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15 junio 2012

ESQUELETO DE VAMPIRO EN BULGARIA




La verdad sobre los vampiros está lejos de su leyenda romántica. Así ha quedado patente en Bulgaria, dónde el hallazgo de la tumba de un supuesto "bebedor de sangre" ha revelado su vinculación con algunas costumbres paganas precristianas de los Balcanes.

El descubrimiento, realizado el domingo 10 de junio de 2012, cerca de un monasterio medieval en la pequeña ciudad de Sozopol, a orillas del Mar Negro, muestra a un hombre que había sido enterrado con un hierro clavado en el corazón, explicó el director del Museo Nacional de Historia, Bozhidar Dimitrov.

El supuesto vampiro, o mejor dicho, un esqueleto de hombre que en vida medía unos 175 centímetros, pero cuya identidad y edad todavía se desconocen, fue enterrado en una casa con un trozo de hierro de un arado clavado en el corazón y se halla a partir de hoy en el Museo Nacional de Historia en Sofía.

El personaje, que data del siglo XIV, es una muestra de la costumbre pagana consistente en atravesar el corazón de fallecidos con una hoja metálica para que no resucitaran de entre los muertos.

Así lo explicó a la prensa el director del museo, Bozhidar Dimitrov, al presentar el hallazgo, tras datar el origen de la creencia en los vampiros en la Edad Media o incluso más temprano, en la época precristiana o primeros siglos de los conversos cristianos en el reino búlgaro.

"Los vampiros son parte de la mitología búlgara y la creencia en ellos data de la época precristiana, pero el cristianismo los rechazó", explicó Dimitrov, un conocido historiador búlgaro.

Según el científico, la creencia popular en aquella época consistía en que al morir una persona su alma iba al reino celestial, donde recibía el reposo eterno, aunque esta prerrogativa solo valía para las almas de los justos y sin pecados, y que habían respetado las entonces normas morales.

Por el contrario, las almas de los malvados se quedaban en sus cuerpos y muchas veces salían de la tierra para beber sangre, primero de animales y posteriormente de seres humanos, según la leyenda.

Por ello, para prevenir que el difunto se convirtiera en un vampiro, en la noche inmediatamente después del entierro, y siempre antes de medianoche, un grupo de valientes exhumaba el cadáver y le clavaba un hierro o un palo de madera en el pecho.

"Los más ricos usaban hierro y los pobres clavaban madera", aseguró Dimitrov, tras añadir que así se creía que el peso del material presionaría al muerto y no le permitiría levantarse.

Apuntó también que el esqueleto en cuestión ha sido encontrado detrás de una iglesia medieval, un lugar reservado especialmente para enterrar a personas importantes y de alto rango social, como alcaldes, recaudadores de impuestos, consejeros municipal o sacerdotes.
"Pero podría ser también un pirata marítimo que actuaba en esta región en aquella época. Era conocido como Krivich, o el Curvo en búlgaro", supuso Dimitrov.

Y recordó que poco después del primer hallazgo, se encontró una segunda tumba un cadáver también atravesado por un hierro, del que se sospecha que, por la constitución de los huesos y la cercanía a la primera tumba (tan solo 50 centímetros), podría ser su esposa. "Lamentablemente, los huesos de la supuesta esposa están en muy mal estado y no se pueden trasladar. ", señaló Dimitrov.

"Uno de los empleados no paraba de santiguarse al lavar los huesos", anotó.

El arqueólogo al origen del descubrimiento, Dimitar Nedev, estimó que este esqueleto y otro más endeble, al lado, "serían intelectuales del siglo XIV adelantados respecto a las ideas de su época". "Eran temidos y por lo tanto enterrados más allá del recinto" de la ciudad.

Los rituales para impedir que las personas se conviertan en vampiros después de su muerte existen en todas partes en Bulgaria, todavía hoy en día, explica el profesor de etnología Ratchko Popov.

El vampiro es imaginado como un ser feo --tuerto, con joroba o cojo-- o demasiado viejo, que se alimenta con sangre de ganado, pero que también puede atacar a los seres humanos. Como el vampiro en principio teme el agua, pueblos enteros de la región de Strandja se mudaron al otro lado de un río para huir, recuerda.

"Tras la muerte de mi marido, en 2008, hemos efectuado un rito: con un huso de madera, hemos agujereado la tierra de su tumba para que se quede", indica Zara Dimitrova, una institutriz jubilada del pueblo Novo Selo.

"Mi tía ató los pies de mi tío fallecido con los cordones de sus zapatos para impedir que vuelva como vampiro", declara Valia Ivanova, una intérprete de Sofia.

El tratamiento contra el vampirismo engloba diversas prácticas. En el caso del esqueleto de Sozopol se le atravesó el corazón con una reja de arado.

En la ciudad antigua de Deultum, cerca de Sozopol, se descubrieron en 2004 en una tumba tracia seis esqueletos de los siglos IV o V con los brazos y las piernas enclavados y enterrados profundamente. Estos esqueletos, rodeados por piedras talladas, otra medida contra la resurrección en vampiro, son los más antiguos que testifican de esta práctica en el territorio búlgaro, según el arqueólogo Petar Balabanov.

El 12 de junio, el arqueólogo Nikolai Ovtcharov anunció el descubrimiento en un monasterio en Valiko Tarnovo de un esqueleto, que todavía no ha sido fechado, atado al suelo con grapas de hierro, tres en las piernas y una del lado izquierdo del tórax. También estaba cubierto con carbón quemado.



Tomado de:
Agencia EFE y AFP.

03 mayo 2012

DE LA PASCUA JUDÍA A LA CACERÍA DE BRUJAS: LAS DOCE VERDADES DEL MUNDO




Cuando el sol comienza a ocultarse tras la sierra y los últimos rayos de luz alcanzan a colarse por entre la ventana, el olor a café y a tortillas de harina inunda la casita de doña Rosa Palomo. El día de trabajo ha acabado en el ejido y cede su lugar a la memoria y al relato: Mientras ella vivió siempre veíamos esos animales que volaban del techo. A veces apenas nos acabábamos de meter y alguien gritaba como un cócono, como un gato, como un perro... a los perros cuando ladraban les remedaba también. Mi suegro era el que nos platicaba a nosotros: “Ahora verán, les voy a rezar las Doce Verdades del Mundo...”



En estos rumbos del Noreste de México, los relatos de brujas están íntimamente ligados a una tradición oral que se conoce como Las Doce Verdades del Mundo. Prácticamente todas las personas que conocen alguna historia sobre brujería han oído hablar de las Doce Verdades, aunque no las conozcan por completo.

Las Doce Verdades son una serie acumulativa religiosa que, según dicha tradición popular, sirven como conjuro para tumbar a las brujas. Los más viejos y la gente del campo aún recuerdan, no sin un dejo de nostalgia, que las Doce Verdades eran un conocimiento básico, necesario para vivir: más antes la mayoría de la gente se sabía las Doce Verdades, dice doña Esperanza Martínez.

