12 abril 2011

LA BRUJA BABA YAGA


En las las narraciones populares rusas, aparecen una serie de personajes sobrenaturales cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto del folclore eslavo. El más conocido es la bruja Baba Yaga, ambivalente ogresa del bosque que devora niños y viaja a gran velocidad montada sobre un enorme mortero.
Baba Yaga no resulta muy agraciada. Su aspecto es el de una vieja horriblemente fea, alta y delgada. El pelo gris le flota enmarañado en torno a la cabeza, su nariz es aguileña y sus dientes largos, afilados y lo suficientemente resistentes como para roer con ellos el tronco de los árboles a los cuales huyen los protagonistas de algunos relatos. Esconderse de ella resulta una empresa difícil debido al magnífico olfato del que disfruta, aunque merece la pena intentarlo, pues de caer en sus garras es probable terminar en el horno de su casa, cocinados y servidos a la mesa de la bruja.
Baba Yaga es vieja, huesuda y arrugada, con la nariz azul y los dientes de acero y posee una pierna normal y una de hueso. Estas dos piernas representan al mundo de los vivos y el mundo de los muertos en los cuales ella deambula. Baba Yaga es un ser perverso y cruel, pero no totalmente malvado; come personas, generalmente niños. Sus dientes le permiten romper huesos y desgarrar la carne con facilidad.
Aparece como un torbellino salido de lo más profundo del bosque. Precedida por chasquidos de madera seca y una ráfaga de viento tempestuoso, surge de entre los árboles subida a su mortero, impulsándose con la mano del mismo y borrando con una escoba el rastro que deja en la tierra. Puede volar por el aire también, y entonces se asemeja a una nube oscura que amenaza con ocultar la luz del día.
Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de gallina que le sirven para desplazarse por toda Rusia. La valla de su choza está adornada con cráneos, en cuyo interior coloca velas. La idea de una casa con patas de gallina podría derivar de las cabañas de ciertos pueblos que las construían sobre troncos de árboles para protegerse de los animales. Para entrar en la casa, Baba Yaga dice el conjuro "Casita Casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí". El interior de la choza siempre está llena de carne y de vino. También es resguardada por los sirvientes invisibles de Baba Yaga, los cuales aparecen como manos espectrales. Baba Yaga también tiene a su servicio a los caballeros blanco, rojo y negro, los cuales controlan el día, el atardecer y la noche.
A veces parece más pequeña por dentro de lo que debería ser según su tamaño exterior, por lo que al mirar a través de la ventana se ve a Baba Yaga constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada contra la ventana y las piernas encogidas, como si el tamaño de la casa no fuese superior al de un ataúd. En otras ocasiones la casa es mucho más grande, y se encuentra dentro de un recinto rodeado por una valla hecha de huesos, festoneada por calaveras, con una puerta enmarcada por piernas esqueléticas cuya cerradura es una boca de dientes afilados.
Según la interpretación comúnmente aceptada, la casa de Baba Yaga se encuentra justo en el límite entre el mundo de los mortales y el de los espíritus, y la bruja es nada menos que la guardiana entre los dos mundos. Por ello los cuentos siempre la sitúan en el lindero de un frondoso bosque, a la orilla del mar, en la entrada de un mundo subterráneo. En este territorio fronterizo, el poder de Baba Yaga es inmenso.
Sin embargo, por extraño que parezca, puede comportarse con bondad, dando ayuda y consejo, proporciona algún objeto mágico o las indicaciones necesarias para llegar al mundo de los espíritus si así se necesitan. Para obtener la ayuda de Baba Yaga primero hay que demostrarle que no se le teme y que se sabe negociar con ella.
En la mitología vasca hay seres llamados lamias, mujeres con patas de gallina, pata de cabra o cola de pez. Viven en cuevas y pozos y se ven peinándose con un bonito peine junto a los ríos, fuentes y entradas de grutas. Quien les concede una ofrenda durante la noche ellas le ayudan en su trabajo diario.
En 1874, Modest Musorgski compuso la suite para piano “Cuadros de una exposición”, de 15 piezas. Una de las secciones de los Cuadros es “La cabaña sobre patas de gallina” que es una cabaña con forma de reloj, donde vive la bruja Baba Yaga.


LA BRUJA BABA YAGA
ALEXANDER AFANASIEV
Vivía en otros tiempos un comerciante con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella.
Aprovechando la ocasión de que el padre tuvo que hacer un viaje, la madrastra le dijo a la muchacha:
-Ve a ver a mi hermana y pídele que te dé una aguja y un poco de hilo para que te cosas una camisa.
La hermana de la madrastra era una bruja, y como la muchacha era lista, decidió ir primero a pedir consejo a otra tía suya, hermana de su padre.
-Buenos días, tiíta.
-Muy buenos, sobrina querida. ¿A qué vienes?
-Mi madrastra me ha dicho que vaya a pedir a su hermana una aguja e hilo, para que me cosa una camisa.
-Acuérdate bien -le dijo entonces la tía- de que un álamo blanco querrá arañarte la cara: tú átale las ramas con una cinta. Las puertas de una cancela rechinarán y se cerrarán con estrépito para no dejarte pasar; tú úntale los goznes con aceite. Los perros te querrán despedazar; tírales un poco de pan. Un gato feroz estará encargado de arañarte y sacarte los ojos; dale un pedazo de jamón.
La chica se despidió, cogió un poco de pan, aceite y jamón y una cinta, se puso a andar en busca de la bruja y finalmente llegó.
Entró en la cabaña, en la cual estaba sentada la bruja Baba Yaga sobre sus piernas huesosas, ocupada en tejer.
-Buenos días, tía.
-¿A qué vienes, sobrina?
-Mi madre me ha mandado que venga a pedirte una aguja e hilo para coserme una camisa.
-Está bien. En tanto que lo busco, siéntate y ponte a tejer.
Mientras la sobrina estaba tejiendo, la bruja salió de la habitación, llamó a su criada y le dijo:
-Date prisa, calienta el baño y lava bien a mi sobrina, porque me la voy a comer.
La pobre muchacha se quedó medio muerta de miedo, y cuando la bruja se marchó, dijo a la criada:
-No quemes mucha leña, querida; mejor es que eches agua al fuego y lleves el agua al baño con un colador.
Y diciéndole esto, le regaló un pañuelo.
Baba Yaga, impaciente, se acercó a la ventana donde trabajaba la chica y le preguntó a ésta:
-¿Estás tejiendo, sobrinita?
-Sí, tiíta, estoy trabajando.
La bruja se alejó de la cabaña, y la muchacha, aprovechando aquel momento, le dio al gato un pedazo de jamón y le preguntó cómo podría escaparse de allí. El gato le dijo:
-Sobre la mesa hay una toalla y un peine: cógelos y echa a correr lo más de prisa que puedas, porque la bruja Baba Yaga correrá tras de ti para cogerte; de cuando en cuando échate al suelo y arrima a él tu oreja; cuando oigas que está ya cerca, tira al suelo la toalla, que se transformará en un río muy ancho. Si la bruja se tira al agua y lo pasa a nado, tú habrás ganado delantera. Cuando oigas en el suelo que no está lejos de ti, tira el peine, que se transformará en un espeso bosque, a través del cual la bruja no podrá pasar.
La muchacha cogió la toalla y el peine y se puso a correr. Los perros quisieron despedazarla, pero les tiró un trozo de pan; las puertas de una cancela rechinaron y se cerraron de golpe, pero la muchacha untó los goznes con aceite, y las puertas se abrieron de par en par. Más allá, un álamo blanco quiso arañarle la cara; entonces ató las ramas con una cinta y pudo pasar.
El gato se sentó al telar y quiso tejer; pero no hacía más que enredar los hilos. La bruja, acercándose a la ventana, preguntó:
-¿Estás tejiendo, sobrinita? ¿Estás tejiendo, querida?
-Sí, tía, estoy tejiendo -respondió con voz ronca el gato.
Baba Yaga entró en la cabaña, y viendo que la chica no estaba y que el gato la había engañado, se puso a pegarle, diciéndole:
-¡Ah viejo goloso! ¿Por qué has dejado escapar a mi sobrina? ¡Tu obligación era quitarle los ojos y arañarle la cara!
-Llevo mucho tiempo a tu servicio -dijo el gato- y todavía no me has dado ni siquiera un huesecito, y ella me ha dado un pedazo de jamón.
Baba Yaga se enfadó con los perros, con la cancela, con el álamo y con la criada y se puso a pegar a todos.
Los perros le dijeron:
-Te hemos servido muchos años sin que tú nos hayas dado ni siquiera una corteza dura de pan quemado, y ella nos ha regalado con pan fresco.
La cancela dijo:
-Te he servido mucho tiempo sin que a pesar de mis chirridos me hayas engrasado con sebo, y ella me ha untado los goznes con aceite.
El álamo dijo:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas regalado ni siquiera un hilo, y ella me ha engalanado con una cinta.
La criada exclamó:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas dado ni siquiera un trapo, y ella me ha regalado un pañuelo.
Baba Yaga se apresuró a sentarse en el mortero; arreándole con el mazo y barriendo con la escoba sus huellas, salió en persecución de la muchacha. Ésta arrimó su oído al suelo para escuchar y oyó acercarse a la bruja. Entonces tiró al suelo la toalla, y al instante se formó un río muy ancho.
Baba Yaga llegó a la orilla, y viendo el obstáculo que se le interponía en su camino, rechinó los dientes de rabia, volvió a su cabaña, reunió a todos sus bueyes y los llevó al río: los animales bebieron toda el agua y la bruja continuó la persecución de la muchacha.
Ésta arrimó otra vez su oído al suelo y oyó que Baba Yaga estaba ya muy cerca: tiró al suelo el peine y se transformó en un bosque espesísimo y frondoso.
La bruja se puso a roer los troncos de los árboles para abrirse paso; pero a pesar de todos sus esfuerzos no lo consiguió, y tuvo que volverse furiosa a su cabaña.
Entretanto, el comerciante volvió a casa y preguntó a su mujer.
-¿Dónde está mi hijita querida?
-Ha ido a ver a su tía -contestó la madrastra.
Al poco rato, con gran sorpresa de la madrastra, regresó la niña.
-¿Dónde has estado? -le preguntó el padre.
-¡Oh padre mío! Mi madre me ha mandado a casa de su hermana a pedirle una aguja con hilo para coserme una camisa, y resulta que la tía es la mismísima bruja Baba-Yaga, que quiso comerme.
-¿Cómo has podido escapar de ella, hijita?
Entonces la niña le contó todo lo sucedido.
Cuando el comerciante se enteró de la maldad de su mujer, la echó de su casa y se quedó con su hija.
Los dos vivieron en paz muchos años felices.

10 marzo 2011

¡SÁLVAME!

Estaba en un largo pasillo oscuro y llevaba una vela encendida. Tenía miedo de cruzarlo, así que avancé despacio. De pronto escuché que un niño se reía. Era una risa rara, un poco macabra. En eso, una racha de viento helado apagó i vela y, en la oscuridad, brilló una cara que no tenía cuerpo. Era un niño muy pálido y delgado, con grandes ojeras. El niño abrió la boca y gritó: ¡Sálvame!

Desperté en ese momento, muy asustado. había sido una pesadilla. Estaba en mi cama, a salvo. Al cabo de algunos minutos me volvía dormir.

A la mañana siguiente, mientras me estaba vistiendo para ir a la escuela, mi computadora se prendió sola. Y entonces, en el monitor apareció sobre la pantalla negra una sola palabra: ¡Sálvame! Apagué la compu con el corazón latiéndome a mil. No entendía qué estaba pasando.

Ese día llegué a la escuela más temprano y mi salón estaba vacío cuando entré. Entonces miré al pizarrón y pude ver claramente que ahí se escribía sola la maldita palabra: ¡Sálvame! Pero eso no fue todo. Durante toda la mañana, cada vez que abría un cuaderno, veía escrita la misma palabra: ¡Sálvame!

A la salida ya estaba totalmente nervioso, así que decidí darme una vuelta por el parque antes de llegar a casa para calmarme un poco. ¿Qué estaba pasando? estaba recibiendo un mensaje, ¿pero de quién?

Cuando llegué al parque me encaminé hacia la zona de los columpios, pero todos estaban enredados, no se podían usar. Todos, menos uno. Pero en él se mecía, lentamente, un niño. Me acerqué a él. Ahora sé que no debí hacerlo. Debí haber huido cuando me di cuenta de que tenía la misma cara que había soñado en mi pesadilla la noche anterior.

-No estoy muerto-, dijo como si hubiera leído mi pensamiento.

-Estoy maldito. Me condenaron a quedarme aquí porque siempre me portaba muy mal. Llevo mucho tiempo aquí. Nadie puede verme, solo tú.


-¿Y por qué yo?- pregunté.

-Porque tú también te llamas Rodolfo.

-¿Tú me enviaste mensajes?- quise saber.

-Sí. Por favor ¡sálvame!

-¿Pero qué puedo hacer?- pregunté.

-Solo ven y siéntate aquí en el columpio. Yo te meceré. Verán que tengo un amigo, que no soy tan malo, y me dejarán ir.

Así lo hice. Rodolfo se levantó del columpio y yo me senté en su lugar, pero me quedé pegado en el asiento metálico, ¡no me podía levantar!

-¡Rodolfo, estoy pegado al columpio!

-Y ahí te quedarás. Yo tomaré tu lugar, me convertiré en ti y tú te convertirás en mí. Pasará mucho tiempo antes de que alguien venga a salvarte. Es la única forma de escapar a esa maldición.

-Oye, no, ¡regresa!- grité al ver que tomaba mi mochila y se disponía a irse. Él volteó. Y entonces me di cuenta de que se había convertido en mí. Luego miré mis manos. Estaban flacas y tenían la piel muy pálida. Toqué mi cara. Estaba en los huesos. ¡Me había convertido en él!

-Adiós Rodolfo-, me dijo. Gracias por salvarme.

Se alejó riendo. Era la misma risa macabra que yo había escuchado en mi pesadilla. Pero eso fue hace mucho tiempo, cuando yo era un niño normal, antes de que cambiara mi lugar y mi vida con alguien.

Tomado de: OBÓN, Pilar (2010): <<¡Sálvame!>> en Universo Big Bang. Los mejores 100 Para no dormir, Edición Especial núm. 2, p. 13.

