11 agosto 2010

LA MUERTE DE PAKAL


El 31 de agosto del 683 d.C., 6 Edznab 11 Yax en el calendario maya, se extinguió la luz sagrada que había iluminado a Palenque durante muchas décadas. Iniciaba su nuevo ciclo, el de la muerte, el señor Pakal Escudo Solar Bajluum Votan Kinich Aahu, cuyo día de nacimiento se había hecho coincidir en las inscripciones con el de la Primera Madre, la diosa Zac K’uk o Garza Blanca, nombre que llevaba también la madre del soberano. Ese día fue el 23 de marzo del 603 d.C., 8 Ahau 13 Pop.

Al ligar su origen al de los dioses, se confirmaba su carácter sagrado y su destino de convertirse en el más sabio gobernante de Palenque. Once años antes de su fallecimiento había descendido al reino de las sombras su esposa Ahpo Hel, dejando a Pakal en una dolorosa soledad.

En el momento preciso de su muerte, ocurrida en su habitación del palacio, colocaron en su boca una cuenta de jade, que recogió el aliento vital. Luego pusieron entre sus labios un poco de masa de maíz, sustancia sagrada con la que habían sido formados los primeros hombres; en seguida lo amortajaron con lienzos de algodón, y a un lado de la estera en la que reposaba depositaron vasijas con agua y alimentos, así como sus amuletos protectores.

Después de velarlo durante tres días, de hablarle continuamente para que no se sintiera solo, cuidando su sombra y orando a los dioses para mantener con vida su espíritu mientras iniciaba su camino por el mundo inferior, sus hijos Chan-Bahlum y Kan Xul, sus nueras y sus nietos, se prepararon para celebrar la gran ceremonia funeraria. A través de ella los vivientes pondrían su parte a fin de ayudar al espíritu del gran señor en su peligroso descenso hacia el Xibalbá, el "Lugar de los que se desvanecen", donde se encontraría frente a frente con Ah Puch, "El Descarnado", para luego morir definitivamente, es decir, transformarse en energía de muerte y ocupar su sitio en el frío y oscuro reino subterráneo.

Pakal iría al Xibalbá porque había fallecido de muerte natural, aunque su condición sagrada le permitiría ascender al nivel terrestre y al cielo en algunas ocasiones. Otros, como los que morían por alguna causa acuática, ahogados o calcinados por un rayo, iban al Paraíso de la Ceiba, un lugar de placeres terrenales, mientras que los sacrificados a los dioses y las mujeres muertas de parto tenían como destino el cielo, para vivir eternamente acompañando al Sol en su recorrido diario; porque el lugar a donde iban los espíritus después de la muerte del cuerpo dependía de la forma de morir y no de su conducta en la existencia corpórea. Las faltas se castigaban en vida, generalmente con alguna enfermedad.

Muchos años antes de su muerte, el propio Pakal había ordenado construir su sepultura, recreando sobre ella, en la forma de una alta pirámide de nueve niveles, el espacio infraterrestre, que se concebía como una pirámide invertida de nueve estratos por los que su espíritu habría de descender hasta llegar a su última morada. En lo alto de la pirámide erigió un templo donde mandó escribir la historia de su linaje y donde se le rendiría veneración, pues por haber sido un gobernante iniciado, un gran chamán, al morir se convertiría en un dios. Acudiendo al llamado del rito en su honor, su espíritu ascendería por un angosto canal en forma de serpiente que iba desde la cámara funeraria hasta el templo, porque ese sitio donde había colocado su enorme sarcófago representaba precisamente el Xibalbá, la región situada en el noveno estrato del inframundo.

En una bella lápida que se colocaría sobre su sarcófago, Pakal hizo esculpir una gran imagen cósmica que definía su sitio en el centro del universo, como ser humano y como gobernante. Ahí está él, recostado sobre el mascarón descarnado que representa el aspecto de muerte del dios supremo, que era un gran dragón bicéfalo. El signo del Sol, que al lado del de la muerte corona el mascarón, indica el camino del astro por el mundo infraterrestre. Así, el gobernante, identificado con el Sol, descendería como él al inframundo y renacería sacralizado.