Estas Verdades se componen de dos elementos: un número y una referencia religiosa. Número y referencia religiosa se unen por una palabra que funciona como gancho, para facilitar la memorización de las Verdades. Así, el número 1 se une a la referencia Un solo Dios por la palabra un; El 12 se une a la referencia Doce Apóstoles por la palabra doce. Y así para cada una de las otras 10 Verdades.

Este recurso mnemotécnico, conocido como palabras gancho, es común en la tradición judía que dio origen a los textos bíblicos. Dicho señalamiento resulta relevante si se considera que el poema Ejad mi Iodea -¿Quién sabe el significado de uno?-, parece ser la referencia más antigua en el origen de las Doce Verdades. El poema se atribuye al rabí Eliezer Rokeaj, quien lo compuso en el siglo XII, en Worms Alemania. Luego se incluyó en el ritual de la cena pascual judía hacia el siglo XVI con el propósito de animar a la comunidad e instruir teológicamente a los jóvenes (Shurpin, 2009).

Es muy probable que, tras la expulsión de los judíos de España, el poema se haya reelaborado con contenidos cristianos, y que sobreviva en zonas rurales de Galicia, Asturias, Valladolid, Andalucía, Salamanca y La Mancha, en las canciones y juegos infantiles como Las Doce Palabras (o Palabricas) Retornadas o Las Doce Palabras Redobladas o Las Palabras Retornadas del Señor Ángel de la Guarda, de los que es innegable su sabor judío (De Vicente y Fernández, 2005). Estos recursos catequísticos llegaron a la Nueva España con los misioneros europeos y, dada la influencia cultural criptojudía del Noreste de México, su arraigo en la memoria colectiva sería bastante lógica.

La recitación de las Doce Verdades, además de ser una forma de proclamar la fe, es también un ritual. La relación con los relatos de brujería lo confirma. Doña Rosa Palomo cuenta que su suegro agarraba un cordel grandote, y en cada rezo que iba echando iba echando un nudo. Echaba otro rezo y echaba otro nudo.


Y doña Esperanza Martínez señala que primero las rezan. Tienen un cordón. Él siempre usaba ese cordón aquí, cordón grandote. Aquí en la cintura, aquí lo acostumbraba. Y cuando se van rezando, decía él que se va echando un nudo. Y luego se rezan al revés. Y se viene echando un nudo al revés, al revés, al revés, y así. Y ya cuando van cayendo, que ya viene cayendo la bruja, se viene transformando en gato, y maúlla como un gato, ladra como un perro. Gruñen así los animales, viene transformando y transformando, y ahí... baja el animal pero en forma todavía de animal. Eso debe ser sin perturbarse nada, nada. Están rece y rece las Trece Verdades al revés y al derecho, al revés y al derecho, al revés y al derecho y al revés y al derecho... hasta el último que ya caen. Cae la mujer o el hombre. Porque, pues, son hombres a veces también.

Así pues, según la tradición oral, el ritual de las Doce Verdades exige hacer un nudo en un hilo negro bendito, o en un cordón, o en un paliacate, o en algo parecido que se tenga a mano: Nomás se atravesaba un animal en el camino y luego luego, a rezar las Doce Verdades y a sacar uno el paliacate para ir haciendo los nudos, decía don Lucio Valdés, allá en la sierra de Arteaga.

Según la tradición oral, quien recite las Doce Verdades para tumbar una bruja, ha de tejer un nudo en el cordón al tiempo que va enunciando cada Verdad, de la uno a la doce. Y luego al revés, mientras recita las Verdades de la doce a la uno, va deshaciendo los nudos del cordón.

Semejante rito para agarrar brujas encierra en sí un profundo simbolismo. Los números expresan ideas y fuerzas, no solo cantidades. El número es producto de la palabra y del signo. Los números son el nudo de las relaciones de lo que sucede en el universo, dice Gheerbrant (2000:763).

Los elementos religiosos relacionados a cada número forman un conjunto de afirmaciones capitales o centrales para el creyente que las recita. Si el poema Ejad mi Iodea, forma el núcleo de fe en torno a la Torah, las Doce Verdades del Mundo forman el núcleo de fe en torno a la revelación cristiana.

El cordón simboliza la vida. La tradición bíblica mira la vida como una cuerda de tejedor que puede cortarse de pronto (cfr. Is. 38, 12). Así lo vieron también los griegos en sus Moiras, los vikingos con sus Nornas y los romanos en las Parcas.

Tejer es un símbolo del destino que se construye con las relaciones y las decisiones; es crear, sacar lo mejor de uno mismo, como lo hace la araña al tejer su tela (Gheerbrant, 2000:982). Un nudo representa fijación en un estado determinado, pero es un símbolo doble, ya que deshacer el nudo significa liberación. Los nudos simbolizan el atar la voluntad o atar a la persona. En el sur de la Ciudad de México, por ejemplo, cuando alguien ha perdido algún objeto y que no lo encuentra por ningún lado, anuda una prenda de color rojo y golpea con el nudo tres veces al tiempo que recita el siguiente verso: San Cucufato, san Cucufato/hasta que no me lo entregues/no te desato.

De esta forma, quien reza las Doce Verdades al tiempo que teje los nudos en el cordón, está definiendo el destino de la bruja o brujo que ha decidido atrapar. Por ello sería inevitable que el conjuro sea eficaz, pues se atan las propiedades mágicas del brujo o bruja con ello. Pero como también deshace los nudos cuando reza al revés las Doce Verdades, se simboliza el movimiento de vida-muerte, de todo lo que nace, muere y renace.

Doña Rosa Palomo relata que su suegro una vez tenía una señora. -¿Y esta señora quién es? -¿No la oyeron anoche cómo estaba chifle y chifle y búrlese y búrlese? dice, y me puse y la agarré. Lloraba la señora porque no la quería soltar mi suegro. Dice: -No, no la voy a soltar, yo no la voy a soltar. Luego, ya después de tanto, dijo: ¿Yo qué voy a hacer con esta mujer? Y estuvo soltando todos los nudos, todos los nudos y se despareció la señora.

Además es importante apuntar que la tradición sobre las Doce Verdades insiste en que hay que hacer el conjuro sin perder en absoluto la concentración, porque si no, se corre el riesgo de que el conjuro no sea efectivo. Doña Esperanza Martínez dice que sin perturbarse. Porque si se perturban, los aporrean, los arañan, los picotean... Baja el animal pero en forma todavía de animal. Eso debe ser sin perturbarse nada, nada. Así, lejos de atar a la bruja, quien hace el rezo quedará atado por su propio conjuro y sufrirá las consecuencias.

¿Pero cuáles son las Doce Verdades? A partir de 21 versiones diferentes recopiladas, se hace un trabajo de crítica textual que toma en cuenta 3 criterios de selección: el criterio de testimonio múltiple, el criterio de coherencia teológica y el criterio de explicación necesaria.

El criterio de testimonio múltiple exige inclinarse por la expresión con mayor número de referencias en las 21 versiones. El criterio de coherencia teológica implica elegir la expresión que sea coherente con la doctrina oficial del cristianismo, a la que aluden las Verdades. Y el criterio de explicación necesaria señala que ante un conjunto considerable de datos que exigen una explicación coherente, se ofrece una explicación que ilumina armónicamente estos elementos. Además, no hay que perder de vista que los tres criterios se exigen recíprocamente.

Señalado lo anterior, las Doce Verdades del Mundo serían:

I. Un solo Dios;
II. Dos Tablas de la Ley;
III. Tres personas divinas;
IV. Cuatro evangelios;
V. Cinco llagas;
VI. Seis candeleros;
VII. Siete palabras;
VIII. Ocho coros;
IX. Nueve meses;
X. Diez mandamientos;
XI. Once mil vírgenes;
XII. Doce apóstoles.

Con base en los criterios de coherencia teológica y de explicación necesaria, los números de cada verdad y cada verdad enunciada, implican un camino y una tarea a realizar por el creyente, ya que por eso son “verdades”. Así, las Doce Verdades del Mundo parecen ser una especie de camino simbólico de iniciación.

El camino iniciático comienza, en Dios, fuente de todo cuanto es y existe (I). Las Tablas de la Ley (II) simbolizan la entrada de Dios en la historia para revelarse al hombre, revelación que llega a su plenitud con Cristo, que revela la Trinidad Divina (III) y pone al alcance del hombre la salvación (IV) y con su muerte y resurrección (V) abre los cielos a la humanidad, comunicando siempre su vida por la Eucaristía y los sacramentos (VI) memoriales de su pasión (VII). Así la multiforme gracia de Dios santificará a los hombres (VIII), que habrán de dar a luz a Cristo en sus propias vidas (IX) aceptando la Ley de Dios en sus corazones (X), consagrándose en cuerpo y alma (XI) para construir el Reino de Dios en la tierra por la Iglesia (XII). Aquí se llega al punto central y comienza el “descenso”.

Como bautizado y miembro de la Iglesia (XII) hay que esforzarse por consagrar todo el mundo a Dios (XI) y hacer que su Ley reine en todos los hombres (X). Así será posible que se forme Cristo en cada persona por la gracia (IX). Esta configuración con Cristo lleva al creyente a hacer vida la fe en los diferentes ámbitos de la vida, de sus quehaceres y trabajos (VIII), incluso hasta el extremo de dar su vida (VII). La gracia de los sacramentos (VI) mantiene viva la fuerza de la esperanza de que otro mundo es posible, siguiendo las huellas de Jesucristo Crucificado y Resucitado (V), convirtiendo los evangelios (IV) en guía para la vida y conduciendo el mundo y la historia al Padre, por Cristo en el Espíritu (III), y haciendo del amor, centro de la Ley de Dios y su Alianza (II), el núcleo de la Nueva Creación, donde Dios será todo en todos (I).

Hay que agregar que en algunas variantes orales aparece una verdad trece. Ya en el Ejad mi Iodea el número trece corresponde a los atributos divinos. Trece es el valor numérico de la palabra hebrea ejad, uno. Esto lleva nuevamente a la primera estrofa del poema, la unicidad de Dios. En las Doce Verdades, más que una confesión religiosa de tipo doctrinal o una verdad, parece ser una especie de colofón a la recitación de las otras doce: Trece rayos de sol conduzcan a las brujas y a las hechiceras a los infiernos; otra versión dice: las doce ya las dije, trece no las aprendí, vete al infierno, demonio, que esta alma no es para ti. Una más expresa: Los trece rayos de Sol que le caigan al demonio y le partan el corazón.

La explicación anterior puede parecer compleja y demasiado académica, comparada con el contexto popular que se respira en los testimonios orales sobre las Doce Verdades del Mundo. Pero, con base en el criterio de explicación coherente, el muy posible origen judío de las Doce Verdades ya señalado, permite la interpretación de estas como parte de un proceso de iniciación.

Finalmente, ante la abundancia de testimonios distintos con respecto a un conjuro se pone en entredicho la eficacia de un lenguaje mágico, o al menos cuestiona la pertinencia de fórmulas mágicas que han de repetirse precisa y exactamente para lograr el efecto deseado. Si tal precisión y exactitud no son necesarias, es porque la palabra requiere a su vez de un ritual que valide dicha palabra y viceversa, el ritual requiere ser validado por las palabras. Ambos elementos se exigen mutuamente, en el ritual las palabras explican los gestos y estos dan sentido a las palabras. Solamente juntos, palabras y gestos, se vuelven mágicos.

Además, los símbolos se narran. El símbolo requiere de la narración que expone su sentido, hace anámnesis de los acontecimientos que le dan origen e involucra a los oyentes en su dinámica, al modo de un memorial. De esta forma, símbolo y mito se unen indisolublemente en el lenguaje, y quienes conservan viva la memoria implicada en el símbolo, crean el rito que le permite hacerlo cercano, convirtiendo aquello que es oscuro e inexplicable, lo que atemoriza y despierta pavor, en algo susceptible de ser tratado, como explica José Luis Cardero (2008:16).
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REFERENCIAS:

CARDERO LÓPEZ, José Luis (2008): De lo Numinoso, a lo Sagrado y lo Religioso. Magische Flucht, Vuelo Mágico y éxtasis como experiencias con lo Sagrado, Madrid: Instituto de Ciencias de las Religiones.

DE VICENTE, Enrique y Lorenzo FERNÁNDEZ BUENO [eds.] (2005): «Curanderos, el poder de la tradición», disponible en [fecha de consulta: 20 de septiembre de 2010].

GHEERBRANT, Alain y Jean CHEVALIER [dirs.] (2000): Diccionario de los símbolos, [trads. Manuel Silvar y Arturo Rodríguez], Barcelona: Herder.

SHURPIN, Yehuda (2009): «Echad Mi Yodea. Who Know's One?!» en Chabad.org, disponible en [fecha de consulta 26 de abril de 2012].

17 enero 2012

EL ÁNIMA SOLA


Demolida la primitiva catedral de México, ubicada frente al actual Monte de Piedad en el siglo XVII, la nueva sacristía fue utilizada como Catedral.
Sin embargo, como la sacristía quedaba muy elevada sobre el nivel de la calle, se construyeron unas escalerillas de madera para acceder a ella, por lo que la gente comenzó a llamar a esta calle como la “Calle de las Escalerillas”.
Precisamente, a espaldas de la Catedral Metropolitana, en la antigua calle de las Escalerillas llamada hoy en día República de Guatemala, se ubica la “Capilla de las Ánimas”. Esta pequeña y austera Capilla fue construida en 1721 sobre lo que había sido un antiguo panteón. Fue usada durante mucho tiempo como osario y posteriormente abierta al culto religioso.

En su fachada lateral que ve hacia la calle Rep. de Guatemala, sobresale un bello relieve de cantera que representa un ánima en medio de las llamas del purgatorio. La estampa que todavía conserva restos de su colorido original, muestra a un ánima sola, desamparada, piadosa, llena de dolor, condenada a pagar en medio de las llamas del purgatorio por sus pecados no redimidos en vida en este mundo. El Ánima Sola es una creencia que está todavía muy arraigada en la religiosidad popular. Su devoción data desde los primeros colonizadores. La representan, normalmente, como una mujer que padece tormentos en el purgatorio y recorre los caminos con las manos atadas con cadenas.

Los habitantes de la Nueva España eran muy creyentes y temerosos del Purgatorio y la presencia de esta estampa cumplía con una doble misión: recordar a todos los fieles una dramática realidad celestial a la que todos los católicos son futuros candidatos sin excepción y pedirle a todo aquel que pasaba frente al relieve del Ánima a que ofreciera sufragios y oraciones por la salvación eterna de todas aquellas almas que aún estaban en ese “lugar de purificación”, esperando la tan ansiada partida al Cielo.

Se supone que tan devota actitud a favor de la salvación de las Ánimas del Purgatorio es recompensada muy favorablemente por Dios al momento de morir y traspasar el umbral de esta vida terrenal. Para la iglesia católica, la permanencia en el purgatorio es transitoria y comprende el estado de purificación necesaria para aquellos que, habiendo muerto en gracia de Dios y teniendo segura su salvación, necesitan mayor purificación para llegar a la santidad necesaria para entrar en el cielo con la esperanza de encontrarse algún día cara a cara con Dios.

Los pequeños detalles como la “Estampa del Ánima”, además, de enriquecer y embellecer las calles del Centro Histórico, son testimonios importantes de la forma de ser, pensar y actuar de los antiguos pobladores y nos permiten entender su comportamiento cotidiano.



Pero además de la devoción y del elemento histórico, existen leyendas sobre el ánima sola...

La leyenda que corre de boca en boca no se parece en nada a la citada en la Sagrada Escritura en relación con la "sed de Cristo". Dicen que en Jerusalén tenían mujeres destinadas a darles de beber a los que sacrificaban en la cruz. La tarde del Viernes Santo le tocó subir al Calvario a una joven: Celestina Abnegada. Del ánfora dio a beber a Dimas y a Gestas, los dos ladrones que acompañaban a Jesús. Al Salvador lo despreció y por eso Él la condenó a sufrir la sed y el calor constante de las llamas del Purgatorio.

Una variante de la misma leyenda dice que Celestina Abnegada, está condenada a sufrir la pena de una inmensa soledad hasta el fin de los siglos, porque perteneciendo a las mujeres piadosas de Jerusalén que tenían por oficio asistir a los condenados, sucedió que en la tarde del viernes Santo, subir al Calvario con un cántaro de agua refrescante para darles de beber a los mártires del patíbulo y de esta bebida les dio a Dimas y Gestas, pero por temor a los judíos no quiso darle de beber a Jesús y fue condenada a andar errante en el mundo.

No es de extrañar que la leyenda en torno a este espíritu sea tan imprecisa como la forma en la que es invocada. Es conocido que el ánima sola es invocada tanto para el bien como para el mal.

Existen devotos de las ánimas del purgatorio y en especial de ella, por quien rezan y encienden luces para disminuir sus penas y con esto esperan algunos beneficios. Otros en cambio, la invocan con oraciones satánicas con el fin de, amarrar a una persona o perjudicarle. Este aspecto ambivalente del ánima viene por su baja luz, por lo cual actúa combinándose con la magia blanca o negra.

Se cuenta que quienes piden al ánima sola un favor deben pagar su promesa al pie de la letra, tal cual lo ofrecieron si concedía la petición, ya que ella puede ” vengarse ” de quien le deba un pago.

El ánima sola no es una santa consagrada por la iglesia, pero por su intercesión se puede orar y alcanzar muchos beneficios de lo alto, palpable en grandes milagros obtenidos mediante su invocación, sin alterar en nada su fe católica instituida por Jesucristo y legada por nuestros mayores.


En América del Sur, se cuenta que este es uno de los más espeluznante espantos del que se tenga noticias, tiene como finalidad el hacer daño por efecto psíquico u otros medios de manipulación de terceros. El Anima Sola se presenta en forma de mujer de largos cabellos y atractivo rostro y tiene la finalidad de cobrar las velas de las Animas Benditas, pues en estos pueblos la gente acostumbra a pedir favores a las Ánimas y estas casi siempre le conceden los favores a cambio de que se tengan prendidas cierta cantidad de velas durante un tiempo antes prometido, de no cumplirse con esta contra prestación de los devotos, hace su entrada el Anima Sola; para recordar la deuda de una manera tenebrosa.

En Guatire, sector  las Flores del Ingenio, Venezuela, se cuenta que una señora devota de las ánimas, en una ocasión olvidó prender la prometida vela a pago de favores de éstas, esa noche tocaron a su puerta y resultó ser una amiga de la cual tenía tiempo no veía, para su desdicha e ingenuidad la invitó a pasar, al momento y una vez dentro la visita se convirtió en un celaje que recorrió -cual inmensa sombra negra- toda la sala, tomando a su víctima por los cabellos en repetidas ocasiones causándole grandes moretones, la señora aterrada se arrastró como pudo hasta el altar y prendió temblorosa un cabito de vela a la vez que pedía perdón por el olvidó, al momento la gran sombra abandonó la casa; dejando privada a la olvidadiza señora, quien desde entonces prende a diario gran cantidad de velas, aunque no haya nuca más pedido un favor ni dejado pasar a su casa visita alguna.

Puedes escuchar otro relato sobre el Ánima Sola, de Colombia, en el siguiente enlace de Radioteca:


https://radioteca.net/audio/30-por-los-caminos-del-anima-sola-colombia

02 diciembre 2011

MANCHAS NEGRAS


Aquí va un impresionante testimonio del exorcista Gabriele Amorth:

Un marido, su mujer y un sobrino regentan un supermercado con la ayuda de dos empleados. Poco después de haber abierto la tienda, todos sufren un persistente dolor de cabeza, acompañado de unas manchas negras en los brazos, en cuanto pisan el local.
Las manchas se ponen rojas, empiezan a dolerles mucho y se extienden al cuello y los brazos, por todo el cuerpo. Uno tras otro los aparatos se estropean: el frigorífico, las cámaras del mostrador, la caja registradora... Manos invisibles cambian de lugar los productos. La puerta de entrada se atasca, o se abre sola. Siempre hay algo que no funciona, pero cuando llega el técnico va bien; una vez se ha ido reaparecen las averías.

