos o yo”. Y cuál, pos ni ellas ni yo porque era la Muerte.

Y que desde entonces les dio mucho miedo. Y ya de allá para acá ps ya venían calmaditos pero, pues ya les había pasado. Y di, y luego les da mucha risa, porque yo “si este nos ha contado, ves que nos cuenta muchas de vaqueros, no hubiéramos creído”, el primo de nosotros. Pero era la Muerte la que vieron ellos. Se sube, sale, que sale de aquí de, verdad, del de los semáforos que están aquí en Yeverino, ‘on ‘taba antes la ferretera. Que sube y baja, la Muerte.

A. ¿Y la otra esta que me dijo del...?

R. A la otra aquí del kinder, del “Tomás Sánchez”.

A. Ahá.

R. Que venían y que se atravesó la señora por la calle, una viejita, se vio una viejita. Y que mi cuñado vio y que iba a enfrenar y que dio y que: “¡Ay!” Y que voltiaron, y que una señora que traía un ramo de flores. Y le pasó el camión y ella siguió caminando con su ramo de flores. Y dicen que vino y le dejó una flor aquí a una prima de nosotros y otras que anduvo dejando en el Landín.

A. Órale...

R. Eso cuentan. Pero ps que sí lo vivió mi cuñado, venían de una fiesta, estaban chiquillos los muchachos. Y todos lo vieron, menos mi hija, Dice: “Yo no vi nada”, dice: “bueno, yo no vi nada”. Todos la vieron, mi cuñado, ah, y tía ah que se tapó los ojos mi hermana, los otros, pero mi hija no lo vio, pero ellas sí la vieron. Todos la vieron. Ella fue la única que no lo vio.

Puedes escuchar la grabación original en el podcast sobrenatoral aquí:

http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2010-12-19T15_18_15-08_00





26 noviembre 2010

LOS PERROS


Con respecto al perro, en todas las culturas es un símbolo ambivalente. Aunque su figura está referida a la lealtad y a la seguridad, el perro está vinculado también a la muerte, al inframundo y a las fuerzas invisibles que rigen la tierra o la luna (Gheerbrant 2000:816). La noción del perro como psicopompo es casi universal. Para los antiguos mexicanos un techichi guiaba las almas por el inframundo, por ejemplo. Pero el perro es también una especie de intermediario entre este mundo y el otro.



Además, existe la creencia que el perro posee la facultad de ver a los espíritus de los ya fallecidos, incluso la muerte misma (Trejo 2009:176). También se ha extendido la creencia de que los perros aúllan por la noche en los lugares donde alguien morirá pronto o que algún hechicero o bruja anda cerca. También se cuenta que quien se ponga chinguiñas o lagañas de perro en los ojos, podrá ver a los muertos Rodolfo Cordero (2005:72-73) cuenta que



[...] Severo, a quien siempre lo veían montado en su burro [...] sabía que cuando aúllan los perros en la noche, es porque ven a la muerte. Llamó al “Capulín”, un perrito negro muy bravo que se le acercó moviendo la cola, saltando y lamiéndolo. ‘A ver tú, Capulín, tú que sí puedes ver a la muerte, préstame tus chinguinas para que yo también pueda verla’, y luego lueguito que abraza al perro y le quita las chinguinas y se las embarra en los ojos [...] “No me lo van a creer, pero como a eso de las once y media de la noche, que mi tío empieza a ver visiones. Se restregaba los ojos y gritaba: ‘¡No!, ¡no puede ser! ¡Ah!, qué jijos de la...’ Uno a uno, sus parientes muertos y sus amigos entraban al cuarto, comían de los golletes y bebían los vasos de agua de la mesa y salían alumbrándose con las astillas de ocote ardiendo y echando mucho humo. “Contaba después mi tía: Al condenado de tu tío Severo se le quitó la borrachera, se bajo del cincolote y salió corriendo al pilancón para lavarse la cara y quitarse las chinguinas. Gritaba: ‘¡Quítamelas, Tomasa!’ Por fin salió en su burro a confesarse.



Además se cuentan innumerables historias de enormes perros negros que se aparecen por las noches, con ojos rojos y gruñendo de forma aterradora. Estos perros, verdaderos perros del mal, pueden ser los nahuales o el mismo diablo (Trejo 2009:176).


03 noviembre 2010

EL GALLO DE LA MUERTE


En las montañas de Cantabria existe una sorprende creencia acerca del gallo de la muerte. Esto es lo que recoge Manuel Llano sobre el Gallo de la Muerte:

“Es negro el Gallo de la Muerte. Tiene la cresta blanca con pintas azules y encarnadas… Su canto es quejumbroso como un alarido. La persona que tenga la desgracia de oír el canto del maléfico gallo, morirá al día siguiente, al ocultarse los luceros.

Una vez cada cien años los milanos ponen un huevo colorado en un nido que hacen en los escajos. Del huevo de los milanos sale una pájara, la mitad negra y la mitad blanca, más grande que las gallinas. La pájara vive cincuenta años justos y cabales. Al morirse, de sus carnes podridas nace un gusano verde que poco a poco va convirtiéndose en gallo negro. Este es el Gallo de la Muerte”.

La única cura que hay contra el Gallo de la Muerte, según recoge Manuel Llano, es cocer en agua de romero unas hierbas que solo crecen cerca de los manzanos silvestres cuando empieza la primavera y que tienen la flor azul y la raíz negra y hacen beber la infusión al toque de oraciones a quien haya oído cantar al maléfico gallo. Hay que buscarlas en el día de todos los santos, poco antes del anochecer. Lo malo del asunto, es que, al parecer, nadie ha visto hasta ahora dichas hierbas.
Seres míticos y personajes fantásticos españoles. Escrito por Manuel Martín Sánchez

01 noviembre 2010

EL CASO DE JOSÉ PANCHO CAMPO


Un día de lluvia de 1948, José Pancho Campo, cabrero y agricultor de profesión, vecino del pueblo extremeño de Garganta la Olla (Cáceres), considerado como un hombre alto, fuerte y vigoroso, se encontraba en una casa de la finca “La Casilla”, cuando llamaron a la puerta. Al abrir, vio que era un grupo de mujeres que decían “¡Qué frío, qué frío!”, y le pidieron permiso para entrar a calentarse en la cabaña. Pancho pensó que se habían extraviado y las invitó a entrar. Vio que una de las mujeres, la cual en ningún momento abrió la boca, vestía totalmente de negro con una falda muy larga que hacía que pareciese una monja. Se dirigió a ella y le aconsejó que se acercara a la lumbre para calentarse. Cuando se aproximó al fuego, Pancho atizó la candela y el resplandor le permitió verle las piernas: no tenía pies sino pezuñas…

Al darse cuenta de lo que había visto, el campesino dio un alarido y gritó “¡Jesús!”. En ese momento, contaba él, la supuesta y extraña mujer-monja salió de la choza a toda prisa. José Pancho regresó al pueblo, contó lo sucedido y desde entonces se colgó varias cruces del cuello. El encuentro con esta presunta lamia debió ocurrirle cuando contaba unos 58 años de edad.

Desde aquel fatídico día José Pancho Campo cayó enfermo, y postrado en la cama cubierto por unas cuantas cruces deliraba sobre aquel suceso;-Él ha venido a por mí, el demonio se me ha aparecido, quería llevarme con él-. El temor no parecía achicarse, sino aumentar su presencia en la mente de José Pancho hasta el punto de que se dice que murió por el mismo miedo en presencia del Párroco del lugar y el médico que había llegado tarde para tratarle.

A pesar de todo, se sabe que murió 14 años después del incidente, en 1962, de una enfermedad pulmonar. La tumba de José Pancho Campo aún hoy se puede observar yendo a Garganta la Olla. Una tumba no solamente para recordar la pérdida de José Pancho Campo, sino también para recordarnos que hay cosas en esta vida que aún no entendemos ni conocemos, y que tan solo podremos empezar a entender...si aprendemos a escuchar.

Esta historia está perfectamente documentada por Juan José Benítez cuando visitó garganta la Olla en 1982 para escribir su libro La punta del iceberg donde conoció al sobrino de José Pancho y le narró el suceso.

La dramatización de este caso puede escucharse aquí:

05 octubre 2010

LA SANTA COMPAÑA: LA PEREGRINACIÓN DE LOS MUERTOS

Miles de testimonios aseguran haber visto una procesión de figuras con sudario, que avalarían la existencia del mito gallego de la Santa Compaña. ¿Qué hay de cierto? Veamos las hipótesis más sugestivas y los relatos de algunos testigos.

A la Santa Compaña la describen como una procesión de figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas.

El doctor Pereira regresaba a casa al filo de las dos de la madrugada tras atender un parto difícil en una aldea vecina. Al doblar un recodo del camino se encontró con La Compaña. Era un grupo de unas ocho tétricas figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas comandado por un pálido individuo que portaba una gran cruz de madera. La fantasmal comitiva se movía en el más absoluto silencio, mientras un fuerte olor a cera quemada lo inundaba todo. De repente, el grupo se detuvo frente a la casa de Manolo, el de la ferretería. El pánico dominó al doctor Pereira que salió disparado, como alma que lleva el diablo, para refugiarse en su vivienda, al otro lado del pueblo. Atrás quedaba el mito imposible que había visto con sus propios ojos: La Santa Compaña. Cuatro días después Manolo el ferretero moría de un infarto en la tasca del pueblo.

Este es uno de los casos típicos y tópicos que el folklore y la cultura popular gallega amontona entre los relatos de los viejos lugareños de cualquiera de sus aldeas. Y es que resulta muy difícil, aún en el siglo XXI, encontrar una aldea o pueblo gallego en el que no exista, al menos, un testigo de estas insólitas apariciones.

Pero, aunque en menor número, las apariciones no han desaparecido. En El Ferrol, Juan Pérez decía: Estaba con mi hermano en el coche, cerca de la playa, cuando los vimos. Eran una media docena. Todos vestían túnicas blancas, como de monjes, y se movían en silencio por encima de las rocas. Nos quedamos petrificados sin poder decir palabra.

Bruno Alabau, otro testigo de la insólita aparición, fue el más explícito, ya que pudo presenciar el fenómeno desde más cerca: Fue en marzo de 1982, en Gisamo, La Coruña. Yo era boyscout y me encontraba con mis compañeros en una acampada de fin de semana. Después de la cena, ya era de noche, hicimos un acecho, una especie de juego del escondite. Yo decidí rodear el campamento a través del bosque, así que me fui colina abajo y cuando estaba llegando al camino vi unas luces. Pensé que sería alguno de mis compañeros así que me escondí detrás de unos árboles con la idea de darles un susto, pero el asustado fui yo. No me preguntes qué era aquello. Eran siete personas en dos filas de tres y con uno de ellos delante, entre las dos filas. Todos vestían igual, una especie de túnicas terminadas en unos capuchones, como los de Semana Santa. El de delante llevaba una gran cruz que parecía hecha con dos maderas planas. Y los dos que le seguían, uno en cada fila, llevaban una gran vela cada uno. Los otros cuatro no llevaban nada. Me quedé allí, como paralizado, hasta que cruzaron frente a mí y se perdieron tras los árboles. Luego volví corriendo al campamento pero no conté nada a nadie; me tomarían por loco.

Según la tradición popular, Bruno habría tenido mucha suerte, ya que el fundamento del mito es el de que La Santa Compaña está compuesta por un grupo de difuntos precedidos por un vivo condenado a salir todas las noches a los caminos, comandando la fúnebre peregrinación, portando la cruz o un cubo de agua bendita, hasta encontrarse con otro vivo a quien traspasar la condena y así quedar libre. De no hacerlo así, en un determinado tiempo iría enfermando y palideciendo gradualmente hasta morir.

Dicen los lugareños que no todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos a La Compaña. Según la tradición, tan sólo ciertos dotados poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuirla. Y es que habría una serie de indicios de la proximidad de la aparición como podría ser el olor a velas surgiendo de repente, o el espanto de determinados animales: perros, gatos, caballos, que según la leyenda pueden ver esos fantasmas por algún tipo de sensibilidad especial.

El buen creyente habrá de dejarse guiar por esa intuición y tomar igualmente las medidas oportunas. En las afueras de La Coruña, existe el caso de Fernando A. Hermida: Iba con mis hermanos a ver una carrera de motos cerca de Santa Cristina. Debían ser las ocho, pero como era invierno ya había anochecido. De repente, escuchamos que los perros de una finca cercana comenzaron a ladrar como locos y un fortísimo olor a cera quemada nos rodeó. No es que yo crea en esas cosas pero, por si las moscas tracé un círculo en el suelo a nuestro alrededor, hicimos la higa con las manos y gracias a Dios no pasó nada.

En la localidad pontevedresa de Marín, existe otro caso, el de Charo Santiago: Yo regresaba a casa después del trabajo. Aquella noche había salido un poco más tarde porque teníamos tarea atrasada. Salí de la carretera principal de Marín por el atajo que tomaba siempre que tenía prisa. Entonces los vi. Eran unos diez. Vestían todos de blanco y algunos llevaban luces, velas o candiles. Estaban parados delante de la casa de Maricarmen, una vecina que conozco hacía años. Yo me asusté mucho y eché a correr hasta llegar a casa. No lo comenté con nadie hasta que dos días después esta vecina moría de repente, de no sé qué enfermedad rara.

En los montes orensanos se han visto en numerosas ocasiones "A procesión das Ánimas", La procesión de las ánimas, denominación lugareña de La Compaña.

Javier Alonso Rebollo comenta que en sí mismo este mito reúne las características clásicas de los populares fantasmas, a pesar de verse influido por otros aspectos del folklore gallego. Uno de los mayores legados que el neolítico dejó en esta región es el de la vida más allá de la muerte, y las diversas corrientes culturales y heréticas que llegaron a Galicia trajeron la creencia en que eran posibles las comunicaciones con ese más allá. Esto podría entroncar con determinadas creencias espiritistas. Pero además La Santa Compaña presenta un aspecto precognitivo al anunciar la muerte del visitado por esta comitiva, y también aspectos relativos al desdoblamiento astral, ya que el vivo que ha de presidir la peregrinación no podrá esconderse en ningún lugar ni huir. Según el mito, cada noche, inevitablemente, y mientras no traspase la cruz a otro vivo, saldrá de su cuerpo cuando esté dormido y aparecerá nuevamente al frente de la procesión de difuntos.

Sea como fuere, miles de personas en toda Galicia aseguran haberla visto. Cientos de testigos afirman haberse topado en las oscuras corredoiras gallegas con una fantasmal procesión compuesta de pálidos espectros vestidos de blanco, mensajeros de la muerte y del miedo. Y aunque un amplio sector de la población dude de su existencia... “haberla hayla”.


El Caso De Sofía Pérez

En el municipio pontevedrés de Budiño existe uno de los casos más típicos y arquetípicos de aparición de la Santa Compaña. Sofía R.Pérez es un ama de casa de 42 años, madre de cuatro hijos, conocida y respetada por todos los vecinos del pueblo. A pesar del tiempo transcurrido desde su experiencia, Sofía la recuerda perfectamente.

Yo tenía ocho años comenta cuando ocurrió. Mi madre y yo habíamos salido para visitar a una amiga y bajábamos por el camino de detrás de la casa, cerca del cementerio.

No era muy tarde, pero como era invierno ya era de noche. Fue justo al llegar al cruce. Yo oí un ruido de pasos muy grande, como si se acercase mucha gente. Le pregunté a mamá si lo oía y dijo que sí. Entonces vimos que bajaba por la carretera una procesión, como de un entierro. Eran muchos, no sé el número, pero todos vestían igual. Llevaban una especie de túnicas negras que les cubrían todo el cuerpo, con una capucha también negra. Pasaron muy cerca de nosotros.

Nos quedamos paralizadas. Yo era muy pequeña y no entendía muy bien qué era aquello, pero mi madre estaba aterrorizada, me apretaba muy fuerte contra ella, diciéndome que no hiciera ruido. Y cuál fue nuestra sorpresa que al final de la fila de La Compaña, vimos a una mujer; ¡A una vecina nuestra!

Era la Tía Preciosa, una vecina que vivía unas casas más arriba de la nuestra. Yo la reconocí por su forma de andar, porque tenía un defecto en las piernas y luego la vimos muy claramente. Llevaba como un palo en la mano y una especie de piedra como un mármol, pero muy, muy brillante. Pasó a nuestro lado en silencio como un ánima. Y se fue detrás de la Santa Compaña.

No nos dio tiempo de preguntarle qué hacía allí. Cuatro días después de pasar esto, a tía Preciosa moría. Estaba en la cocina y un rayo entró por la chimenea y la mató. Yo creo que aquello fue un aviso, todos avisamos antes de morir.


Todos los nombres para un fenómeno:

Procesión de las ánimas: Aplicado especialmente en el sur de Galicia, sobre todo en Orense.

Santa Compaña: Aplicado mayoritariamente en Galicia Norte.

Hoste o Hueste: Aplicado en algunos lugares al formar la comitiva una especie de hueste o mesnada.

Hostilla: del latín enemigo, aunque probablemente contaminada en la evolución de la tradición de las ánimas.

Estatinga o estadinga: considerada una derivación de hostia antiga o Nemigo antigo.

Estadea: derivación probable de estadal, la vela usada para iluminar a los difuntos.

Antaruxada: uno de los nombres menos frecuentes.

Pantalla: En opinión de Vicente Risco, fusión de los términos Pantasma y Espantallo.

Visión: En este caso sinónimo de aparición.

Visita: En clara referencia a la intencionalidad de la aparición. Respecto a esa intencionalidad del fenómeno existen numerosas versiones, aunque las más compartidas por los testigos sedan las siguientes:

Para pedir misas por su salvación a los familiares vivos, para reprochar a los vivos pecados o faltas cometidas, para reclamar el alma de un pecador que morirá tiempo después de la aparición, para cumplir una pena infringida por alguna autoridad del más allá a fallecidos en pecado.


Fórmulas De Protección

La cultura rural expone también una serie de estrategias para librarse de la condena en caso de toparnos frente a frente con La Santa Compaña. Existen varias fórmulas de protección, aunque las más populares serían:

Acompañarse de un gato negro y, en caso de toparse con la macabra procesión, arrojárselo y huir. Sabido es el rico simbolismo mágico del gato en todas las culturas.

Trazar el Círculo de Salomón rápidamente en el suelo e introducirse dentro, no abandonándolo hasta que La Compaña haya desaparecido.

Determinados gestos mágicos como la figa o higa o los cuernos.

07 abril 2010

SUCEDIÓ EN PUENTE MORENO


Texto de Edith Mendoza.

En un pueblo tan apegado a las costumbres y tradiciones católicas y donde las peregrinaciones son comunes, los creyentes se someten a torturas para agradar al santo de su devoción y saldar sus “mandas”; pero el pago exigido el 5 de octubre del 1972 fue mucho más de lo que cualquier peregrino imaginó.

Ya han transcurrido casi 38 años de aquella tragedia ferrocarrilera en Puente Moreno, a unos minutos de Saltillo; y sobre las causas que lo originaron y sobre sus víctimas mucho ha quedado en el aire. En concreto, nada fue esclarecido.
El maquinista, Melchor Sánchez Echeverría; el conductor, Jesús Rocha Serna; el fogonero, Ignacio Carrizales García, y los garroteros Juan Juárez Alvarado y Pedro Rodríguez Barbosa llevaban a su cargo 22 vagones de un ferrocarril que tenía más de 30 años de antigüedad –por lo tanto inseguro–, y a unos 2 mil pasajeros. Los tripulantes salieron prácticamente ilesos.

Los hechos ocurrieron a 7 kilómetros de Saltillo, en el Puente Moreno, poco después de la estación La Encantada y La Angostura. La mole de hierro alcanzó una velocidad de 120 kilómetros por hora cuando la permitida era de 60. El descarrilamiento del tren fue tan violento, que las máquinas quedaron recostadas sobre la tierra y los coches terminaron su carrera uno sobre otro y entre ellos cientos de personas muertas.


Pero hoy todavía hay cabos sin atar. Medios de comunicación impresos en esa época, guiados por las versiones oficiales, dieron a conocer cifras que distaban mucho de la realidad y señalaban a los maquinistas como los presuntos responsables de la tragedia.

Víctor Manuel Villaseñor, entonces director de Ferrocarriles Nacionales de México, escribió el libro “Memorias de un Hombre de Izquierda”, en el que cuenta que la madrugada del 6 de octubre de ese año fue notificado de la tragedia y llegó de inmediato a Coahuila a bordo de una avioneta.

Cada furgón tenía capacidad para 88 pasajeros, pero todos llevaban un sobrecupo no especificado. Era, incluso, imposible transitar por ellos, por lo que se calcula que el número de viajeros no podría ser menor a 2 mil.

Tras la tragedia, los rumores y las hipótesis de las causas corrieron como reguero de pólvora. Se hablaba hasta de una “orgía de borrachos” entre los maquinistas del tren.

Sin embargo, en el libro se narra que los peritajes médicos a Luis Morales Benavides y a los maquinistas, fogoneros y garroteros resultaron negativo en exámenes de alcohol en la sangre. El autor señala que solicitó un nuevo reporte al Instituto Tecnológico local, que presuntamente sí comprobaba esa hipótesis.

El especialista que realizó los primeros exámenes –y sostuvo su versión en todo momento–, fue cesado de sus funciones. En tanto, a la tripulación se le acusó –sin comprobársele– que llevaba mujeres en la cabina. Algunos sobrevivientes rechazaron esa posibilidad, y por el contrario, señalaron como principal factor del accidente el uso de máquinas viejas.

Ningún documento oficial respalda lo dicho por los ferrocarrileros, quienes finalmente fueron procesados y condenados. Aunque luego de 9 años de lucha y gestión impulsada por líderes sindicales obtuvieron su libertad.

En una entrevista que concedió Sánchez Echeverría ya en libertad, insistió en que el percance de debió a una falla en el sistema de frenos.

Los carros eran jalados por dos máquinas, que presuntamente no contaban con freno dinámico para detener el tren en una pendiente.


Oficialmente la cifra de muertos fue de 213. La cifra extraoficial registrada por el Sindicato de Trabajadores Ferroviarios de la República Mexicana apuntaba a mil 112.

Luego del sonido de las sirenas en la ciudad, comenzó a propagarse rápidamente la noticia del descarrilamiento y de su magnitud.

El entonces Alcalde de Saltillo, Arturo Berrueto González, dijo que desde el primer momento en que se tuvo conocimiento del lamentable suceso que enlutó a tantas familias se tomaron acciones concernientes a auxiliar en todo momento a las víctimas.

Luis Echeverría Álvarez, entonces Presidente de México, expresó su consternación por la tragedia del tren que procedía de San Luis Potosí.

Escuelas y facultades de Saltillo suspendieron clases. La Rectoría de la Universidad pidió al estudiantado que prestara auxilio en labores de recuperación de muertos y heridos en la tragedia.

Publicaciones de esos días aseguran que, según el estudio técnico levantado por los funcionarios de Ferrocarriles Nacionales de México, el trágico suceso sobrevino a las 22:53 horas.

El accidente provocó la movilización de cientos de voluntarios. Muchas víctimas perecieron a causa de los golpes recibidos tras el impacto, muchas otras a causa del incendio que se desató tras el descarrilamiento.

La tragedia conmovió al mundo, importantes espacios en los medios de comunicación del país y del extranjero fueron ocupados por la noticia y las condolencias a los familiares de las víctimas. La pérdida fue enorme e irreparable.

El trenazo de Puente Moreno, suscitado cuando “El Tren Peregrino” regresaba de Real de Catorce, fue noticia también los días subsecuentes a la tragedia, pues el número de víctimas aumentaba conforme se removían las láminas de los carros del convoy.

El “Sol de México”, por ejemplo, destacó la velocidad a la que se desplazaba el tren. El diario francés “Le Monde”, también consignó en un pequeño espacio de su portada información sobre el percance, en el que reportaba decenas de personas muertas y cientos de heridos.

Partidos políticos, organismos empresariales de la Iniciativa Privada, instancias gubernamentales y hasta el papa Paulo VI, desde el Vaticano, se unieron en la pena.

“Vivamente apenado desastre ferroviario cercanías esa ciudad, santo padre, asegurando sufragio víctimas, ruégole expresar paterna condolencias a familiares y hacer llegar palabras cristiano consuelo, con votos rápido restablecimiento a heridos”, decía el telegrama firmado por Cardenal Vollot desde Roma.

Hubo de todo, pero la labor humanitaria prevaleció. Muchos choferes de taxis y de servicios particulares ofrecieron sus unidades para trasportar a los heridos.

Los hospitales de Saltillo poco a poco se fueron llenando de gente que reclamaba información sobre las víctimas. Las listas de heridos y fallecidos a los que fue posible identificar, comenzaron a aparecer en los medios impresos.

A la falta de camas necesarias para atender al gran número de lesionados se improvisaron lechos en todos los posibles lugares en los hospitales. El propósito era prestarles atención médica inmediata y aliviar su dolor.

Fue un trabajo en equipo, arduo, donde se optimizaba el material que se tenía. Incluso, 82 reos donaron sangre para los heridos.


Aún a meses de la tragedia, hubo quienes aseguraron que cada noche Puente Moreno se estremecía. Los llantos y quejidos de los cientos de almas que se perdieron se volvían a escuchar. Lo cierto es que dejaron un luto que difícilmente quedará en el olvido.


El grupo saltillense GIHPS produjo un DVD con la investigación histórica y paranormal del suceso... aquí una muestra: