20 julio 2011

TRES MISTERIOS Y UNA FLAUTA

I. MÚSICA PALEOLÍTICA
Desde hace más de un siglo, y especialmente en las últimas décadas, los arqueólogos se han lanzado a una ávida carrera por hallar las evidencias más antiguas de esa delicadeza que se presupone a quienes fueron capaces de hacer arte en la prehistoria. Una vez más, las cuevas alemanas de Hohle Fels, que constituyen una mina arqueológica sin parangón de la cultura auriñaciense, del paleolítico Superior, han aportado nuevas evidencias de que la música era ya una práctica común hace 35.000 años, poco después de que los humanos modernos procedentes de África colonizaran Europa.



Tras unas fructíferas excavaciones llevadas a cabo en 2008 en las cuevas del suroeste de Alemania, Nicholas J. Conard, de la Universidad de Tubinga, se está enfrentando a la detallada descripción e identificación de grandes tesoros artísticos del Auriñaciense.
En la revista británica Nature se publicaron los hallazgos de varias flautas en las mismas cuevas que se suman a la cada vez más amplia colección de instrumentos musicales, estatuillas y herramientas que han dado estos yacimientos. Las flautas aparecidas en esta región alemana son, de hecho, las evidencias convincentes más antiguas, anteriores a hace 30.000 años, de prácticas musicales humanas.
La cantidad de fragmentos y pequeñas piezas de instrumentos encontradas en la zona junto con restos de animales y herramientas dan cuenta de lo extendida que estaba la práctica musical en el Auriñaciense y de que la música cumplía funciones sociales diversas.
Al tratarse de una tradición ya arraigada hace 35.000 años, los arqueólogos concluyen que la música, como parte de otras expresiones artísticas y simbólicas de la época, contribuyó al mantenimiento de redes sociales más grandes y por lo tanto a la expansión territorial y demográfica de los humanos modernos en relación con las poblaciones de Neandertales, culturalmente más conservadores y demográficamente más aisladas.
Las flautas son una reliquia típica de ese periodo, pero lo que distingue al reciente descubrimiento de los anteriores es que una de ellas, hecha con el radio de un buitre leonado, ha sido reconstruida casi al completo a partir de 12 fragmentos. Es, hasta ahora, la reconstrucción más completa de las flautas halladas en estas cuevas, cuyas piezas suelen estar sueltas y sin conexión con otras.
La flauta reconstruida mide 21,8 centímetros de largo y unos 8 milímetros de diámetro. En ella se identifican cinco orificios para colocar los dedos sobre ellos, así como dos hendiduras en forma de “V” en el extremo superior del tubo, por donde los músicos probablemente soplaban. La otra punta de la flauta, el extremo inferior, permanece rota por la mitad del quinto agujero.
A falta de una réplica con la que estudiar mejor sus cualidades musicales, los investigadores han comparado esta flauta con otra hallada anteriormente en Geissenklösterle, ésta de tres orificios, que produce cuatro notas, más otras tres adicionales según cómo se sople. Dado que la flauta de tres agujeros produce un rango de notas comparable a muchos tipos de flauta modernos, se cree que la de Hohle Fels ofrece un rango de notas y posibilidades musicales comparables o incluso mayores.
Las flautas pertenecen a un yacimiento arqueológico muy estudiado de los albores del Paleolítico Superior, y los controles de termoluminiscencia y otros métodos indican que son anteriores a hace 35.000 años. Por su parte, la estratigrafía sugiere que podrían tener, incluso, 40.000 años de edad. Una edad nada desdeñable para la música humana.



II. LA ENGAÑADORA MÚSICA DE LAS SIRENAS HELÉNICAS
Según la leyenda, las sirenas habían sido compañeras de Perséfone antes de ser raptadas por Hades, como no consiguieron salvarla, la diosa las transformó como castigo en estas extrañas criaturas. El canto de las sirenas anunciaban de forma engañosa los placeres del mundo subterráneo, pero también, tenían poderes proféticos.
Las sirenas vivían en la isla de Artemisa, en donde yacían los huesos de los marineros que habían sido atraídos por sus deliciosos cantos. Jasón y los Argonautas antes que Odiseo habían sobrevivido al canto de las sirenas, pero porque Orfeo, el bardo, ahogó el canto con su lira. De igual manera, Odiseo, hombre de gran imaginación, cuando se iban acercando a la isla temida, por consejo de Circe, ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con cera, y él que no podía con la curiosidad de escucharlas, se hizo amarrar al mástil, con orden de que pasara lo que pasara, no lo desataran.
Al escuchar los cantos de las sirenas quiso soltarse pero sus compañeros no se lo permitieron. Cuenta la leyenda, que las sirenas devastadas por su fracaso, se lanzaron al mar y murieron ahogadas.
Las sirenas de la mitología homérica eran tres hermanas, hijas del río Aqueloo y la musa Calíope: Lidia tocaba la flauta, Parténope, la lira y Leucosia leía y cantaba versos.

