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25 octubre 2015

SAMHAIN



Samhain es la festividad celta en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre se celebraba el final de la temporada de cosechas y era considerada como el Año Nuevo, que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición del otoño al invierno (el paso de un año a otro) como de apertura al otro mundo.

En esta noche, las ánimas de los fallecidos tendrían autorización para caminar entre los vivos; volvían a visitar sus familias y sus viejas casas para calentarse a un lado del fuego y comer de los alimentos que con cariño les tienen preparados los parientes para mantenerlos. Y para alejar a los malos espíritus de los hogares, dejaban comida fuera.





El Papa Bonifacio IV, en 615, transformó el pantheón  de Agripa en el templo cristiano de  Todos los Santos para celebrar el 13 de mayo a  la Virgen María y todos los mártires, que los habían precedido en la fe.






Gregorio III en 741 traslada la fiesta de mayo al al 1 de noviembre, intentando cristianizar la tradición del samhain celta. Y  Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.
Como fiesta mayor, ésta también tuvo su celebración vespertina en la vigilia para preparar la fiesta.

Esta vigilia vespertina del día anterior a la fiesta de Todos los Santos, dentro de la cultura inglesa se tradujo al inglés como “All Hallow's Eve” Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando hasta llegar a la de Halloween.

El cristianismo acabó adoptando esta fiesta celtas, designando el primero de noviembre como día de Todos los Santos, y en el siglo XII, al día siguiente como día de Difuntos.


Los celtas ponían velas rudimentarias en el interior de las calaveras de los enemigos muertos, colocándolas en los cruces de caminos, a las afueras y en las murallas de sus castros, con el objeto de horrorizar los enemigos, para asombro y veneración de sus gentes y para conjurar los peligros de la celebración.
La noche de Samhain se practicaban ritos adivinatorios que hacían referencia a la previsión del tiempo, a los matrimonios y a la fortuna del año que entraba.


Por ejemplo al pelar una manzana se podía hacer una adivinación sobre la duración de la vida: cuanto más largo era el trozo de piel que se conseguía cortar sin romper más larga seria la vida de quien la pelaba. Las abuelas cuentan que cuando eran jóvenes, las muchachas del pueblo grababan en las avellanas el nombre de los hombres que todavía eran solteros y luego las tiraban al fuego; la avellana que saltaba fuera de las llamas indicaba a cada muchacha cual iba a ser su futuro esposo.


En Escocia, durante la noche de Samhain, las personas enterraban algunas piedras en la tierra, luego las cubrían con las cenizas de la chimenea y a la mañana siguiente iban a examinarlas: si una piedra se había movido, significaba que la persona que la había enterrado moriría antes de que acabara el año.

Durante un tiempo, también en Escocia, se solía colgar, en señal de bienvenida, quinqués fuera de la casa para indicar el camino a los espíritus, y se dejaban las mesas preparadas para que pudieran comer algo.





En Irlanda, es típico que todas las familias prepararan el denominado "colcannon", plato tradicional de la fiesta, el nombre deriva del irlandés y significa "col manchada": es una receta hecha con puré de papa, col triturada y cebolla, servido caliente y con mucha mantequilla. Solía esconderse en su interior una moneda, y el afortunado que la encontraba tenía el privilegio de podérsela quedar.



Como todas las fiestas céltas, también el Samhain dependía del calendario agrícola. Para los meses de noviembre, el ganado que había permanecido todo el año en el pasto, tenía que ser reconducido a los establos, entonces se escogían las cabezas más fuertes y mejores, que iban a poder soportar el invierno, y las demás se mataban, puesto que si el año había sido bueno y habían nacido muchas reses, el forraje almacenado no sería suficiente para alimentar todo el ganado.

Parte de la carne era desecada y conservada, mientras que las partes que se deterioraban con mayor velocidad eran cocinadas al momento. Los clanes reunían a sus miembros y organizaban grandes banquetes a los que todo el mundo estaba invitado, incluso los pobres, que en épocas de festividades podían comer hasta saciarse. También las recolecciones se hacían antes de Samhain, sobre todo las avellanas y la miel.




Una de las principales características de Samhain era el encendido de la hoguera. La noche anterior se apagaban todos los fuegos de las casas y la población de los pueblos se reunían en torno a una pira que después era encendida por los druidas al alba. Entonces, todo el mundo encendía una antorcha con el fuego de la hoguera sagrada y volvía a casa para volver a encender el propio hogar.




23 abril 2014

UN RELATO ESTREMECEDOR


Este relato está transcrito y adaptado del audio de la entrevista original realizada por el autor

También iba a General Cepeda la otra sobrina, pero ella iba con el esposo y los dos niños atrás en el carro. Parece que iban a una fiesta o algo así.

Iban para General dice, platicando aquel y yo y nos encontramos a una viejita en la carretera del lado donde maneja el esposo.

De este lado (del conductor) estaba una viejita parada.
Y dice: "Mira, una viejita".

Pero al momento que íbamos llegando con la viejita, así nos aventó una muñeca. Y la muñeca quedó en el limpiabrisas.

"¿Qué pasó?"

"No, nada", dice. 

"Y le seguimos".




Y yo volteo y le digo a mi esposo: "¿Ya viste la señora, la viejita?"

Y me dice: "La vengo viendo por el espejo".

Porque la viejita venía volando así por la carretera detrás del carro.

Entonces mi sobrina dice: "no me dio miedo tío, no me dio miedo, lo que hice yo con mis hijos los agarré dice con el asiento, así los agarré". / no me dio miedo la viejita ni nada de eso. A mí me preocupaban mis hijos y yo los agarré así. Los niños tenían unos dos años, como cuatro o tres años. Yo los agarré así con la mano".

Y aquel (mi esposo) dijo: "¿Qué hacemos?" Y empezó el limpiabrisas a moverlo.


Y no se soltaba la muñeca porque taba agarradilla. "Za, za, za, za, zaz...",  hasta que soltó la muñeca. Se soltó la muñeca y ya la viejita se paró.

03 mayo 2012

DE LA PASCUA JUDÍA A LA CACERÍA DE BRUJAS: LAS DOCE VERDADES DEL MUNDO




Cuando el sol comienza a ocultarse tras la sierra y los últimos rayos de luz alcanzan a colarse por entre la ventana, el olor a café y a tortillas de harina inunda la casita de doña Rosa Palomo. El día de trabajo ha acabado en el ejido y cede su lugar a la memoria y al relato: Mientras ella vivió siempre veíamos esos animales que volaban del techo. A veces apenas nos acabábamos de meter y alguien gritaba como un cócono, como un gato, como un perro... a los perros cuando ladraban les remedaba también. Mi suegro era el que nos platicaba a nosotros: “Ahora verán, les voy a rezar las Doce Verdades del Mundo...”



En estos rumbos del Noreste de México, los relatos de brujas están íntimamente ligados a una tradición oral que se conoce como Las Doce Verdades del Mundo. Prácticamente todas las personas que conocen alguna historia sobre brujería han oído hablar de las Doce Verdades, aunque no las conozcan por completo.

Las Doce Verdades son una serie acumulativa religiosa que, según dicha tradición popular, sirven como conjuro para tumbar a las brujas. Los más viejos y la gente del campo aún recuerdan, no sin un dejo de nostalgia, que las Doce Verdades eran un conocimiento básico, necesario para vivir: más antes la mayoría de la gente se sabía las Doce Verdades, dice doña Esperanza Martínez.

Estas Verdades se componen de dos elementos: un número y una referencia religiosa. Número y referencia religiosa se unen por una palabra que funciona como gancho, para facilitar la memorización de las Verdades. Así, el número 1 se une a la referencia Un solo Dios por la palabra un; El 12 se une a la referencia Doce Apóstoles por la palabra doce. Y así para cada una de las otras 10 Verdades.

Este recurso mnemotécnico, conocido como palabras gancho, es común en la tradición judía que dio origen a los textos bíblicos. Dicho señalamiento resulta relevante si se considera que el poema Ejad mi Iodea -¿Quién sabe el significado de uno?-, parece ser la referencia más antigua en el origen de las Doce Verdades. El poema se atribuye al rabí Eliezer Rokeaj, quien lo compuso en el siglo XII, en Worms Alemania. Luego se incluyó en el ritual de la cena pascual judía hacia el siglo XVI con el propósito de animar a la comunidad e instruir teológicamente a los jóvenes (Shurpin, 2009).

Es muy probable que, tras la expulsión de los judíos de España, el poema se haya reelaborado con contenidos cristianos, y que sobreviva en zonas rurales de Galicia, Asturias, Valladolid, Andalucía, Salamanca y La Mancha, en las canciones y juegos infantiles como Las Doce Palabras (o Palabricas) Retornadas o Las Doce Palabras Redobladas o Las Palabras Retornadas del Señor Ángel de la Guarda, de los que es innegable su sabor judío (De Vicente y Fernández, 2005). Estos recursos catequísticos llegaron a la Nueva España con los misioneros europeos y, dada la influencia cultural criptojudía del Noreste de México, su arraigo en la memoria colectiva sería bastante lógica.

La recitación de las Doce Verdades, además de ser una forma de proclamar la fe, es también un ritual. La relación con los relatos de brujería lo confirma. Doña Rosa Palomo cuenta que su suegro agarraba un cordel grandote, y en cada rezo que iba echando iba echando un nudo. Echaba otro rezo y echaba otro nudo.


Y doña Esperanza Martínez señala que primero las rezan. Tienen un cordón. Él siempre usaba ese cordón aquí, cordón grandote. Aquí en la cintura, aquí lo acostumbraba. Y cuando se van rezando, decía él que se va echando un nudo. Y luego se rezan al revés. Y se viene echando un nudo al revés, al revés, al revés, y así. Y ya cuando van cayendo, que ya viene cayendo la bruja, se viene transformando en gato, y maúlla como un gato, ladra como un perro. Gruñen así los animales, viene transformando y transformando, y ahí... baja el animal pero en forma todavía de animal. Eso debe ser sin perturbarse nada, nada. Están rece y rece las Trece Verdades al revés y al derecho, al revés y al derecho, al revés y al derecho y al revés y al derecho... hasta el último que ya caen. Cae la mujer o el hombre. Porque, pues, son hombres a veces también.

Así pues, según la tradición oral, el ritual de las Doce Verdades exige hacer un nudo en un hilo negro bendito, o en un cordón, o en un paliacate, o en algo parecido que se tenga a mano: Nomás se atravesaba un animal en el camino y luego luego, a rezar las Doce Verdades y a sacar uno el paliacate para ir haciendo los nudos, decía don Lucio Valdés, allá en la sierra de Arteaga.

Según la tradición oral, quien recite las Doce Verdades para tumbar una bruja, ha de tejer un nudo en el cordón al tiempo que va enunciando cada Verdad, de la uno a la doce. Y luego al revés, mientras recita las Verdades de la doce a la uno, va deshaciendo los nudos del cordón.

Semejante rito para agarrar brujas encierra en sí un profundo simbolismo. Los números expresan ideas y fuerzas, no solo cantidades. El número es producto de la palabra y del signo. Los números son el nudo de las relaciones de lo que sucede en el universo, dice Gheerbrant (2000:763).

Los elementos religiosos relacionados a cada número forman un conjunto de afirmaciones capitales o centrales para el creyente que las recita. Si el poema Ejad mi Iodea, forma el núcleo de fe en torno a la Torah, las Doce Verdades del Mundo forman el núcleo de fe en torno a la revelación cristiana.

El cordón simboliza la vida. La tradición bíblica mira la vida como una cuerda de tejedor que puede cortarse de pronto (cfr. Is. 38, 12). Así lo vieron también los griegos en sus Moiras, los vikingos con sus Nornas y los romanos en las Parcas.

Tejer es un símbolo del destino que se construye con las relaciones y las decisiones; es crear, sacar lo mejor de uno mismo, como lo hace la araña al tejer su tela (Gheerbrant, 2000:982). Un nudo representa fijación en un estado determinado, pero es un símbolo doble, ya que deshacer el nudo significa liberación. Los nudos simbolizan el atar la voluntad o atar a la persona. En el sur de la Ciudad de México, por ejemplo, cuando alguien ha perdido algún objeto y que no lo encuentra por ningún lado, anuda una prenda de color rojo y golpea con el nudo tres veces al tiempo que recita el siguiente verso: San Cucufato, san Cucufato/hasta que no me lo entregues/no te desato.

De esta forma, quien reza las Doce Verdades al tiempo que teje los nudos en el cordón, está definiendo el destino de la bruja o brujo que ha decidido atrapar. Por ello sería inevitable que el conjuro sea eficaz, pues se atan las propiedades mágicas del brujo o bruja con ello. Pero como también deshace los nudos cuando reza al revés las Doce Verdades, se simboliza el movimiento de vida-muerte, de todo lo que nace, muere y renace.

Doña Rosa Palomo relata que su suegro una vez tenía una señora. -¿Y esta señora quién es? -¿No la oyeron anoche cómo estaba chifle y chifle y búrlese y búrlese? dice, y me puse y la agarré. Lloraba la señora porque no la quería soltar mi suegro. Dice: -No, no la voy a soltar, yo no la voy a soltar. Luego, ya después de tanto, dijo: ¿Yo qué voy a hacer con esta mujer? Y estuvo soltando todos los nudos, todos los nudos y se despareció la señora.

Además es importante apuntar que la tradición sobre las Doce Verdades insiste en que hay que hacer el conjuro sin perder en absoluto la concentración, porque si no, se corre el riesgo de que el conjuro no sea efectivo. Doña Esperanza Martínez dice que sin perturbarse. Porque si se perturban, los aporrean, los arañan, los picotean... Baja el animal pero en forma todavía de animal. Eso debe ser sin perturbarse nada, nada. Así, lejos de atar a la bruja, quien hace el rezo quedará atado por su propio conjuro y sufrirá las consecuencias.

¿Pero cuáles son las Doce Verdades? A partir de 21 versiones diferentes recopiladas, se hace un trabajo de crítica textual que toma en cuenta 3 criterios de selección: el criterio de testimonio múltiple, el criterio de coherencia teológica y el criterio de explicación necesaria.

El criterio de testimonio múltiple exige inclinarse por la expresión con mayor número de referencias en las 21 versiones. El criterio de coherencia teológica implica elegir la expresión que sea coherente con la doctrina oficial del cristianismo, a la que aluden las Verdades. Y el criterio de explicación necesaria señala que ante un conjunto considerable de datos que exigen una explicación coherente, se ofrece una explicación que ilumina armónicamente estos elementos. Además, no hay que perder de vista que los tres criterios se exigen recíprocamente.

Señalado lo anterior, las Doce Verdades del Mundo serían:

I. Un solo Dios;
II. Dos Tablas de la Ley;
III. Tres personas divinas;
IV. Cuatro evangelios;
V. Cinco llagas;
VI. Seis candeleros;
VII. Siete palabras;
VIII. Ocho coros;
IX. Nueve meses;
X. Diez mandamientos;
XI. Once mil vírgenes;
XII. Doce apóstoles.

Con base en los criterios de coherencia teológica y de explicación necesaria, los números de cada verdad y cada verdad enunciada, implican un camino y una tarea a realizar por el creyente, ya que por eso son “verdades”. Así, las Doce Verdades del Mundo parecen ser una especie de camino simbólico de iniciación.

El camino iniciático comienza, en Dios, fuente de todo cuanto es y existe (I). Las Tablas de la Ley (II) simbolizan la entrada de Dios en la historia para revelarse al hombre, revelación que llega a su plenitud con Cristo, que revela la Trinidad Divina (III) y pone al alcance del hombre la salvación (IV) y con su muerte y resurrección (V) abre los cielos a la humanidad, comunicando siempre su vida por la Eucaristía y los sacramentos (VI) memoriales de su pasión (VII). Así la multiforme gracia de Dios santificará a los hombres (VIII), que habrán de dar a luz a Cristo en sus propias vidas (IX) aceptando la Ley de Dios en sus corazones (X), consagrándose en cuerpo y alma (XI) para construir el Reino de Dios en la tierra por la Iglesia (XII). Aquí se llega al punto central y comienza el “descenso”.

Como bautizado y miembro de la Iglesia (XII) hay que esforzarse por consagrar todo el mundo a Dios (XI) y hacer que su Ley reine en todos los hombres (X). Así será posible que se forme Cristo en cada persona por la gracia (IX). Esta configuración con Cristo lleva al creyente a hacer vida la fe en los diferentes ámbitos de la vida, de sus quehaceres y trabajos (VIII), incluso hasta el extremo de dar su vida (VII). La gracia de los sacramentos (VI) mantiene viva la fuerza de la esperanza de que otro mundo es posible, siguiendo las huellas de Jesucristo Crucificado y Resucitado (V), convirtiendo los evangelios (IV) en guía para la vida y conduciendo el mundo y la historia al Padre, por Cristo en el Espíritu (III), y haciendo del amor, centro de la Ley de Dios y su Alianza (II), el núcleo de la Nueva Creación, donde Dios será todo en todos (I).

Hay que agregar que en algunas variantes orales aparece una verdad trece. Ya en el Ejad mi Iodea el número trece corresponde a los atributos divinos. Trece es el valor numérico de la palabra hebrea ejad, uno. Esto lleva nuevamente a la primera estrofa del poema, la unicidad de Dios. En las Doce Verdades, más que una confesión religiosa de tipo doctrinal o una verdad, parece ser una especie de colofón a la recitación de las otras doce: Trece rayos de sol conduzcan a las brujas y a las hechiceras a los infiernos; otra versión dice: las doce ya las dije, trece no las aprendí, vete al infierno, demonio, que esta alma no es para ti. Una más expresa: Los trece rayos de Sol que le caigan al demonio y le partan el corazón.

La explicación anterior puede parecer compleja y demasiado académica, comparada con el contexto popular que se respira en los testimonios orales sobre las Doce Verdades del Mundo. Pero, con base en el criterio de explicación coherente, el muy posible origen judío de las Doce Verdades ya señalado, permite la interpretación de estas como parte de un proceso de iniciación.

Finalmente, ante la abundancia de testimonios distintos con respecto a un conjuro se pone en entredicho la eficacia de un lenguaje mágico, o al menos cuestiona la pertinencia de fórmulas mágicas que han de repetirse precisa y exactamente para lograr el efecto deseado. Si tal precisión y exactitud no son necesarias, es porque la palabra requiere a su vez de un ritual que valide dicha palabra y viceversa, el ritual requiere ser validado por las palabras. Ambos elementos se exigen mutuamente, en el ritual las palabras explican los gestos y estos dan sentido a las palabras. Solamente juntos, palabras y gestos, se vuelven mágicos.

Además, los símbolos se narran. El símbolo requiere de la narración que expone su sentido, hace anámnesis de los acontecimientos que le dan origen e involucra a los oyentes en su dinámica, al modo de un memorial. De esta forma, símbolo y mito se unen indisolublemente en el lenguaje, y quienes conservan viva la memoria implicada en el símbolo, crean el rito que le permite hacerlo cercano, convirtiendo aquello que es oscuro e inexplicable, lo que atemoriza y despierta pavor, en algo susceptible de ser tratado, como explica José Luis Cardero (2008:16).
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REFERENCIAS:

CARDERO LÓPEZ, José Luis (2008): De lo Numinoso, a lo Sagrado y lo Religioso. Magische Flucht, Vuelo Mágico y éxtasis como experiencias con lo Sagrado, Madrid: Instituto de Ciencias de las Religiones.

DE VICENTE, Enrique y Lorenzo FERNÁNDEZ BUENO [eds.] (2005): «Curanderos, el poder de la tradición», disponible en [fecha de consulta: 20 de septiembre de 2010].

GHEERBRANT, Alain y Jean CHEVALIER [dirs.] (2000): Diccionario de los símbolos, [trads. Manuel Silvar y Arturo Rodríguez], Barcelona: Herder.

SHURPIN, Yehuda (2009): «Echad Mi Yodea. Who Know's One?!» en Chabad.org, disponible en [fecha de consulta 26 de abril de 2012].

02 diciembre 2011

MANCHAS NEGRAS


Aquí va un impresionante testimonio del exorcista Gabriele Amorth:

Un marido, su mujer y un sobrino regentan un supermercado con la ayuda de dos empleados. Poco después de haber abierto la tienda, todos sufren un persistente dolor de cabeza, acompañado de unas manchas negras en los brazos, en cuanto pisan el local.
Las manchas se ponen rojas, empiezan a dolerles mucho y se extienden al cuello y los brazos, por todo el cuerpo. Uno tras otro los aparatos se estropean: el frigorífico, las cámaras del mostrador, la caja registradora... Manos invisibles cambian de lugar los productos. La puerta de entrada se atasca, o se abre sola. Siempre hay algo que no funciona, pero cuando llega el técnico va bien; una vez se ha ido reaparecen las averías.

Cuando me llamaron prometí que iría a bendecir el local, aunque les pedí que antes se confesaran y se comprometieran a seguir un camino de fe. Después exorcicé la tienda y a todo el personal para romper cualquier hechizo o maleficio que pudiera haber. Mientras rezaba coloqué unos vasos con agua bendita y sal en varios puntos del establecimiento. Al día siguiente, la sal de cinco vasos se había derramado hasta el suelo; en cambio, en los otros tres no ocurrió nada.

Según observaron los cinco protagonistas, la mujer del piso de arriba, que había intentado impedir por todos los medios la apertura de la tienda, entraba y salía sin comprar nada. Siempre se detenía ante el lugar donde estaban ocultos los vasos de los que se derramaba la sal, como si esperase descubrir algo. Habíamos esparcido sal exorcizada por todas partes y habíamos rezado mucho, repitiendo las renuncias a Satanás, las oraciones contra los maleficios y la renovación de los votos bautismales. Colocamos bien a la vista una imagen de Jesús Misericordioso y el personal adquirió el hábito de rezar una oración todas las mañanas, antes de empezar a trabajar.

Una vez, al entrar en la tienda, a mí también me salió una mancha en el brazo; primero era negra y después, roja, muy dolorosa. Me apliqué óleo exorcizado en el brazo y se me curó enseguida.
Después de cuatro exorcismos (y muchas oraciones) acabaron todos los fenómenos y trastornos, la extraña mujer no volvió a aparecer y ahora en el supermercado trabajan en paz.

Tomado de: AMORTH, Gabriele y Marco TOSATTI (2010): Memorias de un exorcista. mi lucha contra Satanás, [trad. Helena Aguilà Ruzola], Barcelona: Indicios.







Puedes escuchar la dramatización de la película "El exorcista" realizada por Radio Naconal de España aquí:

25 noviembre 2011

LA MULATA DE CÓRDOBA


El relato narra la historia de Soledad, una bella mujer que vivía en la ciudad de Córdoba, fundada en 1618 como un sitio de tránsito en el camino real que conducía del puerto de Veracruz hasta la Ciudad de México, el corazón de la Nueva España.

Soledad era mulata, es decir, hija de un español con una negra, cautivaba a todos los habitantes de la ciudad; se dice que por envidia, muchas mujeres querían que el Santo Oficio la acusara de brujería y pacto con el diablo, pero éstas acusaciones nunca se comprobaron.

La belleza de Soledad cautivó al entonces alcalde de Córdoba, Martín de Ocaña quien ofreció toda clase de regalos a la mujer a cambio de poseer su cuerpo. Al negarse, Soledad selló su destino, pues el acaudalado funcionario levantó una acusación en contra de ella ante el tribunal de la Santa Inquisición que procedió a encarcelarla y a enjuiciarla rápidamente para condenarla por sus supuestas relaciones con el demonio.

La mujer fue llevada presa al temible castillo de San Juan de Ulúa y durante la noche previa a su ejecución pasó todo el tiempo dibujando un magnifico barco en la pared de su celda con un trozo de carbón.

Cuando los guardias fueron por ella para conducirla a su destino fatal y tras sorprenderse por la obra de arte que la mulata había logrado dibujar con tan pocos recursos y en tan poco tiempo, Soledad les preguntó qué era lo que faltaba al navío. "Que navegue", contestaron.





En ese momento Soledad subió a su dibujo y el barco comenzó a navegar por las paredes hasta perderse en el muro y escapar de ahí. 

La leyenda cuenta que nadie nunca más volvió a saber de Soledad; si se visita el Castillo de San Juan de Ulúa, es común conocer esta leyenda e incluso, hay quienes sienten una extraña presencia entre sus centenarios muros.


12 abril 2011

LA BRUJA BABA YAGA


En las las narraciones populares rusas, aparecen una serie de personajes sobrenaturales cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto del folclore eslavo. El más conocido es la bruja Baba Yaga, ambivalente ogresa del bosque que devora niños y viaja a gran velocidad montada sobre un enorme mortero.
Baba Yaga no resulta muy agraciada. Su aspecto es el de una vieja horriblemente fea, alta y delgada. El pelo gris le flota enmarañado en torno a la cabeza, su nariz es aguileña y sus dientes largos, afilados y lo suficientemente resistentes como para roer con ellos el tronco de los árboles a los cuales huyen los protagonistas de algunos relatos. Esconderse de ella resulta una empresa difícil debido al magnífico olfato del que disfruta, aunque merece la pena intentarlo, pues de caer en sus garras es probable terminar en el horno de su casa, cocinados y servidos a la mesa de la bruja.
Baba Yaga es vieja, huesuda y arrugada, con la nariz azul y los dientes de acero y posee una pierna normal y una de hueso. Estas dos piernas representan al mundo de los vivos y el mundo de los muertos en los cuales ella deambula. Baba Yaga es un ser perverso y cruel, pero no totalmente malvado; come personas, generalmente niños. Sus dientes le permiten romper huesos y desgarrar la carne con facilidad.
Aparece como un torbellino salido de lo más profundo del bosque. Precedida por chasquidos de madera seca y una ráfaga de viento tempestuoso, surge de entre los árboles subida a su mortero, impulsándose con la mano del mismo y borrando con una escoba el rastro que deja en la tierra. Puede volar por el aire también, y entonces se asemeja a una nube oscura que amenaza con ocultar la luz del día.
Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de gallina que le sirven para desplazarse por toda Rusia. La valla de su choza está adornada con cráneos, en cuyo interior coloca velas. La idea de una casa con patas de gallina podría derivar de las cabañas de ciertos pueblos que las construían sobre troncos de árboles para protegerse de los animales. Para entrar en la casa, Baba Yaga dice el conjuro "Casita Casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí". El interior de la choza siempre está llena de carne y de vino. También es resguardada por los sirvientes invisibles de Baba Yaga, los cuales aparecen como manos espectrales. Baba Yaga también tiene a su servicio a los caballeros blanco, rojo y negro, los cuales controlan el día, el atardecer y la noche.
A veces parece más pequeña por dentro de lo que debería ser según su tamaño exterior, por lo que al mirar a través de la ventana se ve a Baba Yaga constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada contra la ventana y las piernas encogidas, como si el tamaño de la casa no fuese superior al de un ataúd. En otras ocasiones la casa es mucho más grande, y se encuentra dentro de un recinto rodeado por una valla hecha de huesos, festoneada por calaveras, con una puerta enmarcada por piernas esqueléticas cuya cerradura es una boca de dientes afilados.
Según la interpretación comúnmente aceptada, la casa de Baba Yaga se encuentra justo en el límite entre el mundo de los mortales y el de los espíritus, y la bruja es nada menos que la guardiana entre los dos mundos. Por ello los cuentos siempre la sitúan en el lindero de un frondoso bosque, a la orilla del mar, en la entrada de un mundo subterráneo. En este territorio fronterizo, el poder de Baba Yaga es inmenso.
Sin embargo, por extraño que parezca, puede comportarse con bondad, dando ayuda y consejo, proporciona algún objeto mágico o las indicaciones necesarias para llegar al mundo de los espíritus si así se necesitan. Para obtener la ayuda de Baba Yaga primero hay que demostrarle que no se le teme y que se sabe negociar con ella.
En la mitología vasca hay seres llamados lamias, mujeres con patas de gallina, pata de cabra o cola de pez. Viven en cuevas y pozos y se ven peinándose con un bonito peine junto a los ríos, fuentes y entradas de grutas. Quien les concede una ofrenda durante la noche ellas le ayudan en su trabajo diario.
En 1874, Modest Musorgski compuso la suite para piano “Cuadros de una exposición”, de 15 piezas. Una de las secciones de los Cuadros es “La cabaña sobre patas de gallina” que es una cabaña con forma de reloj, donde vive la bruja Baba Yaga.


LA BRUJA BABA YAGA
ALEXANDER AFANASIEV
Vivía en otros tiempos un comerciante con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella.
Aprovechando la ocasión de que el padre tuvo que hacer un viaje, la madrastra le dijo a la muchacha:
-Ve a ver a mi hermana y pídele que te dé una aguja y un poco de hilo para que te cosas una camisa.
La hermana de la madrastra era una bruja, y como la muchacha era lista, decidió ir primero a pedir consejo a otra tía suya, hermana de su padre.
-Buenos días, tiíta.
-Muy buenos, sobrina querida. ¿A qué vienes?
-Mi madrastra me ha dicho que vaya a pedir a su hermana una aguja e hilo, para que me cosa una camisa.
-Acuérdate bien -le dijo entonces la tía- de que un álamo blanco querrá arañarte la cara: tú átale las ramas con una cinta. Las puertas de una cancela rechinarán y se cerrarán con estrépito para no dejarte pasar; tú úntale los goznes con aceite. Los perros te querrán despedazar; tírales un poco de pan. Un gato feroz estará encargado de arañarte y sacarte los ojos; dale un pedazo de jamón.
La chica se despidió, cogió un poco de pan, aceite y jamón y una cinta, se puso a andar en busca de la bruja y finalmente llegó.
Entró en la cabaña, en la cual estaba sentada la bruja Baba Yaga sobre sus piernas huesosas, ocupada en tejer.
-Buenos días, tía.
-¿A qué vienes, sobrina?
-Mi madre me ha mandado que venga a pedirte una aguja e hilo para coserme una camisa.
-Está bien. En tanto que lo busco, siéntate y ponte a tejer.
Mientras la sobrina estaba tejiendo, la bruja salió de la habitación, llamó a su criada y le dijo:
-Date prisa, calienta el baño y lava bien a mi sobrina, porque me la voy a comer.
La pobre muchacha se quedó medio muerta de miedo, y cuando la bruja se marchó, dijo a la criada:
-No quemes mucha leña, querida; mejor es que eches agua al fuego y lleves el agua al baño con un colador.
Y diciéndole esto, le regaló un pañuelo.
Baba Yaga, impaciente, se acercó a la ventana donde trabajaba la chica y le preguntó a ésta:
-¿Estás tejiendo, sobrinita?
-Sí, tiíta, estoy trabajando.
La bruja se alejó de la cabaña, y la muchacha, aprovechando aquel momento, le dio al gato un pedazo de jamón y le preguntó cómo podría escaparse de allí. El gato le dijo:
-Sobre la mesa hay una toalla y un peine: cógelos y echa a correr lo más de prisa que puedas, porque la bruja Baba Yaga correrá tras de ti para cogerte; de cuando en cuando échate al suelo y arrima a él tu oreja; cuando oigas que está ya cerca, tira al suelo la toalla, que se transformará en un río muy ancho. Si la bruja se tira al agua y lo pasa a nado, tú habrás ganado delantera. Cuando oigas en el suelo que no está lejos de ti, tira el peine, que se transformará en un espeso bosque, a través del cual la bruja no podrá pasar.
La muchacha cogió la toalla y el peine y se puso a correr. Los perros quisieron despedazarla, pero les tiró un trozo de pan; las puertas de una cancela rechinaron y se cerraron de golpe, pero la muchacha untó los goznes con aceite, y las puertas se abrieron de par en par. Más allá, un álamo blanco quiso arañarle la cara; entonces ató las ramas con una cinta y pudo pasar.
El gato se sentó al telar y quiso tejer; pero no hacía más que enredar los hilos. La bruja, acercándose a la ventana, preguntó:
-¿Estás tejiendo, sobrinita? ¿Estás tejiendo, querida?
-Sí, tía, estoy tejiendo -respondió con voz ronca el gato.
Baba Yaga entró en la cabaña, y viendo que la chica no estaba y que el gato la había engañado, se puso a pegarle, diciéndole:
-¡Ah viejo goloso! ¿Por qué has dejado escapar a mi sobrina? ¡Tu obligación era quitarle los ojos y arañarle la cara!
-Llevo mucho tiempo a tu servicio -dijo el gato- y todavía no me has dado ni siquiera un huesecito, y ella me ha dado un pedazo de jamón.
Baba Yaga se enfadó con los perros, con la cancela, con el álamo y con la criada y se puso a pegar a todos.
Los perros le dijeron:
-Te hemos servido muchos años sin que tú nos hayas dado ni siquiera una corteza dura de pan quemado, y ella nos ha regalado con pan fresco.
La cancela dijo:
-Te he servido mucho tiempo sin que a pesar de mis chirridos me hayas engrasado con sebo, y ella me ha untado los goznes con aceite.
El álamo dijo:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas regalado ni siquiera un hilo, y ella me ha engalanado con una cinta.
La criada exclamó:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas dado ni siquiera un trapo, y ella me ha regalado un pañuelo.
Baba Yaga se apresuró a sentarse en el mortero; arreándole con el mazo y barriendo con la escoba sus huellas, salió en persecución de la muchacha. Ésta arrimó su oído al suelo para escuchar y oyó acercarse a la bruja. Entonces tiró al suelo la toalla, y al instante se formó un río muy ancho.
Baba Yaga llegó a la orilla, y viendo el obstáculo que se le interponía en su camino, rechinó los dientes de rabia, volvió a su cabaña, reunió a todos sus bueyes y los llevó al río: los animales bebieron toda el agua y la bruja continuó la persecución de la muchacha.
Ésta arrimó otra vez su oído al suelo y oyó que Baba Yaga estaba ya muy cerca: tiró al suelo el peine y se transformó en un bosque espesísimo y frondoso.
La bruja se puso a roer los troncos de los árboles para abrirse paso; pero a pesar de todos sus esfuerzos no lo consiguió, y tuvo que volverse furiosa a su cabaña.
Entretanto, el comerciante volvió a casa y preguntó a su mujer.
-¿Dónde está mi hijita querida?
-Ha ido a ver a su tía -contestó la madrastra.
Al poco rato, con gran sorpresa de la madrastra, regresó la niña.
-¿Dónde has estado? -le preguntó el padre.
-¡Oh padre mío! Mi madre me ha mandado a casa de su hermana a pedirle una aguja con hilo para coserme una camisa, y resulta que la tía es la mismísima bruja Baba-Yaga, que quiso comerme.
-¿Cómo has podido escapar de ella, hijita?
Entonces la niña le contó todo lo sucedido.
Cuando el comerciante se enteró de la maldad de su mujer, la echó de su casa y se quedó con su hija.
Los dos vivieron en paz muchos años felices.