14 julio 2011

10 LEYENDAS URBANAS FAMOSAS. 1a PARTE

Las leyendas urbanas son relatos que, integran elementos poco creíbles y hasta sobrenaturales, que se presentan como crónica de hechos reales sucedidos en la actualidad. Como toda leyenda, parten de un núcleo de algún hecho real, pero la narración lo distorsiona exagerándolo y mezclándolo con datos ficticios.
Se transmiten oralmente, y hoy día, a través de internet, pueden cruzar las fronteras rápidamente apareciendo incluso en los medios de comunicación como prensa, radio, televisión.
Esto provoca que una misma leyenda urbana tenga infinidad de versiones. Su característica principal es que los protagonistas del relato son amigos, conocidos o parientes de alguna persona cercana. Es muy común la frase “al amigo de un amigo”...
A diferencia de la leyenda tradicional que emplea elementos simbólicos, generalmente del contexto religioso, la leyenda urbana suele tejerse en torno a acontecimientos propios de la vida cotidiana, con el uso de objetos y artículos de uso diario, lo que, precisamente, les da ese tono perturbador y hasta terrorífico.
Van ahora las primeras 3 leyendas urbanas, de 10, más o menos conocidas, de los últimos años:

10) LA PANDILLA SANGRE
Si vas conduciendo por la noche y te cruzas con un coche con las luces apagadas no le des las luces largas, porque esa puede ser la última cosa que hagas.
Se ha extendido una noticia o leyenda urbana mediante el correo electrónico donde, supuestamente, un agente de la policía advierte de que una banda organizada tiene un método de iniciación que consiste en conducir con el coche por la noche y con las luces apagadas. El primero en avisarlos, mediante el intercambio de luces largas será perseguido por esta banda hasta matar a todos los ocupantes del coche que les avisó con las luces.
(Esta leyenda urbana ha recorrido el internet anunciando la acción de dicha pandilla en España, Centroamérica, Nuevo Laredo... y hasta Joaquín López Dóriga la dio como noticia en su noticiero hace año y medio).



9) TRÁFICO DE ÓRGANOS
Un joven, o una joven, concurre a una fiesta, o está viajando en el extranjero; entra a un bar donde conoce a un (a) desconocido (a), quien le invita un trago. Luego de beber un rato juntos y hasta de ir a bailar, se van juntos a un hotel. Después de un rato, se queda dormido (a). Cuando despierta, se descubre dentro de una bañera colmada de hielo y una venda cubre una herida. En un espejo, en la pared o en el suelo, alguien escribió con su propia sangre una nota advirtiéndole que llame al teléfono de urgencias, pues le ha sido extirpado el riñón.

8) CLUB DEL SIDA
Es un variante del relato anterior: Un joven, o una joven, concurre a una fiesta, o está viajando en el extranjero; entra a un bar o disco donde conoce a un (a) desconocido (a), quien le invita un trago. Luego de beber un rato juntos y hasta de ir a bailar, se van juntos a un hotel. Después de dar rienda suelta ala pasión, se queda dormido (a). Cuando despierta, descubre en un espejo una nota escrita con lápiz labial que dice: “Bienvenido (a) al club del SIDA”.

24 mayo 2011

EL HOMBRE A QUIEN LE DOLÍA EL PENSAMIENTO. Amado Nervo

Hay enfermedades extremadamente raras y terribles.


Una de ellas es la del sueño, de que tanto se ha hablado últimamente, y que se propaga merced a la picadura de una mosca de África, llamada «tse-tse», la cual inocula rápidamente la trypanosomiasa.

A Francia fue llevado no ha mucho, para su estudio, un grupo de negros atacados por esta enfermedad. Todos murieron. Dominábalos letargo profundo, del cual no salían sino momentáneamente.

Uno de los atacados, en cuanto se despertaba, poníase a cantar cierta canción monótona y melancólica, casi sin palabras, como si quisiera arrullar su propio sueño, su sueño fatal, más allá del cual estaba la muerte.

Confieso que tal dolencia, no obstante su extrañeza y las impresiones que debe producir a quienes observan su desarrollo, a mí no me asusta. Dormir..., aunque sea para no despertar ya, es siempre lisonjero. La naturaleza, que acaso dio la vida como madrastra, dio después el sueño como madre.

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Más terrible aún que esta enfermedad es la que se llama «osificación de los músculos», originada por la abundancia de óxidos de calcio en el organismo.

Lentamente avanza... hasta fosilizarnos en vida, hasta covertirnos, como si dijeramos, en piedra. El cerebro y el corazón escapan largo tiempo. Ya los pies, las piernas, los brazos, los intestinos mismos están más o menos osificados. Solo el corazón y el cerebro siguen latiendo dentro de aquella estatua, que ve, que oye... ¡que se da cuenta!

La rara enfermedad no es dolorosa. En Alemania, un hombre fue atacado por ella, y muchos meses antes de morir, yació en el lecho de un hospital.

Lo peregrino de su caso hacía que acudiesen a verle innumerables personas. Él, siempre de excelente humor, conversaba con todas.

Era una especie de escultura del Comendador; pero no trágica, sino afable y hasta ingeniosa.

En cierta ocasión, a una princesa que le visitaba, díjole:

-Me estoy erigiendo yo mismo mi estatua, en vida.

Al iniciársele la osificación del corazón, murió; todo en él era ya rígido y estaba como petrificado, menos la boca. La estatua sonreía... sonrió hasta el último instante. No le dolía nada, es claro. ¡Cada miembro había adquirido la insensibilidad y la perdurabilidad del mármol!

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Esta enfermedad es, sin embargo, inocente si se la compara con otra que voy a describiros: los cabellos, en virtud de ciertos vicios de nutrición, de no sé qué asimilaciones espantosas, se van hinchando y encarnando, hasta que son como hebras de nervios y de carne, como apéndices tentaculares.

Vuestra cabeza se convierte entonces en una cabeza de medusa, y cada cabello, si lo cortáis, si tiráis de él siquiera, sangra y os duele horriblemente.

Los griegos, que, en suma, no fantasearon tanto como se cree, sino que hacían de sus mitos simples representaciones de seres, fuerzas y cosas existentes, a sabiendas de esta enfermedad imaginaron su Gorgona castigada por Minerva.

Las culebras que se retuercen airadas en la cabeza de Medusa, y que petrificaban de espanto al enemigo, no eran más que la exageración de un hecho.

Pero yo he sabido o he soñado de una enfermedad todavía más terrible que las descritas.

¡Imagináos un hombre a quien le duele pensar, a quien cada pensamiento, cada cerebración, le produce una tortura física!

Mis menguados conocimientos me impedirían describiros técnicamente esta enfermedad; mi patología es harto rudimentaria. Pero, en fin, suponed que hay en el cerebro de este hombre una irritabilidad extraña, y que merced a ella, cada célula sufre al «elaborar» el pensamiento. Digo «elaborar», no porque sea yo materialista precisamente, sino porque no encuentro un verbo más adecuado. El cerebro, para mí, es un instrumento de aquello misterioso y casi divino que hay en nosotros; pero aquí, en el caso que analizamos, ese instrumento adolece de una hiperestesia tal, que cada pensamiento, al producirse, «pincha» como un alfilerazo.

Si el paciente fuese un mozo de cordel, un politicastro militante o un «distinguido sportsman», claro que la enfermedad no tendría gran importancia. Habiendo para él raras ocasiones de pensar, los dolores que sufriese no valdrían la pena de tomarse en cuenta.

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Pero aquí pasa lo contrario: el hombre al cual nos referimos piensa mucho, piensa con exceso, y en virtud de esta frecuencia y de esta intensidad del pensamiento, se ha desarrollado en él la dolencia.

Así como del mucho mirar se irrita la pupila hasta hacerle insoportable la menor luz, así a este hombre del mucho pensar se le ha adolorido la sustancia gris.

Vive en un grito, en un incesante y angustioso grito...

Los médicos lo narcotizan a fin de que duerma sin cesar; pero en cuanto despierta, aunque sea por breves momentos, comienza a lamentarse.

Cada pensamiento le arranca un ¡ay!; brota cada idea «como brota la espina de la planta», según la expresión del poeta.

Antes de que la inaudita dolencia hubiese llegado al actual período agudo, nuestro hombre, nuestro mártir, deberíamos decir, experimentaba sólo, al pensar, una vaga y confusa molestia; pero en cierta ocasión bebió inmoderadamente café, y la actividad cerebral que tal bebida le produjo fue intolerable. Tuvo insomnios, y durante ellos su tormento indecible le arrancaba alaridos.

...Ahora duerme, aniquilado por los anestésicos; pero en cuanto se filtra por su cerebro un rayito de pensamiento, se escucha un gemido, un gemido lastimero que parte el alma...

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¿Existe esta enfermedad? ¿La he soñado o la he presentido?

Fuerza es responder con un ¡quién sabe!

Tomado de:
NERVO, Amado (1920): Ellos. Obras completas de Amado Nervo, vol. IX, Madrid: Biblioteca Nueva, pp. 43-50.

12 abril 2011

LA BRUJA BABA YAGA


En las las narraciones populares rusas, aparecen una serie de personajes sobrenaturales cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto del folclore eslavo. El más conocido es la bruja Baba Yaga, ambivalente ogresa del bosque que devora niños y viaja a gran velocidad montada sobre un enorme mortero.
Baba Yaga no resulta muy agraciada. Su aspecto es el de una vieja horriblemente fea, alta y delgada. El pelo gris le flota enmarañado en torno a la cabeza, su nariz es aguileña y sus dientes largos, afilados y lo suficientemente resistentes como para roer con ellos el tronco de los árboles a los cuales huyen los protagonistas de algunos relatos. Esconderse de ella resulta una empresa difícil debido al magnífico olfato del que disfruta, aunque merece la pena intentarlo, pues de caer en sus garras es probable terminar en el horno de su casa, cocinados y servidos a la mesa de la bruja.
Baba Yaga es vieja, huesuda y arrugada, con la nariz azul y los dientes de acero y posee una pierna normal y una de hueso. Estas dos piernas representan al mundo de los vivos y el mundo de los muertos en los cuales ella deambula. Baba Yaga es un ser perverso y cruel, pero no totalmente malvado; come personas, generalmente niños. Sus dientes le permiten romper huesos y desgarrar la carne con facilidad.
Aparece como un torbellino salido de lo más profundo del bosque. Precedida por chasquidos de madera seca y una ráfaga de viento tempestuoso, surge de entre los árboles subida a su mortero, impulsándose con la mano del mismo y borrando con una escoba el rastro que deja en la tierra. Puede volar por el aire también, y entonces se asemeja a una nube oscura que amenaza con ocultar la luz del día.
Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de gallina que le sirven para desplazarse por toda Rusia. La valla de su choza está adornada con cráneos, en cuyo interior coloca velas. La idea de una casa con patas de gallina podría derivar de las cabañas de ciertos pueblos que las construían sobre troncos de árboles para protegerse de los animales. Para entrar en la casa, Baba Yaga dice el conjuro "Casita Casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí". El interior de la choza siempre está llena de carne y de vino. También es resguardada por los sirvientes invisibles de Baba Yaga, los cuales aparecen como manos espectrales. Baba Yaga también tiene a su servicio a los caballeros blanco, rojo y negro, los cuales controlan el día, el atardecer y la noche.
A veces parece más pequeña por dentro de lo que debería ser según su tamaño exterior, por lo que al mirar a través de la ventana se ve a Baba Yaga constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada contra la ventana y las piernas encogidas, como si el tamaño de la casa no fuese superior al de un ataúd. En otras ocasiones la casa es mucho más grande, y se encuentra dentro de un recinto rodeado por una valla hecha de huesos, festoneada por calaveras, con una puerta enmarcada por piernas esqueléticas cuya cerradura es una boca de dientes afilados.
Según la interpretación comúnmente aceptada, la casa de Baba Yaga se encuentra justo en el límite entre el mundo de los mortales y el de los espíritus, y la bruja es nada menos que la guardiana entre los dos mundos. Por ello los cuentos siempre la sitúan en el lindero de un frondoso bosque, a la orilla del mar, en la entrada de un mundo subterráneo. En este territorio fronterizo, el poder de Baba Yaga es inmenso.
Sin embargo, por extraño que parezca, puede comportarse con bondad, dando ayuda y consejo, proporciona algún objeto mágico o las indicaciones necesarias para llegar al mundo de los espíritus si así se necesitan. Para obtener la ayuda de Baba Yaga primero hay que demostrarle que no se le teme y que se sabe negociar con ella.
En la mitología vasca hay seres llamados lamias, mujeres con patas de gallina, pata de cabra o cola de pez. Viven en cuevas y pozos y se ven peinándose con un bonito peine junto a los ríos, fuentes y entradas de grutas. Quien les concede una ofrenda durante la noche ellas le ayudan en su trabajo diario.
En 1874, Modest Musorgski compuso la suite para piano “Cuadros de una exposición”, de 15 piezas. Una de las secciones de los Cuadros es “La cabaña sobre patas de gallina” que es una cabaña con forma de reloj, donde vive la bruja Baba Yaga.


LA BRUJA BABA YAGA
ALEXANDER AFANASIEV
Vivía en otros tiempos un comerciante con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella.
Aprovechando la ocasión de que el padre tuvo que hacer un viaje, la madrastra le dijo a la muchacha:
-Ve a ver a mi hermana y pídele que te dé una aguja y un poco de hilo para que te cosas una camisa.
La hermana de la madrastra era una bruja, y como la muchacha era lista, decidió ir primero a pedir consejo a otra tía suya, hermana de su padre.
-Buenos días, tiíta.
-Muy buenos, sobrina querida. ¿A qué vienes?
-Mi madrastra me ha dicho que vaya a pedir a su hermana una aguja e hilo, para que me cosa una camisa.
-Acuérdate bien -le dijo entonces la tía- de que un álamo blanco querrá arañarte la cara: tú átale las ramas con una cinta. Las puertas de una cancela rechinarán y se cerrarán con estrépito para no dejarte pasar; tú úntale los goznes con aceite. Los perros te querrán despedazar; tírales un poco de pan. Un gato feroz estará encargado de arañarte y sacarte los ojos; dale un pedazo de jamón.
La chica se despidió, cogió un poco de pan, aceite y jamón y una cinta, se puso a andar en busca de la bruja y finalmente llegó.
Entró en la cabaña, en la cual estaba sentada la bruja Baba Yaga sobre sus piernas huesosas, ocupada en tejer.
-Buenos días, tía.
-¿A qué vienes, sobrina?
-Mi madre me ha mandado que venga a pedirte una aguja e hilo para coserme una camisa.
-Está bien. En tanto que lo busco, siéntate y ponte a tejer.
Mientras la sobrina estaba tejiendo, la bruja salió de la habitación, llamó a su criada y le dijo:
-Date prisa, calienta el baño y lava bien a mi sobrina, porque me la voy a comer.
La pobre muchacha se quedó medio muerta de miedo, y cuando la bruja se marchó, dijo a la criada:
-No quemes mucha leña, querida; mejor es que eches agua al fuego y lleves el agua al baño con un colador.
Y diciéndole esto, le regaló un pañuelo.
Baba Yaga, impaciente, se acercó a la ventana donde trabajaba la chica y le preguntó a ésta:
-¿Estás tejiendo, sobrinita?
-Sí, tiíta, estoy trabajando.
La bruja se alejó de la cabaña, y la muchacha, aprovechando aquel momento, le dio al gato un pedazo de jamón y le preguntó cómo podría escaparse de allí. El gato le dijo:
-Sobre la mesa hay una toalla y un peine: cógelos y echa a correr lo más de prisa que puedas, porque la bruja Baba Yaga correrá tras de ti para cogerte; de cuando en cuando échate al suelo y arrima a él tu oreja; cuando oigas que está ya cerca, tira al suelo la toalla, que se transformará en un río muy ancho. Si la bruja se tira al agua y lo pasa a nado, tú habrás ganado delantera. Cuando oigas en el suelo que no está lejos de ti, tira el peine, que se transformará en un espeso bosque, a través del cual la bruja no podrá pasar.
La muchacha cogió la toalla y el peine y se puso a correr. Los perros quisieron despedazarla, pero les tiró un trozo de pan; las puertas de una cancela rechinaron y se cerraron de golpe, pero la muchacha untó los goznes con aceite, y las puertas se abrieron de par en par. Más allá, un álamo blanco quiso arañarle la cara; entonces ató las ramas con una cinta y pudo pasar.
El gato se sentó al telar y quiso tejer; pero no hacía más que enredar los hilos. La bruja, acercándose a la ventana, preguntó:
-¿Estás tejiendo, sobrinita? ¿Estás tejiendo, querida?
-Sí, tía, estoy tejiendo -respondió con voz ronca el gato.
Baba Yaga entró en la cabaña, y viendo que la chica no estaba y que el gato la había engañado, se puso a pegarle, diciéndole:
-¡Ah viejo goloso! ¿Por qué has dejado escapar a mi sobrina? ¡Tu obligación era quitarle los ojos y arañarle la cara!
-Llevo mucho tiempo a tu servicio -dijo el gato- y todavía no me has dado ni siquiera un huesecito, y ella me ha dado un pedazo de jamón.
Baba Yaga se enfadó con los perros, con la cancela, con el álamo y con la criada y se puso a pegar a todos.
Los perros le dijeron:
-Te hemos servido muchos años sin que tú nos hayas dado ni siquiera una corteza dura de pan quemado, y ella nos ha regalado con pan fresco.
La cancela dijo:
-Te he servido mucho tiempo sin que a pesar de mis chirridos me hayas engrasado con sebo, y ella me ha untado los goznes con aceite.
El álamo dijo:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas regalado ni siquiera un hilo, y ella me ha engalanado con una cinta.
La criada exclamó:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas dado ni siquiera un trapo, y ella me ha regalado un pañuelo.
Baba Yaga se apresuró a sentarse en el mortero; arreándole con el mazo y barriendo con la escoba sus huellas, salió en persecución de la muchacha. Ésta arrimó su oído al suelo para escuchar y oyó acercarse a la bruja. Entonces tiró al suelo la toalla, y al instante se formó un río muy ancho.
Baba Yaga llegó a la orilla, y viendo el obstáculo que se le interponía en su camino, rechinó los dientes de rabia, volvió a su cabaña, reunió a todos sus bueyes y los llevó al río: los animales bebieron toda el agua y la bruja continuó la persecución de la muchacha.
Ésta arrimó otra vez su oído al suelo y oyó que Baba Yaga estaba ya muy cerca: tiró al suelo el peine y se transformó en un bosque espesísimo y frondoso.
La bruja se puso a roer los troncos de los árboles para abrirse paso; pero a pesar de todos sus esfuerzos no lo consiguió, y tuvo que volverse furiosa a su cabaña.
Entretanto, el comerciante volvió a casa y preguntó a su mujer.
-¿Dónde está mi hijita querida?
-Ha ido a ver a su tía -contestó la madrastra.
Al poco rato, con gran sorpresa de la madrastra, regresó la niña.
-¿Dónde has estado? -le preguntó el padre.
-¡Oh padre mío! Mi madre me ha mandado a casa de su hermana a pedirle una aguja con hilo para coserme una camisa, y resulta que la tía es la mismísima bruja Baba-Yaga, que quiso comerme.
-¿Cómo has podido escapar de ella, hijita?
Entonces la niña le contó todo lo sucedido.
Cuando el comerciante se enteró de la maldad de su mujer, la echó de su casa y se quedó con su hija.
Los dos vivieron en paz muchos años felices.

10 marzo 2011

¡SÁLVAME!

Estaba en un largo pasillo oscuro y llevaba una vela encendida. Tenía miedo de cruzarlo, así que avancé despacio. De pronto escuché que un niño se reía. Era una risa rara, un poco macabra. En eso, una racha de viento helado apagó i vela y, en la oscuridad, brilló una cara que no tenía cuerpo. Era un niño muy pálido y delgado, con grandes ojeras. El niño abrió la boca y gritó: ¡Sálvame!

Desperté en ese momento, muy asustado. había sido una pesadilla. Estaba en mi cama, a salvo. Al cabo de algunos minutos me volvía dormir.

A la mañana siguiente, mientras me estaba vistiendo para ir a la escuela, mi computadora se prendió sola. Y entonces, en el monitor apareció sobre la pantalla negra una sola palabra: ¡Sálvame! Apagué la compu con el corazón latiéndome a mil. No entendía qué estaba pasando.

Ese día llegué a la escuela más temprano y mi salón estaba vacío cuando entré. Entonces miré al pizarrón y pude ver claramente que ahí se escribía sola la maldita palabra: ¡Sálvame! Pero eso no fue todo. Durante toda la mañana, cada vez que abría un cuaderno, veía escrita la misma palabra: ¡Sálvame!

A la salida ya estaba totalmente nervioso, así que decidí darme una vuelta por el parque antes de llegar a casa para calmarme un poco. ¿Qué estaba pasando? estaba recibiendo un mensaje, ¿pero de quién?

Cuando llegué al parque me encaminé hacia la zona de los columpios, pero todos estaban enredados, no se podían usar. Todos, menos uno. Pero en él se mecía, lentamente, un niño. Me acerqué a él. Ahora sé que no debí hacerlo. Debí haber huido cuando me di cuenta de que tenía la misma cara que había soñado en mi pesadilla la noche anterior.

-No estoy muerto-, dijo como si hubiera leído mi pensamiento.

-Estoy maldito. Me condenaron a quedarme aquí porque siempre me portaba muy mal. Llevo mucho tiempo aquí. Nadie puede verme, solo tú.


-¿Y por qué yo?- pregunté.

-Porque tú también te llamas Rodolfo.

-¿Tú me enviaste mensajes?- quise saber.

-Sí. Por favor ¡sálvame!

-¿Pero qué puedo hacer?- pregunté.

-Solo ven y siéntate aquí en el columpio. Yo te meceré. Verán que tengo un amigo, que no soy tan malo, y me dejarán ir.

Así lo hice. Rodolfo se levantó del columpio y yo me senté en su lugar, pero me quedé pegado en el asiento metálico, ¡no me podía levantar!

-¡Rodolfo, estoy pegado al columpio!

-Y ahí te quedarás. Yo tomaré tu lugar, me convertiré en ti y tú te convertirás en mí. Pasará mucho tiempo antes de que alguien venga a salvarte. Es la única forma de escapar a esa maldición.

-Oye, no, ¡regresa!- grité al ver que tomaba mi mochila y se disponía a irse. Él volteó. Y entonces me di cuenta de que se había convertido en mí. Luego miré mis manos. Estaban flacas y tenían la piel muy pálida. Toqué mi cara. Estaba en los huesos. ¡Me había convertido en él!

-Adiós Rodolfo-, me dijo. Gracias por salvarme.

Se alejó riendo. Era la misma risa macabra que yo había escuchado en mi pesadilla. Pero eso fue hace mucho tiempo, cuando yo era un niño normal, antes de que cambiara mi lugar y mi vida con alguien.

Tomado de: OBÓN, Pilar (2010): <<¡Sálvame!>> en Universo Big Bang. Los mejores 100 Para no dormir, Edición Especial núm. 2, p. 13.

06 marzo 2011

LA HABITACIÓN 712 DEL PARADOR DE CARDONA


Apenas a 100 kilómetros de Barcelona, en Cardona, donde hay un castillo con una leyenda bien conocida en la zona, y además con un fantasma.

Hoy forma parte de la red de Paradores Nacionales, que nos han abierto sus puertas para realizar esta investigación. La habitación 712 se encuentra en la planta 7 del laberíntico castillo. Es de las más pequeñas, pero tiene de las mejores vistas de todo el establecimiento, tiene algo especial.

Se trata de un caso curioso, ya que hace un tiempo sería inconcebible que una organización como Paradores hablara abiertamente del misterio relacionado con sus instalaciones. Lo habitual ha sido encontrarse con la cerrazón de hoteles y establecimientos sobre los que corrían leyendas de todo tipo.



El castillo del Parador de Cardona existe desde el siglo IX y ocupa la cima de un cerro que tiene 154 metros de altura, en la población minera de Cardona, en Barcelona El castillo fue el hogar de los duques de Cardona. Construido en el 886 por Wilfredo el Velloso. En 1714 claudicó después de que las tropas de Felipe V destruyeran sus murallas.



En el año 1976 se tomó la decisión de reconstruirlo para convertirlo en un parador nacional. Como si de una película de terror se tratara, varios trabajadores empezaron a informar de la presencia de un fantasma o ente sobrenatural que los llenaba de miedo. Algunos mencionaron otros fenómenos como ruidos extraños, voces, y golpes, siempre en la habitación 712.

Otros vieron a una bella doncella salir por las noches y lamentarse entre sollozos de alguna desgracia, vestida con ropas medievales, acompañada en ocasiones de un caballero. Tal es el convencimiento incluso de los que allí trabajan, que estos tienen permiso expreso de la dirección del hotel para subir siempre en compañía y nunca hacerlo solos.

Uno de los eventos más renombrados fue atestiguado por un ex gerente del parador y unas empleadas de limpieza. Cierta tarde las mujeres subieron a la planta 7 para limpiar las habitaciones, por costumbre las mujeres tocan en todas las puertas aunque los inquilinos ya las habían desalojado; al llegar a la 712 a su llamado una voz ronca les responde “Espere”, a los segundos las camareras cayeron en la cuenta de que esta habitación no debía estar ocupada. Nuevamente tocan para corroborar que allí había alguien y la voz repite “Espere”. Por lo extraño de la situación preguntan en recepción si alguien se hospedaba en la 712 y naturalmente les responden que la misma no había sido ocupada por nadie. Tratan luego abrir la puerta con la llave maestra y les es imposible, al rato de intentarlo consiguen sin esfuerzo abrir la puerta e ingresan con cierto recelo.

Dentro estaban las camas hechas, todo en su lugar a excepción del cuarto de baño, allí había una llave abierta, una toalla húmeda y un par de pisadas frente al lavabo como si alguien hubiera estado lavándose. No había forma de que alguien estuviera dentro del cuarto ni que nadie hubiera salido sin ser visto, todo el piso estaba vacío y los testigos no se movieron del lugar hasta que pudieron abrir la habitación 712.

En el siguiente link puedes escuchar el testimonio de Torcuato, que con su esposa Paquita, pasaron una noche inolvidable en la habitación 712 del Parador de Cardona, tomado del programa Espacio en Blanco, del 15 de enero de 2011.

05 febrero 2011

CUENTOS DE PURO SUSTO


“Cuentos de puro susto” es un libro co-editado por Limusa y la SEP (Libros del Rincón) allá en el lejano1986 y reimpreso en 1988.

 El libro reedita seis cuentos originalmente publicados por Antonio Vanegas Arroyo entre 1880 y 1922 con grabados de José Guadalupe Posada, que trabajaba, en aquel entonces, en la imprenta de Vanegas Arroyo. Son muy conocidos los grabados de Posada de "la Catrina" y de sus calaveras. Menos conocidos son otros grabados de sucesos de espanto y horror que ilustraban periódicos y publicaciones de la época.



Se desconoce quiénes fueron los autores de estos cuentos. Se menciona Rafael Romero, Manuel Flores del Campo, Ramón N. Franco, Francisco Ozacar, Pablo Calderón de la Becerra, A. García y Constancio Suárez, todos ellos colaboradores de la imprenta Vanegas Arroyo.

Pese a desconocer al autor de cada uno de ellos, en los cuentos se respira la herencia de la tradición oral mexicana, y sobre todo, pensando en aquellos tiempos de más de un siglo atrás, unos 130 años en promedio, lo que aquí se narra realmente era de SUSTO para los niños, nuestros bisabuelos o tatarabuelos.






La primer historia es “Juan Soldado”, aquí Juan Soldado hace un pacto con el Diablo para que le conceda dinero y riquezas a cambio de pasar 10 años sin bañarse ni cambiarse ni rasurarse. habrá que decir que el Diablo hará lo imposible para que Juan fracase. El cuento describe una floresta "donde la tierra era roja como regada con sangre, y los árboles negros con formas de hombres, mujeres y niños, que se quejaban lastimosamente cuando el viento movía sus hojas..."


Le sigue “El lobo y la zorra”, un cuento de ingenio y paciencia, pues estos personajes clásicos de las fábulas son siempre los “malos” del cuento. Aquí el lobo busca comerse a toda costa a la zorra. Es un cuento de un interesante despliegue de astucia y fuerza. ¿Quién ganará?







El tercer cuento es “Consejos o dinero”, en el que dos hermanos, buscando fortuna llegan a una verdadera casa de horrores, donde se dan consejos o dinero, según elija el caminante. Cada uno de ellos elegirá diferente, a riesgo de su propia vida. El cuento contiene la horrorosa descripción de las salas de dicha casa: "...en la primera sala había infinidad de cadáveres momificados, y varios aparatos que inicaban servir para castigos [...] lo condujo a una donde había multitud de esqueletos colgados, calaveras formando pirámides y otras figuras, y parrillas con fuego debajo [...] Entraron en el último departamento: allí se encontraban muchos hombres y mujeres ahorcados y guillotinados..."


El cuarto cuento se llama “La niña de los ojos de luz”. Es la historia de una niña cuya belleza de ojos que iluminarían una habitación oscura. Su mirada luminosa atrae a un terrible monstruo que vuela sobre uns serpiente de siete cabezas que arrojaba fuego por cada una de sus bocas, que la roba para tenerla para sí o si no destruirá el reino... El grabado que hace Posada para este cuento es realmente impactante.


El quinto relato se llama “El lego sabio”, y es una joya de historia. Un lego tendrá que enfrentar su astucia, sabiduría y prudencia a la corrupción, odio y soberbia del rey que quiere matar al fraile que predicó una misa en su contra. La fase final del cuento es una maravilla de inteligencia expresada en las respuestas que el Lego da a las tres preguntas que plantea el rey: ¿Cuánto vale el rey? ¿Hasta dónde llega el poder del rey? ¿Qué está pensando el rey? Verdaderamente un clásico.




La última historia se llama “El vendedor de juguetes” y es un cuento de navidad en el que una niña se enamora perdidamente de un Niño Dios que su papá tiene entre su mercancía para vender. ¿Qué pasará cuando el papá salga a vender los juguetes?





Desconozco si el libro aún se consiga, si lo llegan a ver alguna vez, no lo piensen dos veces y ¡cómprenlo!

Lo puedes descargar en el siguiente enlace:
http://www.4shared.com/office/g3gtI8OC/CUENTOS_DE_PURO_SUSTO.html