III. EL FLAUTISTA DE HAMELIN
El flautista de Hamelín es leyenda documentada por los hermanos Grimm, que cuenta la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad de Hameln en Alemania, el 26 de junio de 1284.
En el año 1284 el pueblo de Hamelin estaba infestado de roedores y apareció allí un hombre extraño con ropas muy coloridas quien por una suma de dinero acordada libera al pueblo de la peste. Los ciudadanos consintieron y el hombre sacó una flauta de su bolsillo y tocó una melodía. Inmediatamente vinieron los ratones y ratas de todas las casas y se reunieron alrededor de él. Cuando ya no quedaba ningún animal en las casas, salió de la ciudad, se dirigió hacia la Weser y entonces se metió en el río y las ratas le siguieron y se ahogaron. Los ciudadanos viéndose liberados de esta plaga se arrepintieron de la recompensa prometida y se la negaron al hombre.
Aquel se fue guardando rencor contra la ciudad. El 26 de junio, volvió a Hamelin disfrazado de cazador con mala pinta llevando un sombrero rojo y extraño. Hizo sonar otra vez la flauta en los callejones mientras que todo el mundo estaba reunido en la iglesia. Esta vez, no fueron los ratones y ratas que acudieron sino niños, chicos y chicas, de cuatro años y más. El flautista les condujo tocando por la puerta del este hacia un monte en el cual desapareció con ellos para siempre. Sólo dos niños volvieron por haberse retardado; pero uno de ellos, siendo ciego, no podía mostrar el sitio, y el otro era mudo así que no podía contar nada. Unos dicen que los niños han sido conducidos en una caverna y que han salido de allí en Transilvania. En todo, fueron 130 niños que perecieron.
Muchas fueron las teorías que trataron de explicar a lo largo de los años la desaparición de los niños de Hamelin. Se esgrimieron terremotos, epidemias y hasta cruzadas Pero si bien arqueólogos e historiadores han puesto un poco de luz sobre el asunto, aún hay pocas pruebas y muchas especulaciones como para asegurar lo que realmente ocurrió con los niños.
Un dato cierto es que el flautista se convirtió en cazador de ratas en el siglo XVI, es decir que las primeras versiones de esta leyenda no hacían mención a las habilidades del flautista para "cazar" ratas. La historia original contaba que un 26 de junio de 1284, un flautista vestido en ropa multicolor, se llevó a 130 niños nacidos en Hamelin y fueron vistos por última vez en el Calvario, en la colina Koppen a las afueras de la ciudad. Por lo tanto las versiones por nosotros conocidas son una mezcla del hecho real o histórico ocurrido en Hamelin (la desaparición de 130 niños) más las leyendas europeas y orientales de los cazadores de ratas.
Una posible interpretación es que los niños fueron llevados a través de una cueva para salir en algún lugar en Europa del este. Una suerte de migración, que efectivamente existió durante los siglos XIII y XV entre parte de la actual Alemania y la zona del Báltico.
El historiador Wolfgang Wann explica que en la Edad Media, cuando se deseaba conquistar algún territorio de Europa del este se contrataban a "localizadores". Este era el encargado de buscar jóvenes colonos para fundar un nuevo pueblo. De este modo puede que nuestro flautista haya sido uno de los muchos Localizadores que llevó "gente joven" a algún lugar en la zona de Moravia. Como evidencia de esto, docenas de nombres de pueblos de la actual Alemania se repiten en esas "nuevas tierras"
R. Browning termina su versión así: "Me olvidaba de mencionar que en Transilvania hay una tribu de gente muy especial que asegura que las ropas tan extrañas que usa, y que tanto llaman la atención de sus vecinos, son una herencia de sus antepasados, surgidos de una prisión subterránea en la que se los había sepultado hacía largo tiempo después de haberlos arrebatado del pueblito de Hamelin, en el condado de Brunswick, sin que supieran decir cómo o por qué."
Las explicaciones “históricas” de la historia pueden ser agrupadas en cuatro categorías:
1) Los niños fueron víctimas de algún tipo accidente por el cual se ahogaron en el río Weser o fueron enterrados por algún deslizamiento de tierra;
2) algunos niños fueron víctimas de alguna enfermedad, quizá la peste, por lo que fueron conducidos fuera del pueblo para proteger a los demás habitantes;
3) los niños dejaron el pueblo para tomar parte en alguna peregrinación, cruzada o una campaña militar, pero nunca regresaron con sus padres. De acuerdo con recientes investigaciones, se ha encontrado que existieron dos movimientos de gente llamados “cruzada infantil” en 1212 en Alemania y Francia, cuya similitud pudieron inspirar a los cronistas para elaborar el mito.
En el primer movimiento, Nicolás, un pastor de Alemania, condujo a un grupo a través de los Alpes hasta Italia a principios de primavera. Alrededor de 7.000 hombres llegaron a Génova en agosto. Sin embargo, sus planes no fructificaron, pues las aguas no se abrieron a su paso, y la comitiva se desbandó. Algunos emprendieron el camino de vuelta a casa, otros fueron a Roma, y los restantes pudieron haber seguido el curso del Ródano hasta Marsella, donde fueron probablemente vendidos como esclavos. Pocos llegaron a sus casas, y ninguno llegó a la Tierra Santa;
4) los niños abandonaron voluntariamente Hamelín para colonizar partes de Europa Oriental. Numerosos poblados fueron fundados en esta época en el este de Europa por colonos de origen alemán.
Fuentes:
http://www.hameln.com/tourism/piedpiper/index.htm
http://www.725-jahre-rattenfaenger.de/eng/The-legend

19 julio 2011

MENSAJES DE LOS MUERTOS


Uno de los primeros testimonios sobre invocación de muertos nos llega por parte de Homero, en el Canto XI de la Odisea. Odiseo necesita saber sobre su destino, así que tiene que invocar a los muertos. Aquí una adaptación del texto homérico:

Después de un día entero en el mar, llegamos al lugar indicado por Circe. Allí, con mi espada, cavé una fosa cuadrada sobre la que degollé a las víctimas del sacrificio: la sangre derramada humeaba. Las almas de los muertos acudieron: ancianos que habían pasado por grandes padecimientos, tiernas muchachas sufriendo su reciente pena, muchedumbres de varones muertos a golpes de lanza... Todas se agitaban emitiendo un clamor lúgubre: un miedo atroz se apoderó de mí. Euríloco y Perímedes invocaban a Hades y Perséfone. Yo trataba de impedir que los muertos se aproximaran a la sangre mientras Tiresias no hubiese comparecido.
»La primera de las almas que acudió fue la de nuestro compañero Elpénor, que todavía no había recibido sepultura. »
—Yo te suplico por los de allá, tu padre, tu esposa y Telémaco, que cuando dejes el Hades, ya que debes pasar por la isla Eea, te acuerdes de mí, señor: ¡no me dejes sin llanto ni sepultura!, y planta sobre mi tumba el remo con el que bogaba junto a mis compañeros cuando estaba vivo...
»Se lo prometí. Entonces se me apareció el alma de mi difunta madre, Anticlea, a quien había dejado viva cuando partí hacia la sagrada Ilión. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero impedí que se acercara hasta que Tiresias hubiera respondido.
Fue entonces cuando llegó el alma del tebano. Aparté mi espada y la metí en su funda. Después de haber bebido la sangre negra, el adivino tomó la palabra:
»—Preclaro Ulises, estás sufriendo por el dulce retorno al hogar. ¡Te será difícil, pues Poseidón te odia por haber dejado ciego a su hijo Polifemo! Para retornar, será preciso que domines tu corazón y el de tus gentes. Vais a arribar a la Isla de Helios, el que todo lo ve y todo lo oye. Allí apacienta sus vacas y sus ovejas. Si las respetáis y no las tocáis, podréis regresar a Ítaca a pesar de las dificultades. Si no, te garantizo que perderás tu navío y tu tripulación. Tú mismo, si logras salvarte, regresarás a tu hogar después de muchas fatigas, habiendo perdido a todos tus compañeros, y sobre un barco ajeno.
Además, hallarás la desgracia en tu propia casa: ¡unos engreídos que se dedican a consumir tus bienes y cortejar a tu mujer! Y, después de haberlos matado, deberás volver a partir con tu remo a la espalda, hasta que encuentres a gentes que no conozcan el mar y uno de entre ellos te pregunte qué cosa es esa pala para el grano que llevas... Entonces, clávala en el suelo y haz un sacrificio al soberano Poseidón. Después volverás a tu hogar, y allí ofrecerás una hecatombe a los dioses y vivirás hasta llegar a anciano entre tus felices conciudadanos. ¡Esta es la verdad, tal como te la digo!
»El tebano Tiresias regresó al Hades. Entonces, el alma de mi madre se aproximó en silencio a la sangre. Después de haber bebido, me reconoció:
»—Hijo mío, ¿cómo estando vivo has llegado aquí? ¡Para los vivos es muy duro contemplar estas cosas!
»—Madre mía, tenía que consultar a Tiresias. Voy errante, de una desgracia en otra, desde que seguí a Agamenón para hacer la guerra a los troyanos. Pero dime, ¿qué clase de muerte es la que te ha abatido? ¿Una larga enfermedad o una dulce flecha de Artemisa, la diosa del arco?... ¿Y mi padre?... ¿Y el hijo que dejé? ¿Conservan aún mi poder, o algún otro lo ha usurpado con el pretexto de que no volveré? Háblame de mi esposa: ¿está siempre cuidando a nuestro hijo? ¿Se ocupa con firmeza de nuestros bienes? ¿O se ha desposado con algún noble aqueo?
»—¡Ah, ella!... Está siempre en tu palacio con el ánimo afligido. Y sus días y sus noches se consumen llorando sin cesar. Nadie ha tomado el poder. Tu hijo administra vuestro patrimonio. Tu padre continúa en la campiña, no va nunca a la ciudad. Duerme en el suelo, cerca del fuego, o en el exterior, sobre las hojas caídas, cubierto de andrajos. Vive atormentado por la pena y el deseo de tu regreso. ¡Es dura la vejez!... Ésta ha sido también la razón de mi muerte: ni enfermedad, ni Artemisa, sólo el deseo de verte y la nostalgia de ti, brillante Ulises, y de tu cariño, todo esto es lo que me ha arrancado la vida, antes tan dulce...
»Así habló. Y yo deseaba abrazarla con todo mi corazón. Tres veces tendí mis brazos... y las tres veces mi madre se me fue volando de entre las manos, como una sombra o un sueño:
»—Madre mía, ¿por qué huyes de mí?
»—¡Ay!, hijo mío, ésa es la condición de los humanos cuando mueren: los nervios no sostienen la carne ni los huesos; el alma, una vez que ha levantado el vuelo, no es más que un sueño... ¡Pero vuelve pronto a la luz! Recuerda todo esto para contárselo a tu mujer cuando regreses.
»Y mi madre regresó al Hades...
»Vi también a otros muertos, ¿cómo citar a todos?
»Todos los presentes, en la penumbra de la sala del palacio de Alcínoo, permanecían en silencio bajo el encanto de las palabras de Ulises, conteniendo la respiración. Alcínoo y Arete rogaron a su huésped que permaneciera allí un día más, con el fin de continuar su relato. Durante ese tiempo, cada uno de los nobles feacios enviaría a buscar nuevos regalos para él... ¿Cómo rehusar? La noche y la puesta de los astros aconsejaban entregarse al sueño, pero era tal el deseo que tenían todos de conocer sus desdichas que, a pesar de su aflicción, Ulises continuó:
«Vi a Agamenón, que me relató el crimen de Egisto y Clitemnestra:
»—Yacíamos en la gran sala, el suelo estaba lleno de sangre humeando. Y oí el espantoso lamento de Casandra, la hija de Príamo, a quien la traidora Clitemnestra mataba junto a mí. Levantando el brazo intenté protegerla, pero sucumbí ante un nuevo golpe de espada. Y la mala perra se alejó, dejándome ir hacia el Hades, sin dignarse siquiera a cerrarme los ojos y los labios.
»Conversábamos tristemente, cuando surgieron las sombras de Aquiles y Patroclo, de Antíloco y Áyax, que era el mejor de los dánaos después del Pélida. Aquiles, llorando, me dijo:
»—Desgraciado, ¿por qué, dime, tu corazón permanece siempre insaciable de hazañas? ¿Cómo has osado descender al Hades?
»—¡Oh, Aquiles, el más valiente entre los aqueos!, tenía necesidad de los consejos de Tiresias... Pero no habrá jamás en el futuro, como no lo ha habido en el pasado, un hombre más dichoso que tú. Mientras viviste, todos nosotros, los argivos, te honramos igual que a los dioses, y ahora, aquí, eres un príncipe entre los muertos. ¡No tienes de qué lamentarte, Aquiles!
»—No me consuelan tus hermosas palabras, preclaro Ulises: ¡preferiría ser un simple peón al servicio de un granjero pobre, sin gran cosa para comer, que reinar entre todos estos muertos que ya no son nada!...
»La sombra de Áyax, el hijo de Telamón, se mantenía apartada: estaba furioso por la victoria que yo había logrado en el juicio, celebrado junto a los navíos, para dirimir quién heredaría las armas de Aquiles, obsequiadas por su madre. Jóvenes troyanos habían sido los jueces junto con Palas Atenea. Intenté apaciguarlo, pero él, sin responder, se volvió hacia el Erebo con las otras almas de los difuntos dormidos en la muerte.
»Millares de muertos se congregaban en medio de un clamor lúgubre. Un miedo atroz se apoderó de mí. Conseguí llegar al barco e hice soltar las amarras. Descendimos por la corriente del río Océano, a golpe de remo; después se levantó un buen viento para llevarnos hasta Eea, la tierra de Circe. Una vez allí, con el barco varado sobre la playa, no restaba sino dormir esperando el alba divina».

14 julio 2011

10 LEYENDAS URBANAS FAMOSAS. 1a PARTE

Las leyendas urbanas son relatos que, integran elementos poco creíbles y hasta sobrenaturales, que se presentan como crónica de hechos reales sucedidos en la actualidad. Como toda leyenda, parten de un núcleo de algún hecho real, pero la narración lo distorsiona exagerándolo y mezclándolo con datos ficticios.
Se transmiten oralmente, y hoy día, a través de internet, pueden cruzar las fronteras rápidamente apareciendo incluso en los medios de comunicación como prensa, radio, televisión.
Esto provoca que una misma leyenda urbana tenga infinidad de versiones. Su característica principal es que los protagonistas del relato son amigos, conocidos o parientes de alguna persona cercana. Es muy común la frase “al amigo de un amigo”...
A diferencia de la leyenda tradicional que emplea elementos simbólicos, generalmente del contexto religioso, la leyenda urbana suele tejerse en torno a acontecimientos propios de la vida cotidiana, con el uso de objetos y artículos de uso diario, lo que, precisamente, les da ese tono perturbador y hasta terrorífico.
Van ahora las primeras 3 leyendas urbanas, de 10, más o menos conocidas, de los últimos años:

10) LA PANDILLA SANGRE
Si vas conduciendo por la noche y te cruzas con un coche con las luces apagadas no le des las luces largas, porque esa puede ser la última cosa que hagas.
Se ha extendido una noticia o leyenda urbana mediante el correo electrónico donde, supuestamente, un agente de la policía advierte de que una banda organizada tiene un método de iniciación que consiste en conducir con el coche por la noche y con las luces apagadas. El primero en avisarlos, mediante el intercambio de luces largas será perseguido por esta banda hasta matar a todos los ocupantes del coche que les avisó con las luces.
(Esta leyenda urbana ha recorrido el internet anunciando la acción de dicha pandilla en España, Centroamérica, Nuevo Laredo... y hasta Joaquín López Dóriga la dio como noticia en su noticiero hace año y medio).



9) TRÁFICO DE ÓRGANOS
Un joven, o una joven, concurre a una fiesta, o está viajando en el extranjero; entra a un bar donde conoce a un (a) desconocido (a), quien le invita un trago. Luego de beber un rato juntos y hasta de ir a bailar, se van juntos a un hotel. Después de un rato, se queda dormido (a). Cuando despierta, se descubre dentro de una bañera colmada de hielo y una venda cubre una herida. En un espejo, en la pared o en el suelo, alguien escribió con su propia sangre una nota advirtiéndole que llame al teléfono de urgencias, pues le ha sido extirpado el riñón.

8) CLUB DEL SIDA
Es un variante del relato anterior: Un joven, o una joven, concurre a una fiesta, o está viajando en el extranjero; entra a un bar o disco donde conoce a un (a) desconocido (a), quien le invita un trago. Luego de beber un rato juntos y hasta de ir a bailar, se van juntos a un hotel. Después de dar rienda suelta ala pasión, se queda dormido (a). Cuando despierta, descubre en un espejo una nota escrita con lápiz labial que dice: “Bienvenido (a) al club del SIDA”.

24 mayo 2011

EL HOMBRE A QUIEN LE DOLÍA EL PENSAMIENTO. Amado Nervo

Hay enfermedades extremadamente raras y terribles.


Una de ellas es la del sueño, de que tanto se ha hablado últimamente, y que se propaga merced a la picadura de una mosca de África, llamada «tse-tse», la cual inocula rápidamente la trypanosomiasa.

A Francia fue llevado no ha mucho, para su estudio, un grupo de negros atacados por esta enfermedad. Todos murieron. Dominábalos letargo profundo, del cual no salían sino momentáneamente.

Uno de los atacados, en cuanto se despertaba, poníase a cantar cierta canción monótona y melancólica, casi sin palabras, como si quisiera arrullar su propio sueño, su sueño fatal, más allá del cual estaba la muerte.

Confieso que tal dolencia, no obstante su extrañeza y las impresiones que debe producir a quienes observan su desarrollo, a mí no me asusta. Dormir..., aunque sea para no despertar ya, es siempre lisonjero. La naturaleza, que acaso dio la vida como madrastra, dio después el sueño como madre.

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Más terrible aún que esta enfermedad es la que se llama «osificación de los músculos», originada por la abundancia de óxidos de calcio en el organismo.

Lentamente avanza... hasta fosilizarnos en vida, hasta covertirnos, como si dijeramos, en piedra. El cerebro y el corazón escapan largo tiempo. Ya los pies, las piernas, los brazos, los intestinos mismos están más o menos osificados. Solo el corazón y el cerebro siguen latiendo dentro de aquella estatua, que ve, que oye... ¡que se da cuenta!

La rara enfermedad no es dolorosa. En Alemania, un hombre fue atacado por ella, y muchos meses antes de morir, yació en el lecho de un hospital.

Lo peregrino de su caso hacía que acudiesen a verle innumerables personas. Él, siempre de excelente humor, conversaba con todas.

Era una especie de escultura del Comendador; pero no trágica, sino afable y hasta ingeniosa.

En cierta ocasión, a una princesa que le visitaba, díjole:

-Me estoy erigiendo yo mismo mi estatua, en vida.

Al iniciársele la osificación del corazón, murió; todo en él era ya rígido y estaba como petrificado, menos la boca. La estatua sonreía... sonrió hasta el último instante. No le dolía nada, es claro. ¡Cada miembro había adquirido la insensibilidad y la perdurabilidad del mármol!

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Esta enfermedad es, sin embargo, inocente si se la compara con otra que voy a describiros: los cabellos, en virtud de ciertos vicios de nutrición, de no sé qué asimilaciones espantosas, se van hinchando y encarnando, hasta que son como hebras de nervios y de carne, como apéndices tentaculares.

Vuestra cabeza se convierte entonces en una cabeza de medusa, y cada cabello, si lo cortáis, si tiráis de él siquiera, sangra y os duele horriblemente.

Los griegos, que, en suma, no fantasearon tanto como se cree, sino que hacían de sus mitos simples representaciones de seres, fuerzas y cosas existentes, a sabiendas de esta enfermedad imaginaron su Gorgona castigada por Minerva.

Las culebras que se retuercen airadas en la cabeza de Medusa, y que petrificaban de espanto al enemigo, no eran más que la exageración de un hecho.

Pero yo he sabido o he soñado de una enfermedad todavía más terrible que las descritas.

¡Imagináos un hombre a quien le duele pensar, a quien cada pensamiento, cada cerebración, le produce una tortura física!

Mis menguados conocimientos me impedirían describiros técnicamente esta enfermedad; mi patología es harto rudimentaria. Pero, en fin, suponed que hay en el cerebro de este hombre una irritabilidad extraña, y que merced a ella, cada célula sufre al «elaborar» el pensamiento. Digo «elaborar», no porque sea yo materialista precisamente, sino porque no encuentro un verbo más adecuado. El cerebro, para mí, es un instrumento de aquello misterioso y casi divino que hay en nosotros; pero aquí, en el caso que analizamos, ese instrumento adolece de una hiperestesia tal, que cada pensamiento, al producirse, «pincha» como un alfilerazo.

Si el paciente fuese un mozo de cordel, un politicastro militante o un «distinguido sportsman», claro que la enfermedad no tendría gran importancia. Habiendo para él raras ocasiones de pensar, los dolores que sufriese no valdrían la pena de tomarse en cuenta.

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Pero aquí pasa lo contrario: el hombre al cual nos referimos piensa mucho, piensa con exceso, y en virtud de esta frecuencia y de esta intensidad del pensamiento, se ha desarrollado en él la dolencia.

Así como del mucho mirar se irrita la pupila hasta hacerle insoportable la menor luz, así a este hombre del mucho pensar se le ha adolorido la sustancia gris.

Vive en un grito, en un incesante y angustioso grito...

Los médicos lo narcotizan a fin de que duerma sin cesar; pero en cuanto despierta, aunque sea por breves momentos, comienza a lamentarse.

Cada pensamiento le arranca un ¡ay!; brota cada idea «como brota la espina de la planta», según la expresión del poeta.

Antes de que la inaudita dolencia hubiese llegado al actual período agudo, nuestro hombre, nuestro mártir, deberíamos decir, experimentaba sólo, al pensar, una vaga y confusa molestia; pero en cierta ocasión bebió inmoderadamente café, y la actividad cerebral que tal bebida le produjo fue intolerable. Tuvo insomnios, y durante ellos su tormento indecible le arrancaba alaridos.

...Ahora duerme, aniquilado por los anestésicos; pero en cuanto se filtra por su cerebro un rayito de pensamiento, se escucha un gemido, un gemido lastimero que parte el alma...

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¿Existe esta enfermedad? ¿La he soñado o la he presentido?

Fuerza es responder con un ¡quién sabe!

Tomado de:
NERVO, Amado (1920): Ellos. Obras completas de Amado Nervo, vol. IX, Madrid: Biblioteca Nueva, pp. 43-50.

12 abril 2011

LA BRUJA BABA YAGA


En las las narraciones populares rusas, aparecen una serie de personajes sobrenaturales cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto del folclore eslavo. El más conocido es la bruja Baba Yaga, ambivalente ogresa del bosque que devora niños y viaja a gran velocidad montada sobre un enorme mortero.
Baba Yaga no resulta muy agraciada. Su aspecto es el de una vieja horriblemente fea, alta y delgada. El pelo gris le flota enmarañado en torno a la cabeza, su nariz es aguileña y sus dientes largos, afilados y lo suficientemente resistentes como para roer con ellos el tronco de los árboles a los cuales huyen los protagonistas de algunos relatos. Esconderse de ella resulta una empresa difícil debido al magnífico olfato del que disfruta, aunque merece la pena intentarlo, pues de caer en sus garras es probable terminar en el horno de su casa, cocinados y servidos a la mesa de la bruja.
Baba Yaga es vieja, huesuda y arrugada, con la nariz azul y los dientes de acero y posee una pierna normal y una de hueso. Estas dos piernas representan al mundo de los vivos y el mundo de los muertos en los cuales ella deambula. Baba Yaga es un ser perverso y cruel, pero no totalmente malvado; come personas, generalmente niños. Sus dientes le permiten romper huesos y desgarrar la carne con facilidad.
Aparece como un torbellino salido de lo más profundo del bosque. Precedida por chasquidos de madera seca y una ráfaga de viento tempestuoso, surge de entre los árboles subida a su mortero, impulsándose con la mano del mismo y borrando con una escoba el rastro que deja en la tierra. Puede volar por el aire también, y entonces se asemeja a una nube oscura que amenaza con ocultar la luz del día.
Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de gallina que le sirven para desplazarse por toda Rusia. La valla de su choza está adornada con cráneos, en cuyo interior coloca velas. La idea de una casa con patas de gallina podría derivar de las cabañas de ciertos pueblos que las construían sobre troncos de árboles para protegerse de los animales. Para entrar en la casa, Baba Yaga dice el conjuro "Casita Casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí". El interior de la choza siempre está llena de carne y de vino. También es resguardada por los sirvientes invisibles de Baba Yaga, los cuales aparecen como manos espectrales. Baba Yaga también tiene a su servicio a los caballeros blanco, rojo y negro, los cuales controlan el día, el atardecer y la noche.
A veces parece más pequeña por dentro de lo que debería ser según su tamaño exterior, por lo que al mirar a través de la ventana se ve a Baba Yaga constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada contra la ventana y las piernas encogidas, como si el tamaño de la casa no fuese superior al de un ataúd. En otras ocasiones la casa es mucho más grande, y se encuentra dentro de un recinto rodeado por una valla hecha de huesos, festoneada por calaveras, con una puerta enmarcada por piernas esqueléticas cuya cerradura es una boca de dientes afilados.
Según la interpretación comúnmente aceptada, la casa de Baba Yaga se encuentra justo en el límite entre el mundo de los mortales y el de los espíritus, y la bruja es nada menos que la guardiana entre los dos mundos. Por ello los cuentos siempre la sitúan en el lindero de un frondoso bosque, a la orilla del mar, en la entrada de un mundo subterráneo. En este territorio fronterizo, el poder de Baba Yaga es inmenso.
Sin embargo, por extraño que parezca, puede comportarse con bondad, dando ayuda y consejo, proporciona algún objeto mágico o las indicaciones necesarias para llegar al mundo de los espíritus si así se necesitan. Para obtener la ayuda de Baba Yaga primero hay que demostrarle que no se le teme y que se sabe negociar con ella.
En la mitología vasca hay seres llamados lamias, mujeres con patas de gallina, pata de cabra o cola de pez. Viven en cuevas y pozos y se ven peinándose con un bonito peine junto a los ríos, fuentes y entradas de grutas. Quien les concede una ofrenda durante la noche ellas le ayudan en su trabajo diario.
En 1874, Modest Musorgski compuso la suite para piano “Cuadros de una exposición”, de 15 piezas. Una de las secciones de los Cuadros es “La cabaña sobre patas de gallina” que es una cabaña con forma de reloj, donde vive la bruja Baba Yaga.


LA BRUJA BABA YAGA
ALEXANDER AFANASIEV
Vivía en otros tiempos un comerciante con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella.
Aprovechando la ocasión de que el padre tuvo que hacer un viaje, la madrastra le dijo a la muchacha:
-Ve a ver a mi hermana y pídele que te dé una aguja y un poco de hilo para que te cosas una camisa.
La hermana de la madrastra era una bruja, y como la muchacha era lista, decidió ir primero a pedir consejo a otra tía suya, hermana de su padre.
-Buenos días, tiíta.
-Muy buenos, sobrina querida. ¿A qué vienes?
-Mi madrastra me ha dicho que vaya a pedir a su hermana una aguja e hilo, para que me cosa una camisa.
-Acuérdate bien -le dijo entonces la tía- de que un álamo blanco querrá arañarte la cara: tú átale las ramas con una cinta. Las puertas de una cancela rechinarán y se cerrarán con estrépito para no dejarte pasar; tú úntale los goznes con aceite. Los perros te querrán despedazar; tírales un poco de pan. Un gato feroz estará encargado de arañarte y sacarte los ojos; dale un pedazo de jamón.
La chica se despidió, cogió un poco de pan, aceite y jamón y una cinta, se puso a andar en busca de la bruja y finalmente llegó.
Entró en la cabaña, en la cual estaba sentada la bruja Baba Yaga sobre sus piernas huesosas, ocupada en tejer.
-Buenos días, tía.
-¿A qué vienes, sobrina?
-Mi madre me ha mandado que venga a pedirte una aguja e hilo para coserme una camisa.
-Está bien. En tanto que lo busco, siéntate y ponte a tejer.
Mientras la sobrina estaba tejiendo, la bruja salió de la habitación, llamó a su criada y le dijo:
-Date prisa, calienta el baño y lava bien a mi sobrina, porque me la voy a comer.
La pobre muchacha se quedó medio muerta de miedo, y cuando la bruja se marchó, dijo a la criada:
-No quemes mucha leña, querida; mejor es que eches agua al fuego y lleves el agua al baño con un colador.
Y diciéndole esto, le regaló un pañuelo.
Baba Yaga, impaciente, se acercó a la ventana donde trabajaba la chica y le preguntó a ésta:
-¿Estás tejiendo, sobrinita?
-Sí, tiíta, estoy trabajando.
La bruja se alejó de la cabaña, y la muchacha, aprovechando aquel momento, le dio al gato un pedazo de jamón y le preguntó cómo podría escaparse de allí. El gato le dijo:
-Sobre la mesa hay una toalla y un peine: cógelos y echa a correr lo más de prisa que puedas, porque la bruja Baba Yaga correrá tras de ti para cogerte; de cuando en cuando échate al suelo y arrima a él tu oreja; cuando oigas que está ya cerca, tira al suelo la toalla, que se transformará en un río muy ancho. Si la bruja se tira al agua y lo pasa a nado, tú habrás ganado delantera. Cuando oigas en el suelo que no está lejos de ti, tira el peine, que se transformará en un espeso bosque, a través del cual la bruja no podrá pasar.
La muchacha cogió la toalla y el peine y se puso a correr. Los perros quisieron despedazarla, pero les tiró un trozo de pan; las puertas de una cancela rechinaron y se cerraron de golpe, pero la muchacha untó los goznes con aceite, y las puertas se abrieron de par en par. Más allá, un álamo blanco quiso arañarle la cara; entonces ató las ramas con una cinta y pudo pasar.
El gato se sentó al telar y quiso tejer; pero no hacía más que enredar los hilos. La bruja, acercándose a la ventana, preguntó:
-¿Estás tejiendo, sobrinita? ¿Estás tejiendo, querida?
-Sí, tía, estoy tejiendo -respondió con voz ronca el gato.
Baba Yaga entró en la cabaña, y viendo que la chica no estaba y que el gato la había engañado, se puso a pegarle, diciéndole:
-¡Ah viejo goloso! ¿Por qué has dejado escapar a mi sobrina? ¡Tu obligación era quitarle los ojos y arañarle la cara!
-Llevo mucho tiempo a tu servicio -dijo el gato- y todavía no me has dado ni siquiera un huesecito, y ella me ha dado un pedazo de jamón.
Baba Yaga se enfadó con los perros, con la cancela, con el álamo y con la criada y se puso a pegar a todos.
Los perros le dijeron:
-Te hemos servido muchos años sin que tú nos hayas dado ni siquiera una corteza dura de pan quemado, y ella nos ha regalado con pan fresco.
La cancela dijo:
-Te he servido mucho tiempo sin que a pesar de mis chirridos me hayas engrasado con sebo, y ella me ha untado los goznes con aceite.
El álamo dijo:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas regalado ni siquiera un hilo, y ella me ha engalanado con una cinta.
La criada exclamó:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas dado ni siquiera un trapo, y ella me ha regalado un pañuelo.
Baba Yaga se apresuró a sentarse en el mortero; arreándole con el mazo y barriendo con la escoba sus huellas, salió en persecución de la muchacha. Ésta arrimó su oído al suelo para escuchar y oyó acercarse a la bruja. Entonces tiró al suelo la toalla, y al instante se formó un río muy ancho.
Baba Yaga llegó a la orilla, y viendo el obstáculo que se le interponía en su camino, rechinó los dientes de rabia, volvió a su cabaña, reunió a todos sus bueyes y los llevó al río: los animales bebieron toda el agua y la bruja continuó la persecución de la muchacha.
Ésta arrimó otra vez su oído al suelo y oyó que Baba Yaga estaba ya muy cerca: tiró al suelo el peine y se transformó en un bosque espesísimo y frondoso.
La bruja se puso a roer los troncos de los árboles para abrirse paso; pero a pesar de todos sus esfuerzos no lo consiguió, y tuvo que volverse furiosa a su cabaña.
Entretanto, el comerciante volvió a casa y preguntó a su mujer.
-¿Dónde está mi hijita querida?
-Ha ido a ver a su tía -contestó la madrastra.
Al poco rato, con gran sorpresa de la madrastra, regresó la niña.
-¿Dónde has estado? -le preguntó el padre.
-¡Oh padre mío! Mi madre me ha mandado a casa de su hermana a pedirle una aguja con hilo para coserme una camisa, y resulta que la tía es la mismísima bruja Baba-Yaga, que quiso comerme.
-¿Cómo has podido escapar de ella, hijita?
Entonces la niña le contó todo lo sucedido.
Cuando el comerciante se enteró de la maldad de su mujer, la echó de su casa y se quedó con su hija.
Los dos vivieron en paz muchos años felices.