El cuerpo de Pakal se representó en la entrada de la gran boca de la tierra que conduce al inframundo, formada por las fauces superiores levantadas de una serpiente de dos cabezas, símbolo del reino de la muerte. De la nariz del gobernante surge un signo que representa al espíritu abandonando el cuerpo, y desde su pecho se levanta una cruz que remata en lo alto con una mandíbula de serpiente hecha de cuentas de jade, piedra que representa la vida, sobre la que se posa a su vez el pájaro-serpiente, otro símbolo del dios supremo en su aspecto celeste y solar. La barra horizontal de la cruz es una serpiente de dos cabezas, como la del inframundo, pero con mandíbulas de jade.
Esta cruz serpentina es la imagen del dragón celeste, pero también el árbol que está en el centro del mundo y que divide los cuatro rumbos cósmicos, y en ella se enlaza otra serpiente bicéfala de cuyas mandíbulas abiertas surge el rostro del dios Kawil o Bolón Dz’acab, protector de los gobernantes. Alrededor de esta compleja representación simbólica del universo como lo concebían los mayas, formado por tres niveles: el cielo, la tierra y el inframundo, con sus cuatro rumbos, se esculpió la Vía Láctea, poblada de astros, que para los mayas era también el cuerpo del gran dragón celeste.

En este universo, pleno de fuerzas sagradas, el ser humano es el eje, lo que concuerda con la idea del hombre que revelan los mitos sobre el origen del mundo, como el del Popol Vuh, donde el hombre es el único ser que tiene la misión de alimentar a los dioses.

El solemne cortejo salió del palacio cargando el bulto mortuorio de Pakal. Cuatro hombres portaban antorchas, y en lo alto de la pirámide se había encendido copal. Tras el cuerpo marchaba el Señor Serpiente, sumo sacerdote, seguido por los sacerdotes del culto solar y por la familia del gobernante, así como por cinco hombres y una mujer que serían sacrificados en la entrada de la sepultura con el fin de que sus espíritus acompañaran al del sagrado señor.

Una vez en el templo que coronaba la pirámide, el cual representaba la superficie de la tierra, iniciaron el descenso por la oscura escalinata, alumbrados por las antorchas, conscientes de que recorrían simbólicamente el tortuoso camino a través de los nueve niveles del inframundo, como la mayoría de los espíritus de los muertos, y como lo hicieron aquellos héroes ancestrales Hunahpú e Ixbalanqué, que después se convertirían en el Sol y la Luna. La cámara funeraria situada en el noveno nivel de la pirámide aseguraba mágicamente que el espíritu de Pakal sortearía los peligros que acechaban en el camino descendente y que hallaría su lugar de reposo en el Xibalbá.

El gran sarcófago monolítico, con un hueco en el centro que semejaba un útero para recibir el cuerpo del sagrado señor, había sido ya limpiado y preparado; asimismo, el día anterior se había labrado la fecha de la muerte en el canto de la lápida que cubriría el sarcófago. El cuerpo de Pakal, ya liberado de la mortaja, fue cuidadosamente depositado por los sacerdotes en el hueco pintado con rojo cinabrio; luego fue rociado con el mismo polvo rojo que aludía a la inmortalidad porque era el color del oriente, por donde resucita el Sol cada mañana, y le colocaron sus joyas de jade: una diadema sobre la frente, pequeños tubos que dividían la cabellera en mechones, collares, orejeras con colgantes de madreperla, pulseras y anillos.

En su rostro pusieron su máscara de mosaico de jade, que conservaría su identidad para siempre; sobre su taparrabo otra pequeña máscara, y a sus pies una figurilla del dios solar que siempre lo había protegido. Como objetos sagrados especiales, le colocaron un dado y una esfera de jade en las palmas de las manos, lo que significaba que él, como chamán intermediario entre los dioses y los hombres, había dominado el espacio cuadrangular y el tiempo circular, con su sabiduría, su conciencia y su acción ritual. Otras dos cuentas de jade fueron depositadas en sus pies para asegurar la fuerza de la energía vital durante el camino. Luego cerraron el hueco con una tapa de piedra, colocaron encima la gran lápida labrada y deslizaron bajo el sarcófago las cabezas de estuco que habían formado parte de las más bellas esculturas de Pakal y Ahpo Hel. Antes de salir pusieron en el suelo vasijas con agua y alimentos, ya que el espíritu inmortal del sagrado señor conservaría durante el viaje las necesidades corporales.

Después de sellar la pequeña puerta triangular que daba acceso a la cámara, sacrificaron a los cinco hombres y a la mujer que acompañarían al señor. Luego construyeron un muro, tapiando el corredor que conducía a la cámara, y en una caja de piedra adosada a este muro dejaron otros platos de barro con alimentos, cuentas y orejeras de jade, conchas llenas de pintura roja, símbolo de inmortalidad, y una hermosa perla. Hecho esto, la comitiva ascendió al templo y bajó de la pirámide, despidiéndose del gobernante con cantos y oraciones.

Otros muchos personajes fueron sepultados en la ciudad de Palenque, como una mujer, sin duda del linaje de Pakal, cuyo sarcófago fue hallado dentro de un basamento menor al lado del Templo de las Inscripciones, nombre que se le ha dado a la pirámide de Pakal. No sabemos quién fue esa señora, ya que no hay inscripciones en su tumba, pero por el color rojo de la inmortalidad que la cubría totalmente se le conoce como la "Reina Roja".

Los soberanos de otras ciudades mayas, como Calakmul, fueron enterrados también en lujosas sepulturas, con sus máscaras y joyas de jade. Pero además de la inhumación, en el mundo maya hubo otras formas de disposición del cadáver. Entre ellas la principal fue la cremación; las cenizas de los muertos se colocaban en urnas y se depositaban bajo los templos o las casas. Algunas urnas funerarias se decoraron con imágenes del monstruo de la tierra y del jaguar, que simboliza al Sol en su viaje por el inframundo. Ello expresa la idea de que así como el Sol muere al entrar en el ocaso al mundo inferior y renace por el oriente, el muerto renacería a otra forma de vida espiritual eterna.

Los muertos eran enterrados en lugares relacionados con su condición y su actividad. Los esqueletos muchas veces se acompañaban de otros restos humanos o de animales, como el jaguar, relacionado con el poder de los gobernantes y con el Sol en su viaje por el inframundo; frecuentemente se sacrificaba al perro del muerto para que lo transportara sobre su lomo al cruzar el gran río que precedía al Xibalbá, idea que se encuentra en muchos otros pueblos del mundo. Los niños eran colocados en posición fetal, dentro de vasijas que representaban el vientre materno, y a veces cortaban a la madre una falange para acompañar al infante.

Los ajuares funerarios corroboran la creencia en una supervivencia del espíritu después de la muerte del cuerpo, pues tenían el propósito de alimentar y cuidar al espíritu en el tránsito hacia el Xibalbá.

Además de las ricas joyas y elegantes vasijas halladas en las sepulturas de los grandes señores, se han encontrado múltiples objetos relacionados con la actividad del muerto, como herramientas, armas, códices y la parafernalia de los chamanes. Dado que los mayas creían que los animales, las plantas y hasta los objetos hechos por el hombre tenían un espíritu, es claro que era esta parte invisible la que sería utilizada por el espíritu del muerto; por eso en las sepulturas hay vasijas rotas intencionalmente, es decir, "matadas".

En los días que siguieron a la ceremonia funeraria de Pakal el Grande, los palencanos rellenaron con escombros la escalinata que conducía a la cámara funeraria hasta que estuvo completamente obstruida, para que nunca, nadie, hallara el sagrado recinto. Y antes de colocar la tapa que sellaría la escalera, depositaron dos orejeras de jade.

Pero los deudos del gran señor de Palenque no imaginaron que 1269 años después, en 1952, un hombre que supo respetarlos y amarlos, Alberto Ruz Lhuillier, descubriría la imponente sepultura, dando así, al gran Pakal, la inmortalidad para este mundo.











09 agosto 2010

LOS ALUXES

En un tiempo muy remoto, cuando el sol todavía no calentaba la tierra, los aluxes amontonaban enormes piedras con sólo silbar, de esa manera, en un abrir y cerrar de ojos levantaron los grandes monumentos de las ciudades mayas; por eso, aunque imperceptibles, miles de años después aún cuidan con recelo sus dominios.


Palabras más, palabras menos, los mayas de hoy cuentan que así fueron edificados los ejemplos más excelsos de su arquitectura: El Adivino de Uxmal, El Templo de Kukulcán en Chichén Itzá, El Templo de las Siete Muñecas en Dzibilchaltún, y tantos otros que asombran a propios y extraños.

El aluxe tiene una función primordial como cuidador de milpas, un ser que cobra vida gracias a los trabajos de un jmeen o brujo.

Para los mayas actuales, la primera humanidad estuvo constituida por enanos que fueron destruidos por un diluvio. La creencia es que la humanidad está ahora en su cuarto ciclo y que la raza primitiva de Yucatán fue de pequeños hombres sabios que construyeron las grandes urbes, de las que ahora únicamente quedan ruinas como testimonio.

Con presteza, los aluxes laboraban en la oscuridad debido a que el astro rey todavía no aparecía en el firmamento, cuando esto sucedió, según otra versión, los pequeños seres se convirtieron en piedra.

Cierto o falso, el hecho es que los aluxes se consideran moradores de las zonas arqueológicas, e incluso, son ellos quienes deben conceder el permiso a los arqueólogos y sus equipos de trabajo para realizar excavaciones en estos lugares. Es por eso que antes de iniciar temporadas de campo, se lleva a cabo algún tipo de ceremonia.

Un jmeen o brujo es el intermediario para dar vida a un aluxe en respuesta a la solicitud expresa de un campesino o dueño de terreno en general, a fin de que el aluxe le ayude a vigilar, ya sea una finca, quinta, monte, milpa o henequenal.

La representación de un aluxe suele ser una figura de entre 5 y 20 centímetros de altura, hecha de barro, cera, madera, tela u hoja de elote, sobre la que se derraman nueve gotas de sangre del dedo del campesino que quiere convertirse en su amo.

En una parte recóndita del monte o del sembradío, el jmeen es el encargado de la hechura del aluxe, que también se denomina arux, aluxo’ob o alux k’at.

Los ojos, las uñas y los dientes son simulados con semillas de frijol, mientras el vestido es de hoja de maíz, aunque la figura también puede ir desnuda. Después, el jmeen prende algunas velas y presenta el aluxe al sol y al dios de la lluvia, acto seguido le vierte algunas gotas de sangre y le sopla en su parte posterior, para luego pronunciar el nombre del amo.

El aluxe cuenta con ánima y está en posesión de su dueño, se dedicará a espantar a los ladrones de los productos de la tierra, con silbidos y pedradas. Así mismo, atacará y castigará a quienes cometen actos indebidos en el terreno agrícola, lo cual incluye enfermedades.

Es en este punto en el que la propiedad de un aluxe puede resultar contraproducente, pues si el beneficiario de sus servicios se olvida de su manutención o de respetar sus días de descanso, el mal caerá sobre él.

Un aluxe suele trabajar por la tarde, cuando su amo ya se ha retirado de la milpa. Se aparece con sombrero y escopeta en mano, además de ir acompañado de un perro; según la creencia de los lugareños descansa martes y viernes, días que aprovecha para tomar saka o atole de maíz que le dejan sus dueños.

Los mayas de la península de Yucatán piensan que el aluxe es un ser conciente, capaz de cumplir promesas al milpero, pero también de castigar a los incumplidos y a los transgresores.

Cuando la relación entre el campesino y el aluxe debe terminar en vista de alguna enfermedad, término de la milpa, cambio del dueño del terreno o descontento de su amo por alguna travesura del “duende”, es prudente recurrir de nuevo al jmeen para que éste le explique al aluxe las causas por las cuales se prescinde de sus servicios.

Se cree que un aluxe es un enviado de la divinidad cristiana, sin embargo, con menor frecuencia algunos consideran que es un aliado del diablo. Y si bien con su ayuda habrá siete años de prosperidad agrícola, al término de ese lapso puede ‘llevarse’ a su amo, así que no es de fiar.

Como todo mito, el aluxe no muere, sólo vuelve a su lugar de origen: monte, gruta, cenote, ruinas… allí, si alguien permanece atento en medio de la noche, podrá escuchar los sigilosos pasos de estos seres que aparecieron en el inicio de los tiempos.

21 julio 2010

LA GRINGA DE LA MURALLA

Yo tendría unos 6 o 7 años cuando viajé por vez primera a Monclova... Esto sería por allá por 1980. Entonces la carretera Saltillo-Monclova no es lo que es hoy. Como muchas carreteras de ese tiempo, era un camino más bien angosto, de dos carriles y con dos tramos de extremo peligro por la cantidad de curvas cerradísimas que tenía, uno, "Las Imágenes", a unos cuantos minutos de Saltillo, llamado así por unas formas en los cerros que asemejan animales, y "La Muralla", más o menos a la mitad de camino entre Monclova y Saltillo, cerca de los límites de los municipios de Ramos Arizpe y Castaños.


La Muralla es una sección de la carretera que cruza la sierra a la altura donde se juntan Coahuila y Nuevo León. Antes de la rectificación de la carretera a principios de la década del 2000, la Muralla tendría poco más de 100 curvas que subían y bajaban la sierra y bordeaban sus arroyos.

En esta zona de la carretera eran comunes los accidentes. Mi papá nos contó que ahí habá habido un accidente con un vehículo en el que viajaban unos americanos.  Una versión decía que un trailer los habría arrollado. Otra versión decía que a un camión se le habían soltado los rollos de lámina de acero con los que estaba cargado y estos habían aplastado el vehículo de los americanos. En otra versión, el auto se había caído al barranco y una mujer, la "gringa" había logrado subir a la carretera a pedir ayuda, pero ahí murió sin ser auxiliada.

Desde entonces, la "Gringa" se aparecía pidiendo aventón, subiéndose a los vehículos sin que los conductores se dieran cuenta, desapareciendo furtivamente de los trailer o de los autos en movimiento, otros le veían atravesando la carretera, vagando en busca de ayuda... o quizá de venganza.

Escucha el audio de esta historia en el podcast, en esta dirección:


14 julio 2010

10 PELÍCULAS 10


Publicado originalmente en "otro mundo es posible" (metroflog.com/imistico) entre el 9 y el 25 de julio de 2009

Van ahora la lista de películas recomendables, infaltables, necesarias... no son las únicas, quizá faltan otras más, ya luego iremos agregando. Igual que los libros, no están en orden ni son de un único tema.

 
1. Star Wars, de George Lucas (1977-1980-1983). Especialmente la primera trilogía (caps. IV-VI). Prácticamente mi infancia transcurrió a la luz de esas películas y de esa historia. Sin grandes efectos especiales, esta primera trilogía contó una historia típica: buenos contra malos. Pero tiene algo más... Y luego toda la parafernalia que salió, especialmente las figuras de acción de Lily-Ledy. Fue simplemente genial, siempre imitada, jamás igualada. No hay más qué decir.

2. Santo en el Museo de cera, de Alfonso Corona Blake (1963). Las películas del Santo, en general son "churros". Pero esta maneja una historia ambientada en lo tétrico y el suspenso del blanco y negro. ¿Quién no ha imaginado que las figuras de un museo de cera son cadáveres o que se oculta una historia terrible tras ellas? Esa es, en mi opinión, la clave de esta película.




 
3. La trilogía de Carlos Enrique Taboada. Ya sé que son tres y no una, no importa. Taboada hizo las películas de terror más conocidas y mejor logradas en México en mucho tiempo. Estas películas ambientadas al estilo gótico tradicional de ambientes oscuros y siniestros marcaron época. ¿Quién no ha visto "Hasta el viento tiene miedo" (1968), "El libro de piedra" (1969) o "Más negro que la noche" (1975)? Claro, siempre en sus versiones originales...




 
4. El séptimo sello, de Ingmar Bergman (1957). Esta película trata de un caballero que vuelve de una cruzada derrotado y sólo le resta morir, así que enfrenta a la muerte en juego de ajedrez. Mientras se desarrolla la partida, la vida simple de los aldeanos da al caballero un motivo, no para vivir, sino para morir con honor y con sentido. Además, aborda el tema mítico de la "danza macabra" que aterró a Europa en la Edad Media. Excelente...



5. El exorcista, de William Friedkin (1973). Inspirada en un hecho real que sucedió a un niño en Washington,  lo mejor de esta película de verdadero terror, en mi opinión, son dos cosas: 1) la posesión diabólica es un hecho verdadero; 2) le podría pasar a cualquiera, incluso a ti... ¿algo más? ¡Imperdible!



6. Los otros, de Alejandro Amenábar (2001). El manejo de la trama donde los intrusos somos nosotros en un mundo de muertos es genial. Después de eso, todo son copias. Y como dijo mi hermano: ¿cuánta gente que ves en la calle ya estará muerta?



7. El estudiante de Praga, de Stellan Rye (1913). La vida mediocre de un estudiante se transforma cuando un desconocido le compra su reflejo por mucho dinero. Mujeres y triunfos llegan a su vida hasta que se encuentra con su propio reflejo... Esta historia de cine mudo maneja la idea del doppelgänger, el doble fantasmal que todos tenemos pero que no podemos ver porque el día en que lo veas mueres. Un clásico.




8. La momia, de Karl Freund (1932) y de Stephen Summers (1999). La historia es la misma, una en B/N y la otra a color. Pero ese misterio especial de Egipto, el poder de un juramento y las maldiciones son los ingredientes especiales de esta cinta. La del 32, con Boris Karloff rompía el positivismo científico de la época con el misterio de la religión egipcia. La del 99 añade un toque de humor negro sin perder de vista que el mal nunca duerme...





9. La misión (1986), de Roland Joffé. Con una música sublime compuesta por Ennio Morricone, se narra la historia de las misiones jesuíticas entre los guaraníes, donde el horror y el mal vienen de los mismos europeos "civilizados". Esta película hace que te confrontes a ti mismo con tus valores, actitudes y decisiones. Además, ver a Jeremy Irons y a Robert DeNiro juntos es un deleite.



10. El escapulario (1966), de Servando González. Es la clásica historia que de niños hemos escuchado, que se transmite de generación en generación y cuando nos encontramos delante de ella, cuando la vivimos en carne propia, toda explicación se desvanece entre el misterio, la muerte y la oscuridad. ¿De qué trata? La historia la narra una mujer que se está confesando en el lecho de muerte... pero ella ya está muerta. Excelente.

 
 
 
 
Tú, ¿cuáles sugieres?

10 LIBROS 10



Publicado originalmente en "otro mundo es posible" (metroflog.com/imistico) entre el 9 y el 25 de julio de 2009

Ahora que empieza el periodo vacacional, les comparto un elenco de 10 libros que me parecen excelentes y todos recomendables. La lista no está en un orden jerárquico ni nada de eso.


1. El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. Es un texto muy particular, que pone en las aventuras de la Comunidad experiencias que son equiparables a todo lo que pasas en la vida. Es como un libro espejo. Cuando menos lo esperas te descubres que ahora entiendes a Gandalf o a Frodo o a cualquiera de ellos.





2. El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Este libro, independientemente de la teoría semiótica de Eco, me pone a pensar en la importancia de ver y leer todo lo que pasa a tu alrededor. Al menos eso te mantendrá vivo en este mundo. Creo que este texto es inspirador para sagas de investigadores al estilo Código da Vinci o incluso Harry Potter. En mi opinión Eco superó a E. A. Poe.







3. El evangelio de Lucas Gavilán, de Vicente Leñero. Como el prólogo lo dice, es la versión del evangelio inspirada por los acontecimientos de un México que sufría guerra sucia, que vivía la efervescencia de la Teología de la liberación y que miraba con esperanza un futuro mejor que puede venir de la fe. Yo creo que un texto así es mejor que muchos enigmas sagrados y que apócrifos "tremendos".







4. La reina roja, de Adriana Malvido. Este libro narra el descubrimiento y el análisis de los restos que se hallaron en el templo XIII de Palenque y que cambiaron el rostro de la arqueología y antropología en México. Un libro que hace que vivas en carne propia la adrenalina de penetrar en un universo fascinante como el de la cultura maya.







5. ¿Quién es este hombre? de Albert Nolan. Este texto es un acercamiento histórico y casi novelado de la figura de Jesús de Nazaret. Su lectura implicó una transformación es mis comprensiones personales y en un redescubrimiento del Dios-Amor. Es un libro iniciático, sin duda.









6. Historias de fantasmas de un anticuario, de M.R. James. Los cuentos de este librito quizá ya no asusten a nadie para como están las cosas en la vida diaria, pero M.R. James toma elementos tan cotidianos y simples para construir la trama de los cuentos que al final te preguntas si lo que está a tu alrededor no guardará algún secreto terrorífico.








7. Desde las montañas del sureste mexicano, del subcomandante Marcos. Este texto muestra el origen y desarrollo del conflicto zapatista en Chiapas y los esfuerzos de las comunidades indígenas zapatistas por sobrevivir a la guerra de baja intensidad a través de relatos, cuentos y narraciones en primera persona. El texto es muy ameno, y a mi parecer recupera la narración de historias como ejercicio de simbolización de la historia y de las personas.





8. Jesús, hombre en conflicto, de Carlos Bravo Gallardo. El libro es un estudio exegético y teológico del evangelio de Marcos. Pero toca con una simpleza y una naturalidad, como lo dice el título, los conflictos en los que se ve envuelto Jesús a lo largo de su vida y cómo interactúan con su ideal de Reino y como ese ideal genera otros conflictos, cuyo correlato sigue siendo el conflicto en que la humanidad se halla consigo misma. Es un texto, en mi opinión, no solo iluminador sino hasta inspirador y muestra a Jesús como es: más cercano a nosotros que como lo hubiéramos pensado.



9. Ocho Venado Garra de Jaguar, héroe de varios códices, de Krystina M. Libura. Es un libro originalmente pensado en niños, pero me parece que cualquiera podría aprender mucho de este texto. Se trata de un fragmento del Códice Nutall que cuenta las andanzas de Ocho Venado Garra de Jaguar, rey, sacerdote, hechicero, guerrero del antiguo Tilantongo en la Mixteca, en el actual territorio de Oaxaca. El libro enseña a leer códices prehispánicos identificando glifos, pictogramas, fechas, patronos, etc... Un verdadero tesoro y llave de conocimiento



10. Mysterium Liberationis, de Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría. Esta obra significó la sistematización de los postulados de la teología de la liberación latinoamericana. Ellacuría y Sobrino reunieron una serie excelente de teólogos de los llamados "intelectuales orgánicos" que prepararon los artículos de esta obra. En mi opinión este texto es como una de esas máquinas que se mete en un terreno para ir abriendo caminos. Infaltable.


¿Alguna sugerencia más?



07 julio 2010

LA VAMPIRA DE VENECIA

 
En el mes de marzo del año 2009, Matteo Borrini de la Universidad de Florencia en Italia, dio a conocer que en 2006, él y su equipo encontraron el esqueleto de una mujer con un ladrillo clavado en su boca, mientras excavaban fosas comunes de víctimas de la peste de la Edad Media en Lazzaretto Nuovo, isla de Venecia, Italia.



En la Edad Media se creía que los vampiros eran los responsables de la propagación de plagas como la Peste Negra.



La sucesión de plagas que diezmaron Europa entre 1300 y 1700 alimentó la creencia en vampiros, sobre todo debido a que la descomposición de cadáveres no se comprendía bien aún. Los sepultureros que reabrían las fosas comunes a menudo se encontraban con cuerpos hinchados por gases, con unas cabelleras que seguían creciendo y con sangre que fluía de algunas bocas, lo que les llevaba a creer que muchos fallecidos seguían vivos.

Las mortajas que se usaban para cubrir las caras de los muertos a menudo se descomponían debido a las bacterias en la zona de la boca, lo que dejaba al descubierto los dientes de la víctima. De este modo, los vampiros pasaron a ser conocidos como "comedores de mortajas".



Según textos religiosos y médicos medievales, se creía que los no muertos difundían la pestilencia para chupar la vida que aún quedaba en algunos cadáveres. Así se mantenían hasta que conseguían la fuerza suficiente para volver a las calles.



Para matar un vampiro había que retirarle la mortaja de la boca, que era su sustento, como la leche para un bebé, y colocarle algo incomestible. Los excavadores de tumbas clavaban ladrillos en las bocas de los presuntos vampiros para que no comieran su mortaja y volvieran a la vida, dice Borrini.



Ahora bien, se han encontrado otros cadáveres con ladrillos en la boca, en Polonia, por ejemplo, pero esta es la primera vez que el ritual ha sido identificado.