06 marzo 2011

LA HABITACIÓN 712 DEL PARADOR DE CARDONA


Apenas a 100 kilómetros de Barcelona, en Cardona, donde hay un castillo con una leyenda bien conocida en la zona, y además con un fantasma.

Hoy forma parte de la red de Paradores Nacionales, que nos han abierto sus puertas para realizar esta investigación. La habitación 712 se encuentra en la planta 7 del laberíntico castillo. Es de las más pequeñas, pero tiene de las mejores vistas de todo el establecimiento, tiene algo especial.

Se trata de un caso curioso, ya que hace un tiempo sería inconcebible que una organización como Paradores hablara abiertamente del misterio relacionado con sus instalaciones. Lo habitual ha sido encontrarse con la cerrazón de hoteles y establecimientos sobre los que corrían leyendas de todo tipo.



El castillo del Parador de Cardona existe desde el siglo IX y ocupa la cima de un cerro que tiene 154 metros de altura, en la población minera de Cardona, en Barcelona El castillo fue el hogar de los duques de Cardona. Construido en el 886 por Wilfredo el Velloso. En 1714 claudicó después de que las tropas de Felipe V destruyeran sus murallas.



En el año 1976 se tomó la decisión de reconstruirlo para convertirlo en un parador nacional. Como si de una película de terror se tratara, varios trabajadores empezaron a informar de la presencia de un fantasma o ente sobrenatural que los llenaba de miedo. Algunos mencionaron otros fenómenos como ruidos extraños, voces, y golpes, siempre en la habitación 712.

Otros vieron a una bella doncella salir por las noches y lamentarse entre sollozos de alguna desgracia, vestida con ropas medievales, acompañada en ocasiones de un caballero. Tal es el convencimiento incluso de los que allí trabajan, que estos tienen permiso expreso de la dirección del hotel para subir siempre en compañía y nunca hacerlo solos.

Uno de los eventos más renombrados fue atestiguado por un ex gerente del parador y unas empleadas de limpieza. Cierta tarde las mujeres subieron a la planta 7 para limpiar las habitaciones, por costumbre las mujeres tocan en todas las puertas aunque los inquilinos ya las habían desalojado; al llegar a la 712 a su llamado una voz ronca les responde “Espere”, a los segundos las camareras cayeron en la cuenta de que esta habitación no debía estar ocupada. Nuevamente tocan para corroborar que allí había alguien y la voz repite “Espere”. Por lo extraño de la situación preguntan en recepción si alguien se hospedaba en la 712 y naturalmente les responden que la misma no había sido ocupada por nadie. Tratan luego abrir la puerta con la llave maestra y les es imposible, al rato de intentarlo consiguen sin esfuerzo abrir la puerta e ingresan con cierto recelo.

Dentro estaban las camas hechas, todo en su lugar a excepción del cuarto de baño, allí había una llave abierta, una toalla húmeda y un par de pisadas frente al lavabo como si alguien hubiera estado lavándose. No había forma de que alguien estuviera dentro del cuarto ni que nadie hubiera salido sin ser visto, todo el piso estaba vacío y los testigos no se movieron del lugar hasta que pudieron abrir la habitación 712.

En el siguiente link puedes escuchar el testimonio de Torcuato, que con su esposa Paquita, pasaron una noche inolvidable en la habitación 712 del Parador de Cardona, tomado del programa Espacio en Blanco, del 15 de enero de 2011.

05 febrero 2011

CUENTOS DE PURO SUSTO


“Cuentos de puro susto” es un libro co-editado por Limusa y la SEP (Libros del Rincón) allá en el lejano1986 y reimpreso en 1988.

 El libro reedita seis cuentos originalmente publicados por Antonio Vanegas Arroyo entre 1880 y 1922 con grabados de José Guadalupe Posada, que trabajaba, en aquel entonces, en la imprenta de Vanegas Arroyo. Son muy conocidos los grabados de Posada de "la Catrina" y de sus calaveras. Menos conocidos son otros grabados de sucesos de espanto y horror que ilustraban periódicos y publicaciones de la época.



Se desconoce quiénes fueron los autores de estos cuentos. Se menciona Rafael Romero, Manuel Flores del Campo, Ramón N. Franco, Francisco Ozacar, Pablo Calderón de la Becerra, A. García y Constancio Suárez, todos ellos colaboradores de la imprenta Vanegas Arroyo.

Pese a desconocer al autor de cada uno de ellos, en los cuentos se respira la herencia de la tradición oral mexicana, y sobre todo, pensando en aquellos tiempos de más de un siglo atrás, unos 130 años en promedio, lo que aquí se narra realmente era de SUSTO para los niños, nuestros bisabuelos o tatarabuelos.






La primer historia es “Juan Soldado”, aquí Juan Soldado hace un pacto con el Diablo para que le conceda dinero y riquezas a cambio de pasar 10 años sin bañarse ni cambiarse ni rasurarse. habrá que decir que el Diablo hará lo imposible para que Juan fracase. El cuento describe una floresta "donde la tierra era roja como regada con sangre, y los árboles negros con formas de hombres, mujeres y niños, que se quejaban lastimosamente cuando el viento movía sus hojas..."


Le sigue “El lobo y la zorra”, un cuento de ingenio y paciencia, pues estos personajes clásicos de las fábulas son siempre los “malos” del cuento. Aquí el lobo busca comerse a toda costa a la zorra. Es un cuento de un interesante despliegue de astucia y fuerza. ¿Quién ganará?







El tercer cuento es “Consejos o dinero”, en el que dos hermanos, buscando fortuna llegan a una verdadera casa de horrores, donde se dan consejos o dinero, según elija el caminante. Cada uno de ellos elegirá diferente, a riesgo de su propia vida. El cuento contiene la horrorosa descripción de las salas de dicha casa: "...en la primera sala había infinidad de cadáveres momificados, y varios aparatos que inicaban servir para castigos [...] lo condujo a una donde había multitud de esqueletos colgados, calaveras formando pirámides y otras figuras, y parrillas con fuego debajo [...] Entraron en el último departamento: allí se encontraban muchos hombres y mujeres ahorcados y guillotinados..."


El cuarto cuento se llama “La niña de los ojos de luz”. Es la historia de una niña cuya belleza de ojos que iluminarían una habitación oscura. Su mirada luminosa atrae a un terrible monstruo que vuela sobre uns serpiente de siete cabezas que arrojaba fuego por cada una de sus bocas, que la roba para tenerla para sí o si no destruirá el reino... El grabado que hace Posada para este cuento es realmente impactante.


El quinto relato se llama “El lego sabio”, y es una joya de historia. Un lego tendrá que enfrentar su astucia, sabiduría y prudencia a la corrupción, odio y soberbia del rey que quiere matar al fraile que predicó una misa en su contra. La fase final del cuento es una maravilla de inteligencia expresada en las respuestas que el Lego da a las tres preguntas que plantea el rey: ¿Cuánto vale el rey? ¿Hasta dónde llega el poder del rey? ¿Qué está pensando el rey? Verdaderamente un clásico.




La última historia se llama “El vendedor de juguetes” y es un cuento de navidad en el que una niña se enamora perdidamente de un Niño Dios que su papá tiene entre su mercancía para vender. ¿Qué pasará cuando el papá salga a vender los juguetes?





Desconozco si el libro aún se consiga, si lo llegan a ver alguna vez, no lo piensen dos veces y ¡cómprenlo!

Lo puedes descargar en el siguiente enlace:
http://www.4shared.com/office/g3gtI8OC/CUENTOS_DE_PURO_SUSTO.html

17 diciembre 2010

ATROPELLADA...

Se transcribe el relato tal cual se encuentra en la grabación en formato digital de MP3 con 2' 47'' de duración, grabado el 5 de junio de 2010 por la señora Refugio Covarrubias de la Cruz, en entrevista con el autor. (R: Refugio; C: Chayito; A: Autor).

R. Haz de cuenta que fue qué un un 14, 16 de de de mayo, nom nom no me acuerdo bien qué fue. Pero estos iban a deja a una amiga de mi prima. Que allá por la Narro. Iba en la camione, el carro mi primo, que mi primo le dicen el Chino, él lleva el carro, ps ya ves cómo es. “Pero estos pa’ qué se andan yendo. No, pos vamos a ir a dejar sabe qué”.

Entons, cuando ellos iban, que venía una señora, una muchacha de esas que hacen las paradas en las... y que ve este, porque maneja bien loco, y que iba bien recio. Y luego que dice mi primo: “Y, nombre te lo...” dijo: “La vida de ellos o la de nosotros ¿Me la llevé? Me la llevé, pero yo si enfreno me volteo.” Y que le da.

Dónde voltean estos a pa’ ver a la señora cuál y era la Muerte. Dice la Güera y mi familia, era hace, te estoy hablando de hace ahorita nueve años, qué pasó eso. Porque fue los Quinceaños en el cor... no, ¿cómo?

C. En el cortijo.

R. En el cortijo fueron, ¿o qué? ¿qué otro hay allá?

C. Sí, es el cortijo. inaudible... que está más pa’llá.

R. Sí. Por esa carretera pasó. Pero ellas la vieron. Y cuando voltearon, se llevaron a la señora de frente, pero era la Muerte. Cuando vu, mi prima vio, dice Güera: “Ay, nombre, yo hasta me había arrepentido, voltié y, dijo, ah le vimos la calavera. Pero clarito vimos de que era la muerte”. Y la vio, porque iban en el carro una señora que se llama Juan, muchacha Juanita, otra se llama Zenaida, mi prima, el esposa, el esposo de mi prima y todos vieron, ps si todos iban hechos, y que “son ellos o yo”. Y cuál, pos ni ellas ni yo porque era la Muerte.

Y que desde entonces les dio mucho miedo. Y ya de allá para acá ps ya venían calmaditos pero, pues ya les había pasado. Y di, y luego les da mucha risa, porque yo “si este nos ha contado, ves que nos cuenta muchas de vaqueros, no hubiéramos creído”, el primo de nosotros. Pero era la Muerte la que vieron ellos. Se sube, sale, que sale de aquí de, verdad, del de los semáforos que están aquí en Yeverino, ‘on ‘taba antes la ferretera. Que sube y baja, la Muerte.

A. ¿Y la otra esta que me dijo del...?

R. A la otra aquí del kinder, del “Tomás Sánchez”.

A. Ahá.

R. Que venían y que se atravesó la señora por la calle, una viejita, se vio una viejita. Y que mi cuñado vio y que iba a enfrenar y que dio y que: “¡Ay!” Y que voltiaron, y que una señora que traía un ramo de flores. Y le pasó el camión y ella siguió caminando con su ramo de flores. Y dicen que vino y le dejó una flor aquí a una prima de nosotros y otras que anduvo dejando en el Landín.

A. Órale...

R. Eso cuentan. Pero ps que sí lo vivió mi cuñado, venían de una fiesta, estaban chiquillos los muchachos. Y todos lo vieron, menos mi hija, Dice: “Yo no vi nada”, dice: “bueno, yo no vi nada”. Todos la vieron, mi cuñado, ah, y tía ah que se tapó los ojos mi hermana, los otros, pero mi hija no lo vio, pero ellas sí la vieron. Todos la vieron. Ella fue la única que no lo vio.

Puedes escuchar la grabación original en el podcast sobrenatoral aquí:

http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2010-12-19T15_18_15-08_00





03 diciembre 2010

LA VIAJERA DEL MÁS ALLÁ


Se transcribe el relato tal cual se encuentra en la grabación en formato digital de MP3 con 1' 56'' de duración, grabado el 25 de abril de 2010 por Francisco David Palos Pizarro y Aarón Valdés Rodríguez, en entrevista con el autor. (F: Francisco; Aa: Aarón; A: Autor).

F. Bueno, mi mamá es, era amiga, ya falleció el señor, era amiga del chofer del uno de los “Autobuses Coahuilenses” que era el “Transporte Monclova-Lamadrid”. Resulta que, al dejar a algunos pasajeros ahí en Sacramento, él nota que ya queda poca gente en el camión.

Cuando pasa el panteón de Sacramento, que es donde se dice que ahí es donde se sube la muchacha, él nota que en el asiento que está atrás del chofer va una, una mujer, siempre con la cabeza agachada. Y él se extraña de, de de por qué va una mujer ahí, si, preguntó que en qué momento se había subido y no se había, y no se había acordado.

Cuando llegan a su destino final, que era Lamadrid Coahuila, ahí bajan todos y la muchacha no se mueve. Cuando él se levanta para avisarle que ya terminó el recorrido, la muchacha se levanta, sola ella, y al bajar del autobús voltea y en lugar de tener los ojos, solamente tiene, las cavidades, o sea, eh, los pozos en lugar de... Y este este señor sí quedó bastante traumado, de hecho decían que estaba loco después. Renunció y ya nunca trabajó. Pero ya falleció el señor.

A. Lo que decías que ya no pasan, entonces...

Aa. Ah, desde entonces, el autobús, “Autobuses Coahuilenses”, han cerrado las rutas o las salidas de Lamadrid a a Monclova porque los mismos choferes han experimentado esta aparición de esta mujer. Que, ya sea si uno va para rumbo a Cuatrociénegas, ella se sube en Sacramento, a orillas del panteón, y baja en Lamadrid. Igual, cuando es el retorno, en Lamadrid sube y el destino es Sacramento. Solamente es en ese trayecto donde la gente narra.

Pero, el temor de los choferes obligó a que la empresa cerrara esta ruta, de, ya después de, de tal, después de las ocho de la noche.



El audio original puedes escucharlo aquí:
http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2010-12-23T11_17_37-08_00












26 noviembre 2010

LOS PERROS


Con respecto al perro, en todas las culturas es un símbolo ambivalente. Aunque su figura está referida a la lealtad y a la seguridad, el perro está vinculado también a la muerte, al inframundo y a las fuerzas invisibles que rigen la tierra o la luna (Gheerbrant 2000:816). La noción del perro como psicopompo es casi universal. Para los antiguos mexicanos un techichi guiaba las almas por el inframundo, por ejemplo. Pero el perro es también una especie de intermediario entre este mundo y el otro.



Además, existe la creencia que el perro posee la facultad de ver a los espíritus de los ya fallecidos, incluso la muerte misma (Trejo 2009:176). También se ha extendido la creencia de que los perros aúllan por la noche en los lugares donde alguien morirá pronto o que algún hechicero o bruja anda cerca. También se cuenta que quien se ponga chinguiñas o lagañas de perro en los ojos, podrá ver a los muertos Rodolfo Cordero (2005:72-73) cuenta que



[...] Severo, a quien siempre lo veían montado en su burro [...] sabía que cuando aúllan los perros en la noche, es porque ven a la muerte. Llamó al “Capulín”, un perrito negro muy bravo que se le acercó moviendo la cola, saltando y lamiéndolo. ‘A ver tú, Capulín, tú que sí puedes ver a la muerte, préstame tus chinguinas para que yo también pueda verla’, y luego lueguito que abraza al perro y le quita las chinguinas y se las embarra en los ojos [...] “No me lo van a creer, pero como a eso de las once y media de la noche, que mi tío empieza a ver visiones. Se restregaba los ojos y gritaba: ‘¡No!, ¡no puede ser! ¡Ah!, qué jijos de la...’ Uno a uno, sus parientes muertos y sus amigos entraban al cuarto, comían de los golletes y bebían los vasos de agua de la mesa y salían alumbrándose con las astillas de ocote ardiendo y echando mucho humo. “Contaba después mi tía: Al condenado de tu tío Severo se le quitó la borrachera, se bajo del cincolote y salió corriendo al pilancón para lavarse la cara y quitarse las chinguinas. Gritaba: ‘¡Quítamelas, Tomasa!’ Por fin salió en su burro a confesarse.



Además se cuentan innumerables historias de enormes perros negros que se aparecen por las noches, con ojos rojos y gruñendo de forma aterradora. Estos perros, verdaderos perros del mal, pueden ser los nahuales o el mismo diablo (Trejo 2009:176).


06 noviembre 2010

EL SOLDADO


En el noreste de Saltillo existieron, desde tiempos de la fundación de la ciudad, a finales del siglo XVI, campos de cultivo e incipientes fábricas gracias a la abundancia de agua en esa zona del actual municipio. Juan Navarro construyó ahí uno de los primeros acueductos de la ciudad, donde se originó la expresión de las “aguas navarreñas”.

En esta parte de la ciudad, en lo que ahora es la colonia Libertad, se construyó hacia 1891 la fábrica textil “La Libertad” y a su alrededor se construyeron las casas de los trabajadores, lo que es típico del desarrollo industrial del siglo XIX.

Los habitantes de esta colonia, otrora ejido, platican que en épocas de la revolución el edificio de la fábrica se empleó como cuartel militar. Luego la fábrica cerró y la maquinaria se sepultó bajo el edificio y se echó cemento. El agua dejó de fluir en abundancia conforme avanzó la urbanización y se perforaron pozos para abastecer la creciente ciudad. El acueducto, que concluía en la fábrica, quedo seco, testigo mudo del paso del tiempo en la ciudad.

En la década de los 80s el edificio se destinó, en una parte, a la Casa Hogar de los Pequeños y el otro lado a una casa de retiros para matrimonios que luego se convirtió en seminario, de 1989 al 2009, estuvo ahí el Curso Introductorio del seminario.

Esas 20 generaciones de seminaristas que pasaron por ahí, la gente que trabajó en el lugar y que aún vive en el lugar, narran la presencia de un hombre al que han denominado “el soldado”, porque quienes lo han visto afirman que viste como militar y otros más dicen haber oído ruido de botas que marchan, como los soldados.

Don Enrique Vásquez, que fue trabajador de la fábrica, comisariado ejidal de “La Libertad”, y trabajó en el seminario hasta su muerte, contaba un sin fin de historias relacionadas con “el soldado”. Una de las más impresionantes es la de un cerrajero que fue un fin de semana a arreglar las chapas de unas puertas, mientras los seminaristas no se encontraban ahí.

El cerrajero necesitaba unas pinzas, que no llevaba, y don Enrique se ofreció a prestarle unas que tenía en su casa. La casa de don Enrique se encontraba a un lado del edificio del seminario. No tardó ni cinco minutos y al volver se encontró con el cerrajero en la puerta. Al preguntarle qué hacía ahí, si ya había terminado, el cerrajero le dijo que lo habían asustado ahí dentro.

Hubo quienes afirmaban que las cortinas de las habitaciones se movían solas, sin corrientes de aire que las agitaran. A otros los molestaban al dormir, se les sentaban en las camas, los tocaban y hasta rasguñaban, a otros les movían las cosas de su lugar, les apagaban las luces... en fin.

En una ocasión, dos compañeros que vivían en el mismo cuarto, oyeron una noche pasos en el corredor de las habitaciones. Pensaron, que era otro compañero que acostumbraba salir de su cuarto a la cocina y pensaron asustarlo. Lentamente, uno de ellos abrió la puerta mientras el otro se asomaba por la ventanilla del baño. ¡Cuál fue su sorpresa al percatarse que el pasillo estaba vacío!

Las historias de este edificio no paran ahí. Uno de los padres que estuvo laborando ahí cuenta que uno de sus hermanos fue con él a pinar y arreglar su habitación y llevaba a su hijo pequeño. Mientras los adultos trabajaban, el niño jugaba, corría, iba y venía por todo el edificio. En un momento, el niño empezó a llorar. Su papá, pensó que se había caído o golpeado con algo. Allá fue a verlo y al preguntarle qué pasaba, el niño respondió que porque el otro niño no quería jugar con él... pero en el edificio no había nadie. Varios seminaristas comentaron que llegaron a ver pequeñas manitas de niños marcadas en las toallas de los baños.

Muchos testimonios hay de haber visto personas extrañas que desaparecían de pronto, sombras que cruzaban los pasillos, patios o en la huerta. Don Enrique llegó a comentar que hubo quienes veían también a una mujer de blanco que caminaba a lo largo del acueducto.

El lugar sigue ahí, invitando a ser recorrido. Quién sabe y con qué puedas encontrarte tú.

Puedes escuchar el audio de esta historia en el podcast, en el siguiente enlace:

03 noviembre 2010

EL GALLO DE LA MUERTE


En las montañas de Cantabria existe una sorprende creencia acerca del gallo de la muerte. Esto es lo que recoge Manuel Llano sobre el Gallo de la Muerte:

“Es negro el Gallo de la Muerte. Tiene la cresta blanca con pintas azules y encarnadas… Su canto es quejumbroso como un alarido. La persona que tenga la desgracia de oír el canto del maléfico gallo, morirá al día siguiente, al ocultarse los luceros.

Una vez cada cien años los milanos ponen un huevo colorado en un nido que hacen en los escajos. Del huevo de los milanos sale una pájara, la mitad negra y la mitad blanca, más grande que las gallinas. La pájara vive cincuenta años justos y cabales. Al morirse, de sus carnes podridas nace un gusano verde que poco a poco va convirtiéndose en gallo negro. Este es el Gallo de la Muerte”.

La única cura que hay contra el Gallo de la Muerte, según recoge Manuel Llano, es cocer en agua de romero unas hierbas que solo crecen cerca de los manzanos silvestres cuando empieza la primavera y que tienen la flor azul y la raíz negra y hacen beber la infusión al toque de oraciones a quien haya oído cantar al maléfico gallo. Hay que buscarlas en el día de todos los santos, poco antes del anochecer. Lo malo del asunto, es que, al parecer, nadie ha visto hasta ahora dichas hierbas.
Seres míticos y personajes fantásticos españoles. Escrito por Manuel Martín Sánchez

01 noviembre 2010

EL CASO DE JOSÉ PANCHO CAMPO


Un día de lluvia de 1948, José Pancho Campo, cabrero y agricultor de profesión, vecino del pueblo extremeño de Garganta la Olla (Cáceres), considerado como un hombre alto, fuerte y vigoroso, se encontraba en una casa de la finca “La Casilla”, cuando llamaron a la puerta. Al abrir, vio que era un grupo de mujeres que decían “¡Qué frío, qué frío!”, y le pidieron permiso para entrar a calentarse en la cabaña. Pancho pensó que se habían extraviado y las invitó a entrar. Vio que una de las mujeres, la cual en ningún momento abrió la boca, vestía totalmente de negro con una falda muy larga que hacía que pareciese una monja. Se dirigió a ella y le aconsejó que se acercara a la lumbre para calentarse. Cuando se aproximó al fuego, Pancho atizó la candela y el resplandor le permitió verle las piernas: no tenía pies sino pezuñas…

Al darse cuenta de lo que había visto, el campesino dio un alarido y gritó “¡Jesús!”. En ese momento, contaba él, la supuesta y extraña mujer-monja salió de la choza a toda prisa. José Pancho regresó al pueblo, contó lo sucedido y desde entonces se colgó varias cruces del cuello. El encuentro con esta presunta lamia debió ocurrirle cuando contaba unos 58 años de edad.

Desde aquel fatídico día José Pancho Campo cayó enfermo, y postrado en la cama cubierto por unas cuantas cruces deliraba sobre aquel suceso;-Él ha venido a por mí, el demonio se me ha aparecido, quería llevarme con él-. El temor no parecía achicarse, sino aumentar su presencia en la mente de José Pancho hasta el punto de que se dice que murió por el mismo miedo en presencia del Párroco del lugar y el médico que había llegado tarde para tratarle.

A pesar de todo, se sabe que murió 14 años después del incidente, en 1962, de una enfermedad pulmonar. La tumba de José Pancho Campo aún hoy se puede observar yendo a Garganta la Olla. Una tumba no solamente para recordar la pérdida de José Pancho Campo, sino también para recordarnos que hay cosas en esta vida que aún no entendemos ni conocemos, y que tan solo podremos empezar a entender...si aprendemos a escuchar.

Esta historia está perfectamente documentada por Juan José Benítez cuando visitó garganta la Olla en 1982 para escribir su libro La punta del iceberg donde conoció al sobrino de José Pancho y le narró el suceso.

La dramatización de este caso puede escucharse aquí: