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10 octubre 2010

LOS MAYAS Y EL 2012


El epigrafista del INAH, Carlos Pallán, expresó que los antiguos mayas en ningún texto dejaron escrito que en 2012 sería el fin del mundo o una fecha catastrófica, porque incluso se hace mención a periodos posteriores a ese año

Ante la proximidad del año 2012, fecha alrededor de la cual diversos sectores de la población mundial especulan acerca de una “transformación profunda” de la humanidad, e inclusive sobre su fin, el epigrafista Carlos Pallán Gayol, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, expresó categórico que en lo que respecta a los antiguos mayas “en ningún texto dejaron escrito que en 2012 sería el fin del mundo, porque incluso manejaron fechas posteriores a ese año”.

De acuerdo con el director del Acervo Jeroglífico e Iconográfico Maya del INAH, tal creencia es moderna y su origen puede rastrearse a la década de los 70 del siglo XX, con las primeras publicaciones de carácter esotérico en las que se “pronostica” el término de la civilización humana, coincidiendo con el décimo tercer ciclo B’ak’tun en la cuenta larga del calendario maya, que correspondería al 21 de diciembre de 2012.

De los aproximadamente 15 mil textos glíficos registrados hasta ahora y que han sido localizados a lo largo del tiempo en distintos sitios del área maya, únicamente en dos inscripciones existe la mención del año 2012. “Conforme la correlación GMT + 2 (Goodman-Martínez-Thompson, más dos días) que utilizan los epigrafistas para convertir las fechas mayas al calendario gregoriano, la fecha exacta sería el 23 de diciembre de 2012 y no el día 21. Ésta se halla registrada en el Monumento 6 de Tortuguero y en un fragmento encontrado en Comalcalco, ambas zonas arqueológicas de Tabasco y relativamente cercanas entre sí”.

Para el epigrafista Carlos Pallán es importante contextualizar estos testimonios arqueológicos. De esa manera, “en la inscripción de Tortuguero se alude a una fecha contemporánea a quienes hicieron el monumento en el siglo VII d.C., y de repente, en el texto jeroglífico, se emplea lo que se llama un número de distancia que nos lleva trece siglos adelante, al 21 de diciembre de 2012.

“Ahora, ¿qué nos dice el Monumento 6 que va a ocurrir en esa fecha?, lo que nos dicen explícitamente es que va a concluir un periodo. Los mayas siempre celebraban los finales de periodo como hoy en día festejamos los aniversarios: los lustros, las décadas, el centenario o el bicentenario de un hecho histórico, pero eso no quiere decir que se vaya a acabar el mundo”.

A diferencia de las sociedades modernas, para los antiguos mayas el tiempo no era algo abstracto, estaba conformado de ciclos y éstos a veces eran tan concretos que tenían nombre y se podían personificar mediante retratos de seres animados, por ejemplo, el ciclo de 400 años estaba representado como un ave mitológica.

Más que una obsesión por el tiempo, los mayas se preocupaban por efectuar rituales que de algún modo garantizaran que el ciclo por venir sería propicio. “Para el caso particular de la mención de 2012, sí se nota cierta insistencia en que aun en fecha tan distante se va a conmemorar un determinado ciclo calendárico. Éste ha sido el meollo de la confusión.

“Algunas veces se han dicho cosas tan absurdas como que los antiguos mayas no conocían más allá de este ciclo o que una vez llegado este periodo el tiempo se acabaría. Los mayas usaban ciclos gigantescos, inclusive de miles de millones de años por medio del sistema de la cuenta larga y que también era común para otras culturas de Mesoamérica como la istmeña o mixe-zoque. “Lo esencial es que los mayas jamás mencionan que se vaya a acabar el mundo ni el tiempo”.

Carlos Pallán abundó que en este mismo sentido, el pasaje concreto del Monumento 6 de Tortuguero es muy breve y simplemente dice que una vez que se cumpla el décimo tercer B’ak’tun, el 23 de diciembre de 2012, descenderá del cielo Bolon Yokte’ K’u, es decir, el dios — o dioses— de los Nueve Pilares”.

Lo anterior, señaló, “no debe interpretarse como un evento catastrófico, pues los mayas manejaron fechas posteriores a 2012. Incluso en el Templo de las Inscripciones de Palenque se mencionan fechas que ocurren más de dos mil años después, es decir, en 4772. Llos mayas jamás pensaron que el tiempo terminaría en nuestra época, lo que nos refleja la conciencia que alcanzaron sobre el tiempo, a partir del desarrollo matemático y de la escritura.

“Al saber esto algunas personas se decepcionan porque suponían que los antiguos mayas nos habrían dejado mayores datos para interpretar nuestra actualidad, pero en general eran muy concisos, incluso para referirse a eventos de su tiempo”.

Uno de los intereses de los mayas era legitimar su poder mediante calendarios, y vinculaban a quienes gobernaban con algo más grande, ya fuera con dioses que habían nacido años atrás o bien con complejas narrativas míticas.

28 agosto 2010

LA TUCHA

Jorge H. Álvarez Rendón, cronista de Mérida



Corría el año de 1635 y a 164 metros de la actual plaza de Santiago, en una casona de cal y canto, estaba el hogar de don Alfonso de Arévalo y Narváez, su esposa Candelaria y seis de sus hijos, cinco de los cuales eran varones. La niña tenía por nombre Josefa Margarita Petronila Aurora Carlota de Arévalo y Fuensalida y era, a sus 12 años, un portento de belleza. Se le admiraba no sólo por lo rubio de sus cabellos, sino por el exquisito verdor de sus ojuelos. Un defecto tenía y de los graves: era soberbia hasta decir basta. Hablaba siempre con visible altanería y despreciaba a las 15 indígenas que formaban el servicio doméstico en el caserón paterno. Como dice la canción: se creía superior a cualquiera.

Cuando aquellas le preparaban su hamaca de lino con hebras de plata, cuando recogían su bacinilla de porcelana, cuando le ceñían sus chinelas de seda, Josefa Margarita Petronila Aurora Carlota les alzaba la voz de humillante manera. Ellas, qué remedio, callaban.

Una tarde, Josefa Margarita y nueve de sus nanas fueron a caminar por la plazoleta donde, en aquellos años de la colonia, acostumbraban vender frutas, verduras y baratijas los campesinos que venían a Mérida desde los pueblos. Como le llamaron la atención unas muñecas de barro que ofrecía una anciana de ojos muy negros, la niña, llena de arrogancia, preguntó: —¿A cómo vendes estas muñecas, mestiza? La anciana respondió con mucha cortesía: —Estás más linda que un amanecer, mi niña. Esta muñeca vale medio real, pero es gratis para ti, Josefa Margarita. Sorprendida porque la habían reconocido, la niña contestó enseguida, en el umbral de la ira: —Pues fíjate que no necesito que me regales nada, india de porquería. Yo soy una Arévalo y Fuensalida. Quédate con tus mugres muñecas.

La anciana bajó la cabeza y con un “chilib”, sin que nadie la viera, dibujó en el suelo de tierra los siete ojos de la madre tierra. Josefa Margarita ignoraba que aquella mujer no era una simple campesina, una vendedora más, sino Xlabaxorón, la más poderosa bruja del poniente de Yucatán, conocedora de muchos sortilegios y conjuros mágicos.

Cuando amaneció Dios al día siguiente, ocho sirvientas fueron a despertar a Josefa Margarita con almibarados cantos y música de guitarras, pero se llevaron un susto enorme. Al abrir la hamaca de lino con hebras de plata, al extender el fino camisón, lanzaron un grito que se escuchó hasta en el palacio del gobernador.

—¡Una tucha, Dios mío, en la hamaca de la niña Josefa hay una tucha horrible y apestosa! En efecto, en mitad de la rica hamaca, semioculta entre el camisón de holanda, estaba una mona de ojos sucios y pelo ensortijado que despedía un olor parecido al vómito de 10 borrachos o al pelo quemado de una vieja con sarna. Con palos y chancletas persiguieron las sirvientas a la mona, que corrió por toda la casa dando alaridos, botando floreros y candelabros, hasta que, perseguida por los tres perros de la casa, Matagatos, Rasgabuches y Berganza, escapó al refugio de los techos.

¿Dónde estaba Josefa Margarita Petronila Carlota de Arévalo y Fuensalida? ¿Qué le había pasado a esa niña? ¿Acaso la había devorado esa tucha asquerosa? Dos reconocidos médicos que llegaron para discutir el caso afirmaron que las tuchas no comen carne, sino únicamente tamarindos, nance, plátanos, pedazos de sandía y ciruelas con sal y chile.

El gobernador interino Fernando Centeno Maldonado mandó 80 alguaciles y el arzobispo ordenó a los monjes franciscanos que rezaran día y noche a Nuestra Señora de la Difícil Esperanza, pero Josefa Margarita no aparecía. A gritos la llamaban por las esquinas y en las calles más alejadas de Mérida. Cuatrocientos mancebos revisaron pozos y aguadas. Salió gente a caballo hacia los puertos de Sisal, Telchac y Dzilam.

Josefa no estaba lejos. En el techo de su casa, sentada sobre la fea cola que le había aparecido por mágicas artes, devoraba cucarachas verdes, alacranes, caca de murciélago y aguacates a medio podrir, mientras contemplaba a sus padres y hermanos comer puchero de tres carnes, escabeche de pava, longaniza asada, potaje de repollo y lengua de vaca. Tras 15 días de dormir a la intemperie y comer inmundicias, después de llorar su soberbia y tantas altanerías, la niña transformada en mona clamó a los cielos: —Por favor, no resisto más. Quiero ser otra vez Josefa Margarita Aurora Carlota de Arévalo y Fuensalida. Me arrepiento de mi maldad.

Sólo salir el sol, las sirvientas encontraron a la niña que dormía, sucia, cagada y sin zapatos, junto a su hamaca de lino. La alegría en la casa y la ciudad fue inmensa. Las campanas de todas las iglesias tocaron a rebato, el gobernador ordenó que el día se anotara como laudable en los calendarios y el arzobispo concedió 1,200 indulgencias de media carga y plenarias.

Ya bañada y restablecida, Josefa Margarita suplicó que la llevaran a la plazoleta de Santiago, encontró a la anciana de negros ojos y le dijo muy quedito: —Gracias, madrecita. Ya aprendí la lección. ¿Puedes darme la muñeca? Desde entonces, extendido el rumor, al cruce de las actuales calles 57 y 66, donde estuvo la casa de la niña, se le conoce sencillamente como esquina de “La tucha”.

11 agosto 2010

LA MUERTE DE PAKAL


El 31 de agosto del 683 d.C., 6 Edznab 11 Yax en el calendario maya, se extinguió la luz sagrada que había iluminado a Palenque durante muchas décadas. Iniciaba su nuevo ciclo, el de la muerte, el señor Pakal Escudo Solar Bajluum Votan Kinich Aahu, cuyo día de nacimiento se había hecho coincidir en las inscripciones con el de la Primera Madre, la diosa Zac K’uk o Garza Blanca, nombre que llevaba también la madre del soberano. Ese día fue el 23 de marzo del 603 d.C., 8 Ahau 13 Pop.

Al ligar su origen al de los dioses, se confirmaba su carácter sagrado y su destino de convertirse en el más sabio gobernante de Palenque. Once años antes de su fallecimiento había descendido al reino de las sombras su esposa Ahpo Hel, dejando a Pakal en una dolorosa soledad.

En el momento preciso de su muerte, ocurrida en su habitación del palacio, colocaron en su boca una cuenta de jade, que recogió el aliento vital. Luego pusieron entre sus labios un poco de masa de maíz, sustancia sagrada con la que habían sido formados los primeros hombres; en seguida lo amortajaron con lienzos de algodón, y a un lado de la estera en la que reposaba depositaron vasijas con agua y alimentos, así como sus amuletos protectores.

Después de velarlo durante tres días, de hablarle continuamente para que no se sintiera solo, cuidando su sombra y orando a los dioses para mantener con vida su espíritu mientras iniciaba su camino por el mundo inferior, sus hijos Chan-Bahlum y Kan Xul, sus nueras y sus nietos, se prepararon para celebrar la gran ceremonia funeraria. A través de ella los vivientes pondrían su parte a fin de ayudar al espíritu del gran señor en su peligroso descenso hacia el Xibalbá, el "Lugar de los que se desvanecen", donde se encontraría frente a frente con Ah Puch, "El Descarnado", para luego morir definitivamente, es decir, transformarse en energía de muerte y ocupar su sitio en el frío y oscuro reino subterráneo.

Pakal iría al Xibalbá porque había fallecido de muerte natural, aunque su condición sagrada le permitiría ascender al nivel terrestre y al cielo en algunas ocasiones. Otros, como los que morían por alguna causa acuática, ahogados o calcinados por un rayo, iban al Paraíso de la Ceiba, un lugar de placeres terrenales, mientras que los sacrificados a los dioses y las mujeres muertas de parto tenían como destino el cielo, para vivir eternamente acompañando al Sol en su recorrido diario; porque el lugar a donde iban los espíritus después de la muerte del cuerpo dependía de la forma de morir y no de su conducta en la existencia corpórea. Las faltas se castigaban en vida, generalmente con alguna enfermedad.

Muchos años antes de su muerte, el propio Pakal había ordenado construir su sepultura, recreando sobre ella, en la forma de una alta pirámide de nueve niveles, el espacio infraterrestre, que se concebía como una pirámide invertida de nueve estratos por los que su espíritu habría de descender hasta llegar a su última morada. En lo alto de la pirámide erigió un templo donde mandó escribir la historia de su linaje y donde se le rendiría veneración, pues por haber sido un gobernante iniciado, un gran chamán, al morir se convertiría en un dios. Acudiendo al llamado del rito en su honor, su espíritu ascendería por un angosto canal en forma de serpiente que iba desde la cámara funeraria hasta el templo, porque ese sitio donde había colocado su enorme sarcófago representaba precisamente el Xibalbá, la región situada en el noveno estrato del inframundo.

En una bella lápida que se colocaría sobre su sarcófago, Pakal hizo esculpir una gran imagen cósmica que definía su sitio en el centro del universo, como ser humano y como gobernante. Ahí está él, recostado sobre el mascarón descarnado que representa el aspecto de muerte del dios supremo, que era un gran dragón bicéfalo. El signo del Sol, que al lado del de la muerte corona el mascarón, indica el camino del astro por el mundo infraterrestre. Así, el gobernante, identificado con el Sol, descendería como él al inframundo y renacería sacralizado.

El cuerpo de Pakal se representó en la entrada de la gran boca de la tierra que conduce al inframundo, formada por las fauces superiores levantadas de una serpiente de dos cabezas, símbolo del reino de la muerte. De la nariz del gobernante surge un signo que representa al espíritu abandonando el cuerpo, y desde su pecho se levanta una cruz que remata en lo alto con una mandíbula de serpiente hecha de cuentas de jade, piedra que representa la vida, sobre la que se posa a su vez el pájaro-serpiente, otro símbolo del dios supremo en su aspecto celeste y solar. La barra horizontal de la cruz es una serpiente de dos cabezas, como la del inframundo, pero con mandíbulas de jade.
Esta cruz serpentina es la imagen del dragón celeste, pero también el árbol que está en el centro del mundo y que divide los cuatro rumbos cósmicos, y en ella se enlaza otra serpiente bicéfala de cuyas mandíbulas abiertas surge el rostro del dios Kawil o Bolón Dz’acab, protector de los gobernantes. Alrededor de esta compleja representación simbólica del universo como lo concebían los mayas, formado por tres niveles: el cielo, la tierra y el inframundo, con sus cuatro rumbos, se esculpió la Vía Láctea, poblada de astros, que para los mayas era también el cuerpo del gran dragón celeste.

En este universo, pleno de fuerzas sagradas, el ser humano es el eje, lo que concuerda con la idea del hombre que revelan los mitos sobre el origen del mundo, como el del Popol Vuh, donde el hombre es el único ser que tiene la misión de alimentar a los dioses.

El solemne cortejo salió del palacio cargando el bulto mortuorio de Pakal. Cuatro hombres portaban antorchas, y en lo alto de la pirámide se había encendido copal. Tras el cuerpo marchaba el Señor Serpiente, sumo sacerdote, seguido por los sacerdotes del culto solar y por la familia del gobernante, así como por cinco hombres y una mujer que serían sacrificados en la entrada de la sepultura con el fin de que sus espíritus acompañaran al del sagrado señor.

Una vez en el templo que coronaba la pirámide, el cual representaba la superficie de la tierra, iniciaron el descenso por la oscura escalinata, alumbrados por las antorchas, conscientes de que recorrían simbólicamente el tortuoso camino a través de los nueve niveles del inframundo, como la mayoría de los espíritus de los muertos, y como lo hicieron aquellos héroes ancestrales Hunahpú e Ixbalanqué, que después se convertirían en el Sol y la Luna. La cámara funeraria situada en el noveno nivel de la pirámide aseguraba mágicamente que el espíritu de Pakal sortearía los peligros que acechaban en el camino descendente y que hallaría su lugar de reposo en el Xibalbá.

El gran sarcófago monolítico, con un hueco en el centro que semejaba un útero para recibir el cuerpo del sagrado señor, había sido ya limpiado y preparado; asimismo, el día anterior se había labrado la fecha de la muerte en el canto de la lápida que cubriría el sarcófago. El cuerpo de Pakal, ya liberado de la mortaja, fue cuidadosamente depositado por los sacerdotes en el hueco pintado con rojo cinabrio; luego fue rociado con el mismo polvo rojo que aludía a la inmortalidad porque era el color del oriente, por donde resucita el Sol cada mañana, y le colocaron sus joyas de jade: una diadema sobre la frente, pequeños tubos que dividían la cabellera en mechones, collares, orejeras con colgantes de madreperla, pulseras y anillos.

En su rostro pusieron su máscara de mosaico de jade, que conservaría su identidad para siempre; sobre su taparrabo otra pequeña máscara, y a sus pies una figurilla del dios solar que siempre lo había protegido. Como objetos sagrados especiales, le colocaron un dado y una esfera de jade en las palmas de las manos, lo que significaba que él, como chamán intermediario entre los dioses y los hombres, había dominado el espacio cuadrangular y el tiempo circular, con su sabiduría, su conciencia y su acción ritual. Otras dos cuentas de jade fueron depositadas en sus pies para asegurar la fuerza de la energía vital durante el camino. Luego cerraron el hueco con una tapa de piedra, colocaron encima la gran lápida labrada y deslizaron bajo el sarcófago las cabezas de estuco que habían formado parte de las más bellas esculturas de Pakal y Ahpo Hel. Antes de salir pusieron en el suelo vasijas con agua y alimentos, ya que el espíritu inmortal del sagrado señor conservaría durante el viaje las necesidades corporales.

Después de sellar la pequeña puerta triangular que daba acceso a la cámara, sacrificaron a los cinco hombres y a la mujer que acompañarían al señor. Luego construyeron un muro, tapiando el corredor que conducía a la cámara, y en una caja de piedra adosada a este muro dejaron otros platos de barro con alimentos, cuentas y orejeras de jade, conchas llenas de pintura roja, símbolo de inmortalidad, y una hermosa perla. Hecho esto, la comitiva ascendió al templo y bajó de la pirámide, despidiéndose del gobernante con cantos y oraciones.

Otros muchos personajes fueron sepultados en la ciudad de Palenque, como una mujer, sin duda del linaje de Pakal, cuyo sarcófago fue hallado dentro de un basamento menor al lado del Templo de las Inscripciones, nombre que se le ha dado a la pirámide de Pakal. No sabemos quién fue esa señora, ya que no hay inscripciones en su tumba, pero por el color rojo de la inmortalidad que la cubría totalmente se le conoce como la "Reina Roja".

Los soberanos de otras ciudades mayas, como Calakmul, fueron enterrados también en lujosas sepulturas, con sus máscaras y joyas de jade. Pero además de la inhumación, en el mundo maya hubo otras formas de disposición del cadáver. Entre ellas la principal fue la cremación; las cenizas de los muertos se colocaban en urnas y se depositaban bajo los templos o las casas. Algunas urnas funerarias se decoraron con imágenes del monstruo de la tierra y del jaguar, que simboliza al Sol en su viaje por el inframundo. Ello expresa la idea de que así como el Sol muere al entrar en el ocaso al mundo inferior y renace por el oriente, el muerto renacería a otra forma de vida espiritual eterna.

Los muertos eran enterrados en lugares relacionados con su condición y su actividad. Los esqueletos muchas veces se acompañaban de otros restos humanos o de animales, como el jaguar, relacionado con el poder de los gobernantes y con el Sol en su viaje por el inframundo; frecuentemente se sacrificaba al perro del muerto para que lo transportara sobre su lomo al cruzar el gran río que precedía al Xibalbá, idea que se encuentra en muchos otros pueblos del mundo. Los niños eran colocados en posición fetal, dentro de vasijas que representaban el vientre materno, y a veces cortaban a la madre una falange para acompañar al infante.

Los ajuares funerarios corroboran la creencia en una supervivencia del espíritu después de la muerte del cuerpo, pues tenían el propósito de alimentar y cuidar al espíritu en el tránsito hacia el Xibalbá.

Además de las ricas joyas y elegantes vasijas halladas en las sepulturas de los grandes señores, se han encontrado múltiples objetos relacionados con la actividad del muerto, como herramientas, armas, códices y la parafernalia de los chamanes. Dado que los mayas creían que los animales, las plantas y hasta los objetos hechos por el hombre tenían un espíritu, es claro que era esta parte invisible la que sería utilizada por el espíritu del muerto; por eso en las sepulturas hay vasijas rotas intencionalmente, es decir, "matadas".

En los días que siguieron a la ceremonia funeraria de Pakal el Grande, los palencanos rellenaron con escombros la escalinata que conducía a la cámara funeraria hasta que estuvo completamente obstruida, para que nunca, nadie, hallara el sagrado recinto. Y antes de colocar la tapa que sellaría la escalera, depositaron dos orejeras de jade.

Pero los deudos del gran señor de Palenque no imaginaron que 1269 años después, en 1952, un hombre que supo respetarlos y amarlos, Alberto Ruz Lhuillier, descubriría la imponente sepultura, dando así, al gran Pakal, la inmortalidad para este mundo.











09 agosto 2010

LOS ALUXES

En un tiempo muy remoto, cuando el sol todavía no calentaba la tierra, los aluxes amontonaban enormes piedras con sólo silbar, de esa manera, en un abrir y cerrar de ojos levantaron los grandes monumentos de las ciudades mayas; por eso, aunque imperceptibles, miles de años después aún cuidan con recelo sus dominios.


Palabras más, palabras menos, los mayas de hoy cuentan que así fueron edificados los ejemplos más excelsos de su arquitectura: El Adivino de Uxmal, El Templo de Kukulcán en Chichén Itzá, El Templo de las Siete Muñecas en Dzibilchaltún, y tantos otros que asombran a propios y extraños.

El aluxe tiene una función primordial como cuidador de milpas, un ser que cobra vida gracias a los trabajos de un jmeen o brujo.

Para los mayas actuales, la primera humanidad estuvo constituida por enanos que fueron destruidos por un diluvio. La creencia es que la humanidad está ahora en su cuarto ciclo y que la raza primitiva de Yucatán fue de pequeños hombres sabios que construyeron las grandes urbes, de las que ahora únicamente quedan ruinas como testimonio.

Con presteza, los aluxes laboraban en la oscuridad debido a que el astro rey todavía no aparecía en el firmamento, cuando esto sucedió, según otra versión, los pequeños seres se convirtieron en piedra.

Cierto o falso, el hecho es que los aluxes se consideran moradores de las zonas arqueológicas, e incluso, son ellos quienes deben conceder el permiso a los arqueólogos y sus equipos de trabajo para realizar excavaciones en estos lugares. Es por eso que antes de iniciar temporadas de campo, se lleva a cabo algún tipo de ceremonia.

Un jmeen o brujo es el intermediario para dar vida a un aluxe en respuesta a la solicitud expresa de un campesino o dueño de terreno en general, a fin de que el aluxe le ayude a vigilar, ya sea una finca, quinta, monte, milpa o henequenal.

La representación de un aluxe suele ser una figura de entre 5 y 20 centímetros de altura, hecha de barro, cera, madera, tela u hoja de elote, sobre la que se derraman nueve gotas de sangre del dedo del campesino que quiere convertirse en su amo.

En una parte recóndita del monte o del sembradío, el jmeen es el encargado de la hechura del aluxe, que también se denomina arux, aluxo’ob o alux k’at.

Los ojos, las uñas y los dientes son simulados con semillas de frijol, mientras el vestido es de hoja de maíz, aunque la figura también puede ir desnuda. Después, el jmeen prende algunas velas y presenta el aluxe al sol y al dios de la lluvia, acto seguido le vierte algunas gotas de sangre y le sopla en su parte posterior, para luego pronunciar el nombre del amo.

El aluxe cuenta con ánima y está en posesión de su dueño, se dedicará a espantar a los ladrones de los productos de la tierra, con silbidos y pedradas. Así mismo, atacará y castigará a quienes cometen actos indebidos en el terreno agrícola, lo cual incluye enfermedades.

Es en este punto en el que la propiedad de un aluxe puede resultar contraproducente, pues si el beneficiario de sus servicios se olvida de su manutención o de respetar sus días de descanso, el mal caerá sobre él.

Un aluxe suele trabajar por la tarde, cuando su amo ya se ha retirado de la milpa. Se aparece con sombrero y escopeta en mano, además de ir acompañado de un perro; según la creencia de los lugareños descansa martes y viernes, días que aprovecha para tomar saka o atole de maíz que le dejan sus dueños.

Los mayas de la península de Yucatán piensan que el aluxe es un ser conciente, capaz de cumplir promesas al milpero, pero también de castigar a los incumplidos y a los transgresores.

Cuando la relación entre el campesino y el aluxe debe terminar en vista de alguna enfermedad, término de la milpa, cambio del dueño del terreno o descontento de su amo por alguna travesura del “duende”, es prudente recurrir de nuevo al jmeen para que éste le explique al aluxe las causas por las cuales se prescinde de sus servicios.

Se cree que un aluxe es un enviado de la divinidad cristiana, sin embargo, con menor frecuencia algunos consideran que es un aliado del diablo. Y si bien con su ayuda habrá siete años de prosperidad agrícola, al término de ese lapso puede ‘llevarse’ a su amo, así que no es de fiar.

Como todo mito, el aluxe no muere, sólo vuelve a su lugar de origen: monte, gruta, cenote, ruinas… allí, si alguien permanece atento en medio de la noche, podrá escuchar los sigilosos pasos de estos seres que aparecieron en el inicio de los tiempos.

18 abril 2010

MARAVILLAS Y MISTERIOS EN CHICHÉN ITZÁ


El depurado arte maya y la severidad militar tolteca, se reflejan en los enigmáticos templos y pirámides que conforman este sitio ancestral. Varias estructuras demuestran este mestizaje cultural plenamente logrado, como el Templo de los Guerreros, cuyos tableros exhiben asombrosos relieves de águilas y jaguares devorando corazones humanos; seguramente ha visto y admirado la escultura del dios Chac Mool al llegar a lo alto, junto con dos soberbios pilares tallados en forma de serpiente. Rodeando dos de sus lados se encuentra el Grupo de las Mil Columnas, nombre dado por sus múltiples pilares que sostuvieron una serie de techumbres que formaban galerías espaciosas.



El llamado Mercado es un lugar muy especial, pues cuenta con un patio trasero delimitado por esbeltas columnas, cuyos capiteles se observan en forma de dado o cubo; la imagen de este lugar evoca fuertemente el arte griego, no en vano los mayas son considerados en Europa como los griegos de América.
Por su parte, el edificio llamado el Caracol es una de las pruebas fehacientes de que los mayas eran amantes de estudiar los fenómenos astronómicos, al emplear esta estructura como observatorio. Otro elemento más que los distingue es el mayor Juego de Pelota construido en toda Mesoamérica, con una dimensión de 168 por 70 metros, y una riqueza ornamental en sus frisos.








Indiscutiblemente en su estructura conocida como el Castillo o pirámide de Kukulcán, ubicada al centro del conjunto, que refleja la suntuosidad militar que rodeó a este dios creador del viento. Su base es cuadrada, tiene 55 metros por lado y 30 de altura; cuenta con nueve cuerpos en talud y una escalinata por cada lado, la principal exhibe cabezas de serpiente al inicio de sus alfardas o muretes que contienen los escalones. Si bien esta pirámide está muy lejos de competir en volumen o altura con la del Sol en Teotihuacan o las de Gizéh en Egipto, tiene la cualidad maravillosa de mostrar año tras año la interacción del hombre y la naturaleza.

Durante los equinoccios de primavera y otoño, al topar los rayos de sol en las alfardas de la escalera principal, se produce un espectáculo increíble de luz y sombra. Se van formando triángulos de luz producto de la sombra que proyectan los nueve cuerpos o plataformas de la pirámide. Esa sombra, conforme avanza el sol, recorre el muro deslizándose hacia abajo hasta iluminar la cabeza de una de las serpientes que se encuentran al inicio de la escalinata. Según los investigadores, este efecto simboliza el descenso del dios Kukulcán a la tierra, para comenzar así el ciclo agrícola. En la imágen, una reconstrucción virtual del templo de Kukulkán.
El Castillo o Pirámide de Kukulcán, es el monumento más impresionante de Chichén Itzá, la grandiosidad y perfección en su construcción se presentan en medio de una gran explanada, alrededor de la cual se elevan otros magníficos edificios; y gracias a sus excelentes proporciones y diseño se la puede admirar a gran distancia. Es sin duda una obra maestra de la arquitectura maya-tolteca. El edificio se cataloga como un mausoleo por la gran cantidad de tumbas que se han hallado. La pirámide, que está sostenida por una base cuadrada de 55.5 m. de lado, se construyó en honor a Kukulcán. Es un monumental edificio de nueve cuerpos escalonados y cuatro fachadas ornamentadas con representaciones de serpientes y tigres. Las cuatro escalinatas tienen 91 peldaños cada una, mismos que sumados a la de la entrada del templo superior equivalen a los 365 días del año. Por lo que algunos expertos piensan que es posible que se haya edificado con el fin de adorar al Sol. La escalera principal está ubicada en la parte norte del monumento, la cual se puede localizar con facilidad dado que al pie de cada una de las balaustras se encuentra una colosal cabeza de serpiente emplumada de piedra. La cabeza descansa en el suelo, el cuerpo erguido para formar el fuste y la cola de cascabel doblada para sostener el dintel.Es un pirámide de 60 metros de lado y 24 de altura, formado por 9 cuerpos escalonados que simbolizan los planos del inframundo. Cada uno de sus lados posee una escalera, de 91 escalones, que permite llegar al templo en la parte superior. Las escaleras del lado norte están rematadas en su base con dos grandes cabezas de serpientes emplumadas, las cuales son parte del espectáculo maravilloso que depara esta pirámide en los equinoccios de primavera y otoño.


Esos dias, el 20 de marzo y el 21 de septiembre, a las 3 de la tarde la luz del sol forma en la balustrada del lado norte siete triángulos isósceles de luz y sombra, configurando el cuerpo reptante de una serpiente. Este efecto simboliza el descenso del Dios Kukulcan (ave-serpiente) a la tierra y suponía el comienzo y fin del ciclo agrícola, según el equinoccio (primavera u otoño). 



Pero las sorpresas del edificio calendario no acaban aquí. Podemos pararnos a ver los siguientes puntos: " En la vista de frente de la escalera vemos que el basamento de 9 plantas se divide en 2 partes. 9 x 2 = 18 meses del Haab o calendario maya. " 91 escalones tiene cada escalera. 91 x 4 escaleras = 365 dias o kines del año maya. Aparte, la pirámide tiene dos templos: el exterior y el interior. En el exterior se descubrió un Chac-Mool, mientras que el interior posee un tigre pintado de rojo con incrustaciones de jade, que probablemente sirviera de trono....




En estos últimos días, el equipo del investigador mexicano Jaime Maussan ha mostrado al mundo una fotografía del Castillo de Chichén Itzá en la que se ve una columna de luz saliendo por la cúpspide de la misma pirámide. La fotografía se ha comprobado que es cierta, la familia que tomó la foto la hizo llegar.
Aquí las imágenes y el enlace a Youtube
Foto 1
 Foto 2
 Foto 3, con la emisión de luz.


Fotografías tomadas de:
http://www.taringa.net/posts/offtopic/4987786/Pir%C3%A1mide-Mexicana-dispara-Rayo-de-Luz.html


 

20 marzo 2010

LOS MISTERIOS DE PAKAL, AHAW DE BEK (PALENQUE CHIAPAS)

LA TUMBA DEL SEÑOR PAKAL

Una de las piezas más significativas de Palenque es la tumba del rey Pakal. Ésta fue descubierta en 1952 por Alberto Ruz Lhuillier en el interior del Templo de las Inscripciones. Pakal murió el 31 de agosto del 683 d.C., a los 80 años de edad. Ascendió al trono en el 615, a los 12 años, y gobernó sesenta y ocho. Durante su largo reinado convirtió a Palenque en la ciudad más importante de finales del Clásico (250-900 d.C.). Ya mayor, sintiendo cercana la muerte, inició la construcción de su templo funerario hacia el 675.

Como la cripta es más grande que la entrada a la misma, los especialistas consideran que fue construida antes que se hiciera la pirámide. El cadáver de Pakal descansó en un sarcófago de piedra caliza con silueta de cuerpo humano que fue sellado con una lápida de 3.8 por 2.2 metros. Una vez completados los ritos funerarios y sellada también la cámara, se colocaron cinco o seis víctimas sacrificiales en un pequeño recinto delante de la puerta cubierta de yeso.

La escalera que conduce por el interior de la pirámide hasta la tumba, fue rellenada con cascajo y ofrendas de jade, cerámica y conchas. También se colocó un respiradero de piedra, o psicoducto, que sube por las escaleras hasta el piso superior del templo. Según la investigadora Linda Schele, los mayas consideraban que el psicoducto permitía a una mitológica serpiente el paso desde la tumba hacia el mundo de los vivos.

La escena representada sobre la lápida que cubre el sarcófago representa el instante de la muerte de Pakal y su caída al Inframundo. Todo el evento está enmarcado por una franja celeste, con kin (día, sol) en la parte superior derecha o noreste y akbaal (noche, oscuridad) en el extremo izquierdo o noroeste. El paso de Pakal de la vida a la muerte es representado con el movimiento del sol de este a oeste. El fondo de la escena está lleno de signos -conchas, abalorios de jade y otros- que se encuentran sobre volutas de sangre.

En la parte inferior se simbolizan las fauces abiertas del Inframundo. El esqueleto de dos dragones, unidos por la mandíbula inferior, integran el recipiente en forma de U que representa la entrada al mundo de los muertos. Sus labios se curvan hacia adentro, como si estuvieran por cerrarse sobre el cuerpo en caída de Pakal. De ahí arranca el Árbol del Mundo, centro del Universo. Un Pájaro Celestial, símbolo del reino celeste, se halla sobre la copa del árbol.

El Árbol del Mundo está marcado especialmente como una entidad sagrada: los signos te (árbol) confirman que es una ceiba. Los signos nen (espejo) lo señalan como algo brillante y poderoso. Una enorme figura del Dios C, símbolo de la sangre y lo sagrado, está inserta en la base del tronco y unida al cuerpo de Pakal. Los extremos de las ramas son los recipientes de la sangría del sacrificio; los dragones de narices cuadradas que salen de aquéllos están rodeados de cilindros y abalorios de jade, lo que los distingue como especialmente sagrados. Cubiertos de joyas, estos dragones contrastan con los dragones esqueléticos que tienen debajo. Los de arriba representan al Cielo, el más sagrado de los tres niveles del cosmos maya; los otros al Inframundo, al que cae Pakal.

Las ramas del Árbol del Mundo son recorridas por una serpiente bicéfala en barra, símbolo maya de la realeza. El cuerpo está hecho de segmentos de jade, lo que de nuevo les da especial valor. Las cabezas que hay a cada extremo de la barra corresponden, rasgo por rasgo, a los de los dragones esqueléticos de las fauces del Inframundo. De éstos salen, al oeste, el Dios K (oscuridad), y al este el Dios Bufón (luz).

Mientras cae por el Árbol del Mundo, Pakal se asienta sobre un monstruo solar. Éste aparece en un estado de transición entre la vida y la muerte: es esquelético de la boca para abajo, pero sus ojos tienen las pupilas dilatadas de los seres vivos. En la vida real, el sol entra en ese estado de transición al amanecer y al ocaso. Aquí, sin embargo, el emblema del monstruo solar contiene un cimi, o signo de la muerte, lo que especifica que la imagen marca la muerte del sol o puesta del sol. El astro, situado en el horizonte, está listo para zambullirse en el Inframundo... y llevará consigo al rey difunto.

Pakal parece tambalearse sobre la cabeza del monstruo solar en una posición irregular. Esta extravagancia señala que también él está en transición de la vida a la muerte. Se desprende de su taparrabo y de las pesadas cuentas de su collar (tiene una parte delantera y otra dorsal), que flota escapándosele del cuerpo; va con las rodillas flexionadas, las manos relajadas, el rostro bien compuesto: no cae aterrado, porque espera vencer a la muerte. Un hueso prendido de su nariz significa que incluso en la muerte lleva consigo la simiente del renacimiento. En maya, los vocablos hueso y semilla grande son homófonos; así pues, el hueso es la semilla de la resurrección de Pakal. Finalmente, Pakal cae como deidad: su frente está penetrada por el cuchillo del dios K. El rey fue dios durante su vida y es dios al caer en la muerte.

LA LÁPIDA DEL SARCÓFAGO DEL REY PAKAL

El Nivel de los Cielos

-1. En la parte superior de la lápida nivel de los cielos, o el mundo de una criatura en forma de pájaro una cruz central. Según apuntan estudiosos, el ave es en parte serpiente parte pájaro, con lo que representa intermedio entre los cielos y la de su cabeza y cola hay dos representaciones del dios sol.

-2. La cruz es en realidad una ceiba, sagrado de los mayas, y se le considera doblemente sagrado cuando brota entrada de una cueva. En la lápida, es la ceiba y la tumba, la caverna, vez significa la entrada al inframundo.

El Mundo de los Vivos

-3. La ceiba gigante tiene una serpiente dos cabezas que enreda su cuerpo las ramas. Estos elementos pertenecen al mundo de los vivos, o mundo.

-4. De las fauces de la serpiente salen dos dioses del mundo medio: el Llamarada, del lado izquierdo, dios Bufón, del lado derecho.

-5. El rey Pakal aparece esculpido su descenso al inframundo, camino que siguen todos los que pasan el mundo de los vivos. Para los mayas el inframundo era, en muchos aspectos, más importante que el mundo de los vivos.

El Inframundo

-6. El signo de cuatro partes sobre cual está sentado el rey simboliza su condición real. Este elemento es el sombrero en la cabeza del gran monstruo que se encuentra en la base de la lápida. Esta criatura es el dios sol del inframundo; su sombrero (muy hundido, a la altura de los ojos) muestra el signo Kin del sol, que es una flor de cuatro pétalos. La nariz del monstruo es la imagen de la del mono araña, que es el Ahau o dios solar. Las quijadas del monstruo son huesos descarnados.

-7. El marco que sostiene la figura de Pakal, como si estuviera en las fauces, son las quijadas superiores de dos serpientes descarnadas. En el centro de éstas, desciende el rey al inframundo.

EL REY PAKAL

Pakal fue un rey maya y su lápida de piedra es otra de las piezas que se presentan como indicio de que seres extraterrestres deben haber visitado la Tierra en la antigüedad. La razón es que la posición de la imagen de Pakal en su lápida sugiere que se encuentra dentro de algún tipo de módulo espacial, con el cual ascenderá hacia el cielo.
La altura promedio de los mayas era de aproximadamente 1,50 metros y el señor Pakal medía 1,70 metros. Eso hace pensar que no era maya. Pero los mayas enterrados en templos eran normalmente celebridades. ¿Qué hizo pensar a los mayas que el señor Pakal era una celebridad? Todo eso hace pensar que este individuo era un ser extraterrestre que aterrizó en territorio maya y compartió con ellos distintos conocimientos, hasta el punto de ser considerado una deidad.

EL ASTRONAUTA

En 1969 la NASA encontró 16 puntos coincidentes entre el dibujo de la lápida y el módulo de mando de una cápsula espacial contemporánea. No cabe duda de que la imagen esculpida es la representación de un astronauta dentro de un módulo espacial fuera de la atracción de la atmósfera terrestre.





Entre las coincidencias que tiene esta lápida con una nave espacial, se pueden mencionar: 1- En la nariz de Pakal se puede observar una especie de aparato que serviría como respirador y cumpliría la función del casco de un astronauta. 2- En la parte delantera se ven botones y palancas. 3- El cabello ingrávido, como estaría un astronauta sin el casco. 4- En la parte trasera del aparato se distinguen claramente las llamas producidas por la nave.