Cuando me llamaron prometí que iría a bendecir el local, aunque les pedí que antes se confesaran y se comprometieran a seguir un camino de fe. Después exorcicé la tienda y a todo el personal para romper cualquier hechizo o maleficio que pudiera haber. Mientras rezaba coloqué unos vasos con agua bendita y sal en varios puntos del establecimiento. Al día siguiente, la sal de cinco vasos se había derramado hasta el suelo; en cambio, en los otros tres no ocurrió nada.

Según observaron los cinco protagonistas, la mujer del piso de arriba, que había intentado impedir por todos los medios la apertura de la tienda, entraba y salía sin comprar nada. Siempre se detenía ante el lugar donde estaban ocultos los vasos de los que se derramaba la sal, como si esperase descubrir algo. Habíamos esparcido sal exorcizada por todas partes y habíamos rezado mucho, repitiendo las renuncias a Satanás, las oraciones contra los maleficios y la renovación de los votos bautismales. Colocamos bien a la vista una imagen de Jesús Misericordioso y el personal adquirió el hábito de rezar una oración todas las mañanas, antes de empezar a trabajar.

Una vez, al entrar en la tienda, a mí también me salió una mancha en el brazo; primero era negra y después, roja, muy dolorosa. Me apliqué óleo exorcizado en el brazo y se me curó enseguida.
Después de cuatro exorcismos (y muchas oraciones) acabaron todos los fenómenos y trastornos, la extraña mujer no volvió a aparecer y ahora en el supermercado trabajan en paz.

Tomado de: AMORTH, Gabriele y Marco TOSATTI (2010): Memorias de un exorcista. mi lucha contra Satanás, [trad. Helena Aguilà Ruzola], Barcelona: Indicios.







Puedes escuchar la dramatización de la película "El exorcista" realizada por Radio Naconal de España aquí:

25 julio 2011

EL MITO JACOBEO

Hay varios Santiagos en el Nuevo Testamento, por ello es preciso identificar bien a nuestro Santiago al que se le añade el apelativo: "Santiago, el Hijo de Zebedeo o el Mayor". Era el hermano mayor de Juan, el Apóstol, y originarios de Betsaida habitaban en la cercana Cafarnaúm, trabajando en el negocio familiar de pesca en las riberas del Lago de Genesaret; pertenecían, pues, a una familia de modestos propietarios con su padre Zebedeo. El mismo Jesús apodó a Santiago y a Juan con el sobrenombre de "hijos del trueno" seguramente por su arrojo y decisión. Santiago aparece como una persona apasionada, capaz de ponerlo todo en juego; como una persona que arrasa por su empuje y que no se para en echar cálculos y medir consecuencias. Una vez muerto Jesús, Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén. Herodes Antipas lo escoge, igual que a Pedro, como figuras representativas para dar un escarmiento a la comunidad cristiana y contentar a los judíos. Murió entre los años 41 y 44 en Palestina, decapitado, por orden de Herodes Agripa, cuando intensificó la persecución de las primeras comunidades cristianas para ganarse el favor de Roma.


Yago fue la forma que tenía en la Edad Media el nombre bíblico "Jacob", ilustre porque lo llevó el patriarca que arrebató la primogenitura a su hermano Esaú, y que a partir de sus doce hijos fundó el pueblo de Israel organizado en las doce tribus; pero mucho más ilustre entre nosotros porque éste es el nombre del apóstol al que llamamos Santiago (Sant + Yago) el Mayor, que según la tradición fue a predicar el Evangelio a España. El nombre hebreo del que procede Yago es Yakob y suele interpretarse como "el que anda a la sombra de Dios". En español tenemos también la forma "Jaime", evolucionada a partir de la forma latina Jacobus, que en francés dio Jacques y en italiano Giáccomo.
A partir de estas transformaciones es más fácil adivinar la transformación de Jacobus en Jaime. La universalidad de este nombre es extraordinaria. A ello contribuyeron en especial las peregrinaciones al sepulcro del Apóstol en Santiago de Compostela, desde todos los rincones de la cristiandad. Santiago fue, con Roma y Jerusalén, uno de los tres grandes lugares de peregrinación de la cristiandad. Tal era la multitud de peregrinos que en los tres siglos de esplendor pululaban por los caminos que llevaban a Santiago, que los devotos empezaron a llamar a la ruta luminosa de la Vía Láctea , Camino de Santiago, por la semejanza entre las innumerables estrellas de ésta con las riadas de peregrinos al sepulcro del Apóstol.
Las leyendas jacobeas recogen dos versiones acerca de la presencia del Apóstol Mártir en la península: La primera dice que, a la muerte de Jesús, los apóstoles se repartieron los lugares en que debían predicar, correspondiéndole a Santiago Hispania y las regiones más occidentales del imperio romano.
El Apóstol habría recorrido Asturias, Galicia, Castilla y Aragón predicando la palabra de Dios con escaso éxito. Relata además que durante esta misión se le apareció la Virgen junto al Ebro, sobre una columna, y allí se le ordenó construir una iglesia. La segunda versión sostiene que tras el martirio, su cuerpo fue llevado en barco por sus discípulos desde Jerusalén hasta Iria Flavia, en el Finisterrae. Aquí la historia y la leyenda se funden. Una vez decapitado en Palestina, su cuerpo fue arrojado fuera de la ciudad como pasto de perros y fieras, pero sus discípulos al caer la noche, lo recogieron y lo llevaron al puerto de Jope, donde providencialmente apareció una embarcación aparejada y sin tripulación. Al séptimo día de navegación arribaron a la desembocadura del río Ulla, en Galicia. Tras diversos incidentes con la mítica «Raiña Lupa», lograron permiso para enterrar a Santiago. Al depositar el cuerpo del maestro sobre una gruesa roca, ésta cedió como si fuera de cera hasta convertirse en el sarcófago del santo.

El hallazgo del sepulcro del Apóstol tiene lugar en el siglo IX, en una fecha indeterminada alrededor del año 820. En una península ibérica dominada por el emirato omeya de Córdoba, los pequeños núcleos de poder cristianos se concentran en el norte. Uno de los más fuertes era el Reino de Asturias y Galicia. Es en este contexto histórico cuando tiene lugar el hallazgo del sepulcro de Santiago. Según la leyenda, un ermitaño, que vivía en el lugar de Solovio, en el bosque Libredón, contempló durante varias noches una lluvia de estrellas sobre un montículo. Impresionado por las visiones, el ermitaño se presentó ante el obispo Teodomiro de Iria Flavia, para comunicarle el hallazgo. El prelado se dirigió a Libredón y constató el fenómeno. Bajo el fuerte resplandor encontraron un sepulcro de piedra en el que reposaban tres cuerpos. Los identificaron como el de Santiago el Mayor y dos de sus discípulos. Teodomiro hizo llegar la noticia al rey Alfonso II que, consciente de la importancia religiosa y política del descubrimiento, acudió lo más rápido que pudo desde Oviedo para visitar el lugar y prometer la construcción de una catedral. Aquél fue el origen de Compostela.
El rey Alfonso II manda edificar sobre el sepulcro una sencilla iglesia y comienzan a llegar visitantes a la tumba del Apóstol. En el año 844, otro fenómeno sobrenatural daría el definitivo espaldarazo a la figura de Santiago como encarnación de la Reconquista. El 23 de mayo en Clavijo, cerca de Logroño, el rey Ramiro I de Asturias se enfrenta a las tropas musulmanas de Abderramán II en clara desventaja numérica. En pleno fragor de la batalla el apóstol Santiago aparece espada en mano a lomos de su famoso caballo blanco repartiendo tajos entre los infieles. Los cristianos vencen contra pronóstico y el mito jacobeo traspasa definitivamente los Pirineos. Nace así el apelativo de Santiago Mata moros. A partir de ahí se desarrolla el culto que motiva la peregrinación. El Camino de Santiago, fue, junto a una vía de manifestación religiosa, una ruta de comercio internacional, que además puso en contacto dos ámbitos económicos diferentes: El Hispano-musulmán y el cristiano-feudal. Supuso la entrada de corrientes nuevas de pensamiento y manifestaciones artísticas, pero también la difusión más allá de los Pirineos de elementos ibéricos. La peregrinación a Santiago podía ser voluntaria, pero también obligatoria, impuesta como penitencia, desde un punto de vista religioso, o penal, desde el punto de vista civil.
El peregrino era de toda condición social, incluyendo desde reyes y obispos a gente del pueblo llano. El fortalecimiento de la ruta se produce a partir del año 1000; este hecho se sitúa en un marco general de expansión en Europa. Es en los siglos XI y XII cuando las peregrinaciones se convierten en un alud de personas procedentes de todos los puntos. En 1122 se establece el Año Santo Compostelano. El auge del Camino se va a basar en 2 pilares: Por un lado la amplia red de hospitales que se fundan a lo largo de él y por otro, la protección jurídica de que goza el peregrino por lo que se toman una serie de medidas entre ellas la exención de portazgos. En los siglos de auge, la ciudad compostelana vive momentos de pujanza, se convierte en sede metropolitana, en detrimento de Mérida, y se construye la catedral que será consagrada en 1211. En los siglos XI y XII los peregrinos ilustres son abundantes; Guillermo X Duque de Aquitania, Luis VII de Francia, San Francisco de Asís, y muchos otros.
El Camino va a ejercer una gran importancia económica, el movimiento de gentes alentará a artesanos y mercaderes, en su mayor parte extranjeros, a asentarse en distintos lugares del camino, de manera que van naciendo los burgos. Los reyes les concederán fueros para favorecer su desarrollo. En las ciudades que ya existían se van a formar barrios de francos que dinamizan y darán un carácter más urbano a la ciudad. En éstas va a nacer una nueva clase social: La Burguesía y con ella nuevos problemas sociales, plasmados en los enfrentamientos contra los señores feudales. La orden de Cluny va a jugar un papel esencial en la peregrinación, ya que a lo largo de la ruta crea monasterios y hospitales. También los reyes favorecerán al peregrino, destacando entre ellos Alfonso VI. En los siglos XIV y XV se experimenta un retroceso en las peregrinaciones. Por un lado la catástrofe del XIV, peste negra y frecuentes guerras, por otro el cisma se produce en la cristiandad en 1378 y también la recesión económica que se localiza en la ruta jacobea. En el XVI la aparición del protestantismo supone un duro golpe, viviendo la ruta sus horas más bajas. En el XVII y XVIII parece existir una cierta recuperación del Camino, éste se plasma en el desarrollo del arte barroco en la capital compostelana. En el XIX la crisis llega al punto de que el 25 de julio de 1867 apenas había 40 peregrinos en Santiago. El descubrimiento de los restos del Apóstol en 1879, escondidos cuando Francis Drake atacó La Coruña, dio nuevos bríos a la peregrinación. En 1884 el papa León XIII declaró como auténticos los restos descubiertos. En la actualidad el Camino vive una época de auge. El Consejo de Europa declaró el Camino de Santiago como Itinerario Cultural Europeo, en 1987, señalando el valor trascendental de la peregrinación en la formación de una civilización común a todos los pueblos europeos. El renacimiento de la peregrinación coincide con la formación de una nueva Europa.
Otra historia del Camino
El Camino es el fin, y la tierra, polvorienta y de asfalto, es el medio de transitar por él. El Finis Terrae romano y anteriormente celta es el destino de miles de personas durante estos años de comienzo del milenio. Parece ser que antes de la aparición del cuerpo del apóstol Santiago ya se iba a Finis Terrae, y allí miles de hombres sintieron aquel "religioso horror" al ver apagarse el sol en las aguas del océano. El resurgimiento peregrinal, sobre todo desde el Año Jacobeo -1993- es un hecho que los estudiosos sociales tendrán que analizar. La mezcla de reto deportivo con religiosidad, con búsqueda de lo auténtico y de uno mismo, todo ello escoltado por estilos románicos y góticos, entre caballeros templarios y monjes benedictinos, entre hayas y trigos, entre castaños y carvallos, entre leyendas y milagros hacen del Camino de Santiago una experiencia singular. El marketing de las diferentes Comunidades Autónomas ha hecho el resto. Para muchos el recorrido del Camino de Santiago se convierte en peregrinaje cuando se encuentran con las raíces religiosas e históricas de Europa, cuando renuevan un camino de transformación interior, y cuando caminan al ritmo de otros siglos. Desde el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago en Compostela, en el siglo IX, el Camino de Santiago se convirtió en la más importante ruta de peregrinación de la Europa medieval. El paso de los innumerables peregrinos que, movidos por su fe, se dirigían a Compostela desde todos los países europeos, sirvió como punto de partida de todo un desarrollo artístico, social y económico que dejó sus huellas a todo lo largo del Camino de Santiago.

En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Es la época del camino de la costa, más seguro que los del interior, expuestos a las correrías árabes. Será a partir del año 1000 cuando se popularizan las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Los monarcas comprendieron que mantener el Camino libre y expedito era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio. Dos son lo reyes que más apoyarán la ruta jacobea: el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. El Camino se dota de una serie de infraestructuras (calzadas y puentes) y de lugares asistenciales para el peregrino. Fundamentales en este campo han sido las ordenes religiosas hospitalarias, entre las que destaca la de Cluny. La primera eclosión en las peregrinaciones a Santiago se produce en los siglos XI y XII, coincidiendo con el esplendor del arte románico. En 1122 el Papa Calixto II proclama Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. Multitudes de gentes comienzan a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el camino. El Camino Francés es el más utilizado y por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años, más tarde con la conquista de Zaragoza se habilitaría el ramal de Somport a Puente La Reina.
Las antiguas calzadas romanas de Burdeos a Astorga pasando por Vitoria y Briviesca y de Astorga a Iria Flavia sirven de base a la ruta jacobea y surgen gran cantidad de burgos y ciudades que acogen una nueva clase urbana de artesanos y comerciantes, la mayoría francos. A partir del siglo XIV el Camino entra en declive, la peste negra ha diezmado la población europea, la cristiandad comienza a dividirse (los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros), el mundo comienza a ensancharse y los monarcas dedican sus esfuerzos a conquistar nuevos mundos. En los siglos XVII y XVIII se mejoran las comunicaciones y el Camino recobra parte del prestigio y recibe peregrinos ilustres, sin embargo en el XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano no se llevan bien con un modo de vida con reminiscencias medievales. Fue tan aguda la crisis que en 1884 el papa León XIII tuvo que declarar verdaderos los restos del Apóstol reaparecidos en unas excavaciones (se habían escondido en el siglo XVI ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Francis Drake). Hoy en día la peregrinación a Santiago parece recobrar el esplendor de antaño, en 1985 la UNESCO declara la ruta jacobea como Patrimonio Universal de la Humanidad.
Santiago de Compostela es la madre de la multitud de ciudades que llevan este nombre. Esta ciudad se fundó sobre el sepulcro del Apóstol. Campus Stellae (campo de la estrella) llamaron al lugar en que fue descubierto. Hay que partir del importantísimo hecho cultural de que los pueblos, las ciudades, los monasterios, se tenían que edificar sobre las reliquias lo más importantes posible (Rómulo edificó las murallas de Roma sobre el cadáver de su hermano Remo) para entender que se trasladasen restos funerarios desde tan lejos (Santiago murió en Jerusalén) y que luego estos grandes sepulcros moviesen a millones de peregrinos. Sobre el sepulcro de Santiago, pues, se edificó la imponente basílica, y en torno a ella creció toda la bellísima y rica ciudad. Y siguiendo su onda expansiva se fundaron Santiago de Cuba, Santiago de Chile, y centenares de ciudades y lugares de la geografía española e hispanoamericana con este nombre, como las villas de Santiago del Saltillo y Santiago de la Monclova, en la actual Coahuila.
A Santiago se le representa siempre barbado, con el cabello cayéndole sobre los hombros, y de mediana edad. Puede aparecer en tres formas distintas, como apóstol, como peregrino y como caballero, aunque es frecuente que motivos iconográficos de dos de estas situaciones se superpongan en una representación:
1) Como apóstol viste túnica, lleva los pies descalzos y en las manos el libro del Nuevo Testamento y la cruz de doble travesaño, porque fue, según la leyenda, el primer arzobispo de España. También lleva espada por su martirio, y puede aparecer entre dos árboles. Ésta es la representación más antigua del santo, aunque sólo con estos atributos no le hemos encontrado en la pintura gótica castellana. El apóstol: se trata de las advocaciones más antiguas, donde aparece vestido con una larga túnica y sosteniendo el Nuevo Testamento en al mano derecha. Esta iconografía la podemos ver en la Catedral de Saint-Sernin de Toulouse y en el pórtico de la Catedral de Santiago de Compostela;

2) Como peregrino puede ir calzado o descalzo, con túnica y manto, que a veces es un capote de fuerte estameña parda como los que llevaban los peregrinos en la Edad Media, y no muy largo para permitirles andar con facilidad. Lleva bordón que se remata en su parte superior por una especie de pomo, y que acaba en punta en la parte baja; sombrero, calabaza, escarcela o esportilla y concha. A veces se le ve llevando algunos peregrinos bajo su manto o con ellos arrodillados ante él, dándonos la imagen de "Santiago protector de peregrinos", pero esta iconografía, que no es habitual en la pintura que nos ocupa, sí lo será en los azabaches. La representación de Santiago peregrino, que hace sus primeras apariciones en esculturas del siglo XII, se generaliza desde fines del siglo XIII y se difunde ampliamente a partir del XIV. El peregrino, como iconografía, es consecuencia de las peregrinaciones a Compostela a partir del siglo XII;


3) Como caballero-guerrero aparece montado en un caballo blanco atacando a los moros, vestido de guerrero o caballero medieval cubierto con manto. Esta iconografía se extiende al amparo de la Cruzada de la Reconquista y es difundida por la Orden de Santiago. Aunque aparece ya en un relive del siglo XII en la catedral de Santiago, no se adoptará de forma general hasta bastante más tarde, y es casi exclusivamente española. Se hace muy frecuente en el siglo XVI, se mantiene durante el barroco, y acaba decayendo en el XIX. El caballero surge después de la batalla de Clavijo, que es la batalla que se libró en el monte Laturce, Logroño, en el año 844, entre las tropas de Ramiro I de Asturias y las de Abderrahmán, emir de Córdoba, en la que salió vencedora la compañía de rey asturiano y que según la tradición, con ayuda del Apóstol Santiago que aparece montado en un caballo blanco y con una bandera blanca en la mano: Santiago “Matamoros”.

La concha de vieira

En su origen la concha fue símbolo de la catedral de Santiago. Se desconoce el motivo de su elección, aunque hay quien lo explica comparando su forma con el sol poniente hacia el que se dirigía la ruta. Hay también quien considera que la concha fue en su origen una marca de cantería que simbolizaba el saber o conocimiento llegado desde más allá del mar. Por último, una explicación más relacionada con el contenido esotérico oculto en el Camino identificaría la forma de la concha con la pata de la oca que señalaba en la ruta los puntos de especial sacralidad

Encontrar el simbolismo de la Concha de Santiago o vieira no ha sido fácil, ni concluyente, ya que existe una gran variedad de opiniones sobre el origen de la integración de la concha de vieira como símbolo del peregrinaje a Santiago.
Lo que sí es seguro es que la concha de viera pasó a llamarse “Concha de Santiago” porque cuando los peregrinos llegaban a Santiago de Compostela, se les entregaba un pergamino que los confirmaba como peregrinos y se les colocaba sobre su sombrero y capa la concha de vieira, que es de suponer que “entre otras cosas”, demostraba su estancia en Santiago, de modo que de regreso a sus pueblos de origen no quedaba duda de su “logro y méritos personales”.
De hecho, existía un importante mercado en la ciudad de Santiago entorno a la comercialización de las conchas de vieira, cuya venta fuera de esta ciudad estaba escrupulosamente prohibida bajo amenaza de excomunión de la Iglesia Católica. En los distintos establecimientos de la ciudad se vendían no sólo conchas auténticas traídas desde las playas de Galicia, sino toda una variante de pequeñas conchas peregrinas en distintos materiales que se vendían a modo de souvenirs, amuleto y recuerdo para los familiares y amigos de los peregrinos y visitantes de la ciudad.
Así fue como la concha de vieira se convirtió en “concha peregrina”, al significar la culminación del peregrinaje a Santiago, por ser entregada a los romeros que llegaban a la ciudad.
Desde un punto de vista religioso, las conchas, acomodadas a manera de dedos, se dice que significan las obras buenas, en las cuales el que dignamente las lleva debe perseverar, por tanto, como el peregrino lleva la concha, así cualquier humano mientras esté en el camino de la vida presente debe llevar el yugo del Señor, esto es: debe someterse a sus mandamientos.
Para otros, la Concha de Santiago es una estilización de la pata palmeada de una oca, símbolo para muchas tradiciones antiguas de reconocimiento iniciático, y por ese motivo estaría relacionado con el peregrinaje a Compostela.
Finalmente existe otra posible versión de su significado que a mí me parece la más adecuada; sería que la concha de vieira, como símbolo de Venus significa el renacer de una persona, su resurección; es decir, la “muerte” o superación del “ego” (egoismo y egocentrismo) para dar paso al “auténtico yo” (sencillo y humilde); que al fin y al cabo es la lección que se debería aprender realizando el peregrinaje a Santiago, y también la gran lección de la peregrinación del ser humano por esta vida.
Existe una leyenda que intenta dar una explicación a la elección de la vieira como símbolo jabobeo:
Se cuenta que sucedió en las inmediaciones del lugar donde se varó la barca que transportaba los restos del apóstol Santiago desde Palestina.
Al parecer, tras la celebración de una boda, iba la comitiva acompañando a los novios siguiendo la tradición que mandaba regresar caminando desde el templo hasta el hogar de la novia, donde se celebraría el banquete. El recorrido discurría por la playa, que presentaba un gran oleaje. En un momento determinado la comitiva distinguió en el horizonte una barca a la deriva que se acercaba a la playa corriendo serios riesgos de naufragar. Ante esta visión el novio, que cabalgaba junto a su recién estrenada esposa, se decidió a acudir en ayuda de los apurados navegantes y se internó en las aguas sin desmontar de su caballo. Una gigantesca ola lo arrastró hacia las profundidades y, viéndose perdido, invocó a los cielos ayuda.

Inmediatamente sintió una extraña fuerza que lo arrastraba hacia la orilla. Caballo y jinete pisaron tierra firme justo en el momento en que la barca que transportaba los restos del Apóstol alcanzaba la orilla. Al salir de las aguas, toda la comitiva pudo observar que, tanto jinete como cabalgadura, estaban completamente cubiertos de conchas de vieira.
Todos los presentes consideraron la salvación como un milagro debido a la intercesión del cuerpo que se transportaba en la barca y quedaron así indisolublemente unidos para siempre la imagen de Santiago con la concha de vieira.
Esta leyenda intentaría, por tanto, explicar la elección de la vieira como símbolo de la peregrinación a Santiago, realizada por el mismísimo Apóstol.
La leyenda: “El milagro del Cavallero de las Vieiras”, constituye el primer milagro del Apóstol Santiago, y que los hechos en ella descritos tuvieron lugar en la playa de la población de Bouzas.
Para justificar que el milagro se produjo en “su tierra”, la Cofradía aporta diferentes fuentes. Una ha merecido mi especial atención porque además de citar el nombre de Bouzas, aporta una “versión” de la leyenda que yo proporciono en el primer post sobre este tema y que merece la pena ser difundida.
Aparece en “Historia del Apostol de Iesus Chisto Santiago Zebedeo Patrón y Capitan General de las Españas”, de D. Mauro Castellá y Ferrer, un libro antiguo reeditado por la Xunta de Galicia, y que hace mención al milagro del Cavallero en la página 124 y siguientes, donde se lee:
“MILAGRO QUE OBRO DIOS POR EL APOSTOL SANTIAGO EN EL MAR OCCIDENTAL DE ESPAÑA, ANTES DE LLEGAR SU SANTISIMO CUERPO A IRIA FLAVIA”.
“…….. Cando chegaron dereitos de Portugal, e xa por la costa de Galicia, à un lugar que chaman Bouzas había unha grande festa…” Sigue haciendo mención de que muchos de los hombres a caballo hacían manifestación de su hombría jugando con lanzas (bafordo), “Entre estes que bafordaban, bafordaba o noivo no seu corcel ía bafordando, o cabalo dun súpeto pulo meteuse no mar e mergullóu. E só víase como un ronsel de escamas que aboiban por riba das onda do mar e ía cara a nave ú andaba o Corpo de Sant-Iago. En cabo saíu o cabalo co seu cabaleiro a tona do mar alí mesmo á carón da nave: E todos desde terra poderon albiscar aquel mirage. E o cabaleiro catouse, e víu o cabalo e a sela e o pectoral e as estribeiras e os panos todos cheos de vieiras……………”
“……rogasen a Dios les declarase el enigma de aquellas veneras, de que fe hallaua adornado: Ellos lo hizieron y les respondió una voz, que aquellas veneras era inssignias de que andarian adornados los devotos y Peregrinos de Satiago por suyos, y que por ellas como suyas seria conocidos y gratificados de Dios en esta vida y en la otra por el servicio que avian hecho al Apostol.
E despois, todo pelengrino que había d´ire no andante a Compostela en procura de Sant-Iago levaba por sinal as cumchas de vieira no chapeu e na escravina de saial”.

Tomado de:
Otros son también los símbolos tradicionalmente asociados a las peregrinaciones jacobeas. Representativos a este respecto son los bordones y las calabazas que tradicionalmente prestaron sus servicios como cantimploras. Más recientemente se han popularizado los emblemas propios de órdenes militares y hospitalarias medievales como la "tau" de los antonianos, la cruz de los templarios o la cruz de Santiago.
Igualmente la versión más moderna de la concha de vieira, el símbolo más universalmente identificado con la ruta jacobea, es el diseño de los españoles Macua y García Ramos que representa una esquemática concha de vieira amarilla sobre el fondo azul (colores de la Unión Europea) que aparece en paneles informativos, carreteras, autovías, puntos de información, etc.




Otro símbolo popular del Camino es la famosa flecha amarilla con la que se indica el itinerario real, el que atraviesa pueblos, descampados, bosques y ríos. Esta flecha de color amarillo fue una iniciativa de uno de los personajes clave en el resurgimiento de las peregrinaciones jacobeas. Nos referimos al difunto padre Elías Valiña, experto peregrino y párroco de O Cebreiro, que comenzó a señalizar la ruta con este símbolo luego extendido por todo el recorrido.
Puedes escuchar el podcast sobre la catedral de Santiago, en Saltillo Coahuila, aquí: